Recuérdame 15
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Paula ya tenía el bolso colgado y seguía intentando desconectar de todo lo que le martilleaba en la mente cuando oyó la voz a su espalda.

—Doctora Allende.

Se giró. El inspector Cruz estaba en la puerta.

—¿Tiene un momento?

Dudó un segundo.

—Vengo de una guardia.

—Será rápido.

—De acuerdo.

Entraron en una sala pequeña. Cruz no se sentó.

—Quiero hacerle una pregunta directa. Usted que lo trata, si Masferrer fuera un psicópata, ¿qué estaría viendo?

Paula lo miró un instante antes de responder.

—Vería a alguien muy frío. Sin culpa ni ansiedad. Los psicópatas entienden lo que han hecho y, aun así, a nivel emocional no les impacta.

—Imperturbables.

—Exacto.

—¿Y un narcisista?

—Es diferente. Tienen necesidad de control, de sentirse importantes, de no quedar por debajo de nadie. Y llevan muy mal el rechazo o notar que los cuestionan.

—¿Y en un contexto violento?

—Suele haber algo previo que los hace sentirse humillados, desplazados o heridos. Eso puede hacer que pierdan el control.

—¿Perder el control?

—Sí. El narcisista no es frío, es reactivo.

—Entonces, ¿pueden darse las dos cosas? ¿En una misma persona?

—Sí. No es lo más habitual, aunque puede pasar.

—Frío en general y capaz de descontrolarse en momentos concretos.

—Sí.

Cruz apoyó una mano en la mesa.

—Eso encaja con lo que tenemos sobre él. El día de la reconstrucción estuvo imperturbable. En cambio, la escena del crimen habla de alguien caótico, fuera de control.

—Puede parecerlo. Solo que eso no encaja con lo que yo he visto en consulta.

—¿Usted no lo ve de esa manera?

—No. No veo rasgos narcisistas. En cuanto a psicopatía, sería muy precipitado decir algo así sin terminar la evaluación.

—No lo ve.

—En principio no me lo parece.

Al decirlo, Paula notó la incomodidad de la frase.

Después de la noche anterior era demasiado fácil desconfiar de su propio criterio, así que se obligó a repasar lo que había visto en consulta, no lo que había sentido fuera de ella.

Y lo que había visto no era narcisismo ni psicopatía.

Era disociación, lagunas, trauma y una mente intentando funcionar a golpes alrededor de un vacío.

Cruz asintió.

—Ya. La diferencia es que para nosotros no es una impresión. Lo hemos visto actuar de esa forma. Y no solo nosotros.

—¿Quién más?

—Gente que lo conoce desde hace mucho tiempo. Su entorno, la gente del pueblo donde creció. La imagen que dan no es la que usted describe. Se parece más a la otra.

Cruz se apartó de la mesa.

—No son pruebas ni conclusiones cerradas, pero sí son versiones distintas de la misma persona.

Paula lo miró.

—¿Y por qué me cuenta esto?

—Porque usted es la única que puede valorar hasta qué punto eso tiene relevancia clínica... o no.

Abrió la puerta.

—Eso es todo, doctora.

Salió.

Paula se quedó sola.