Reclamo Despiadado (vows of violence 2) 24. Valentina #4
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24. Valentina #4

Yo misma se los bajo y quedan amontonados alrededor de sus tobillos, dejando su erección libre.

Siento mi propia humedad contra los muslos y le rodeo el cuello con las manos mientras él me levanta, con sus fuertes manos agarrando cada uno de mis muslos.

Mis piernas se envuelven alrededor de su cintura mientras él se desliza dentro de mí. Suelto un grito mientras él sisea entre dientes al notar lo húmeda que estoy antes de empezar a moverse lentamente en mi interior.

—Más rápido —gimo, incapaz de soportar lo bien que se siente esto. Sujetando su rostro entre mis manos, lo beso mientras empiezo a moverme contra él, deseando sentir esa deliciosa fricción.

Le sigo el ritmo en cada embestida mientras él sube una mano para apretarme el pecho, haciendo rodar mi pezón sensible entre sus dedos.

Mi cabeza cae hacia atrás contra la pared y se me escapa un gemido antes de que pueda evitarlo.

El sonido parece espolear a Cillian porque embiste con más rudeza, chocando sus caderas contra las mías.

Su respiración sale a sacudidas mientras ajusta su agarre en mis caderas y penetra más profundamente.

Sus labios chocan contra los míos para devorar mi gemido mientras el clímax me sacude, mis paredes se contraen y lo aprietan mientras él se corre dentro de mí.

Cillian continúa embistiendo, con movimientos salvajes y desenfrenados mientras ambos bajamos de nuestra nube.

Sus caderas finalmente aminoran la marcha antes de hundir la cara en el hueco de mi cuello, con la respiración entrecortada.

Le aparto el pelo de la frente sudorosa y le beso la coronilla.

—¿A la cama? —comento, con las piernas temblándome.

—A la cama —asiente él.

Acabamos enredados en la oscuridad, con mi cabeza sobre su pecho y sus dedos trazando patrones ociosos en mi hombro.

Los latidos de su corazón son constantes bajo mi mejilla.

La ciudad zumba afuera.

Estoy medio dormida y, por primera vez en meses, siento un calorcito que me recorre entera.

—Estaba pensando —digo adormilada.

Un brazo grande me recorre el mío. —Mmm. Eso es peligroso.

Le pellizco el costado. Ni se inmuta, lo cual es molesto. —Estaba pensando que deberíamos ir a algún sitio. Antes de que nazca el bebé. Solo los dos, fuera de la ciudad, a algún lugar que no sea... —gesticulo vagamente al concepto general de nuestra vida—. Esto.

Cillian deja de acariciarme el brazo y yo frunzo el ceño, empujando mi brazo hacia él en una demanda silenciosa de que continúe. Él se ríe pero reanuda el movimiento. —¿Como una luna de miel de embarazo?

Levanto la cabeza y lo miro, arrugando la nariz. —No vuelvas a decir esa palabra jamás.

—¿Por qué? Así es como se llama.

—Bueno, es una palabra estúpida y no la toleraré. —Vuelvo a bajar la cabeza—. Creo que nos vendría bien. Salir. Lejos de Connor y Leo y de la investigación y de todo eso. A algún sitio donde podamos simplemente... —Hago una pausa, buscando la palabra adecuada—. Relajarnos.

Cillian se queda callado un momento, con sus dedos moviéndose todavía benditamente sobre mi piel. —¿A dónde querrías ir? ¿A París? ¿A Roma?

—Uf, no. He estado allí demasiadas veces. —Arrugo la nariz.

El pecho de Cillian retumba con diversión. —Vale, nada de grandes ciudades. ¿Qué tal ir de acampada? Podemos ir al oeste.

¿Quién se cree que soy? —¿Yo? ¿A la intemperie? —Estoy horrorizada—. Cillian, para mí un hotel Marriott ya es ir a la intemperie. ¿De verdad crees que podría soportar dormir en una tienda de campaña y mear y cagar en un agujero en el suelo?

Mi marido resopla. —Estaríamos en un campamento...

—Dios mío —gimo—. ¿Tendría que usar un baño comunitario?

Esta vez Cillian suelta una carcajada. —Ahí está esa princesa Santoro que conozco y amo —se burla, y mi corazón da un salto cuando dice y amo. Nunca me cansaré de oírlo—. Bien. Nada de acampadas. Ni París, ni Roma. ¿A dónde quieres ir?

Me lo pienso, con la mano sobre su vientre desnudo, recorriendo sus abdominales y sonriendo ligeramente al notar cómo contiene el aliento. Alguien tiene algo de sensibilidad por ahí. —A algún lugar tranquilo y hermoso. —Hago una pausa—. A algún lugar donde nadie nos conozca.

—Así que nada de vacaciones en casa.

—Definitivamente no.

Me besa la coronilla. —Vale. Hagámoslo. Hablaré con Connor para asegurarme de que no hay nada urgente. Nos iremos a algún sitio una semana, solo nosotros.

Una calidez me inunda y pongo la mano sobre la curva de mi vientre.

Juraría que he podido sentir al bebé moverse. La mano de Cillian encuentra la mía allí, en la oscuridad, sin que ninguno de los dos diga nada al respecto.

Hemos sobrevivido.

A las mentiras, a la distancia y al intento cuidadosamente diseñado de separarnos.

Hemos salido al otro lado maltrechos y paranoicos, pero más unidos que nunca, lo cual no es el resultado que buscaba quienquiera que contratara a «Claire Murphy». Siento una malsana satisfacción por ello.

Siguen ahí fuera. Algunas noches es en lo único en lo que puedo pensar.

Pero los latidos de Cillian son constantes bajo mi mejilla, su mano está caliente sobre la mía y vamos a tener un bebé. Eso tendrá que ser suficiente.

Es suficiente.