Reclamo Despiadado (vows of violence 2) 13. Valentina #2
58%

13. Valentina #2

Claire no se pone roja del todo, pero sus mejillas están ciertamente más coloradas. Sus manos se aprietan alrededor de la taza. —Es más complicado que eso —insiste.

—Seguro que sí —digo, no exactamente con maldad, pero desde luego con juicio.

—Finn merece conocer a su padre —dice ella, y ahora hay un ligero deje de dureza bajo su voz cuidadosa, la primera grieta en su compostura—. Sea lo que sea lo de Cillian... sea cual sea su trabajo, eso no cambia el hecho de que Finn tiene derecho a estar en su vida.

—Sin duda —digo con suavidad—. Estoy totalmente de acuerdo.

Le sonrío y ella me mira con incredulidad, claramente incapaz de seguir hacia dónde va esto. Pobre criatura. En nuestro mundo se la comerían viva.

Me miro los dedos con estudiada indiferencia antes de volver a mirar a Claire con una expresión de leve y genuina curiosidad, como si se me acabara de ocurrir algo.

—¿Puedo preguntarte algo más?

—Claro —dice Claire con cautela, mirándome como si fuera una bomba a punto de estallar.

—¿Has pensado qué pasa si la prueba de paternidad sale positiva?

Quiero decir, habrá una prueba de paternidad, supongo, ¿verdad?

—Más vale que haya una maldita prueba de paternidad.

Si Cillian se cree a esta mujer sin obtener pruebas, me voy a divorciar de él y alegaré estupidez como motivo de divorcio.

—Esa... esa es la cuestión —dice ella lentamente, insegura de mi proceso mental—. Que Finn pueda conocer a su padre. Que Cillian pueda formar parte de su vida.

—Ya, ya —asiento despacio—. ¿Pero te has parado a pensarlo desde un punto de vista legal? Porque si Finn es realmente hijo de Cillian —me inspecciono las uñas—, ¿qué le impide a Cillian solicitar la custodia compartida o total?

De repente, la habitación se queda en absoluto silencio. Claire me mira horrorizada. —Él nunca haría eso —susurra.

—¿No? —pregunto con amabilidad, inclinándome hacia delante y disfrutando del juego que me traigo entre manos—. Y, sin embargo, aquí estamos.

Abre la boca y vuelve a cerrarla.

—Has venido a Nueva York para presentarle un niño a un hombre al que no has visto en nueve años —continúo, manteniendo un tono de voz ligero, conversacional, como si estuviéramos discutiendo algo ligeramente interesante en una cena—.

Un hombre cuyo apellido, como tú misma has reconocido, sabes cuánto pesa.

La familia Brennan tiene una serie de...

llamémoslas relaciones... con ciertos jueces del tribunal de familia de esta ciudad.

—Le dedico una sonrisa radiante—. Realmente no haría falta mucho para que un caso de custodia acabara frente a uno de esos jueces en particular.

En ese escenario, he de ser sincera contigo, creo que el resultado iría en una dirección muy específica.

El rostro de Claire se ha quedado blanco, lo cual es bastante impresionante, ya que nunca he visto a nadie palidecer tan rápido. Las manos le tiemblan al dejar la taza. —Cillian no haría eso —insiste, pero se nota un temblor en su voz—. Él no es... —Se interrumpe, con el pecho agitado.

—¿No es qué? —pregunto.

Ella sacude la cabeza con los ojos brillantes por las lágrimas.

—Y esa es la versión sencilla de los hechos —continúo, todavía perfectamente amable—.

Si las cosas se complicaran de verdad...

si alguien le pusiera las cosas muy difíciles a la familia Brennan, por ejemplo...

bueno. —Me encojo de hombros—. Hay muchas formas de lidiar con los problemas. Ya me entiendes.

Claire se ha puesto del mismo color que la pared que tiene detrás.

—Cillian nunca haría daño a Finn —dice con firmeza. No tengo corazón para decirle que no es por Finn por quien debe preocuparse—. Él jamás...

—Seguro que tienes razón —digo con calidez—. Solo creo que merece la pena comprender todo el panorama de la situación en la que te has metido. Eso es todo. —Cojo mi taza y tomo un sorbo—. Eres una mujer inteligente. Deberías tener la imagen completa.

Me mira con horror e incredulidad. Me encojo de hombros otra vez, disfrutando. Es tan ingenua que casi resulta doloroso verla.

Ha rastreado a un hombre relacionado con el crimen organizado, ha traído a su hijo a su casa sin avisar y pensaba que lo peor que podía pasar era una conversación incómoda.

De verdad creía que el amor por un hijo era armadura suficiente contra el tipo de mundo en el que se ha adentrado. Pensaba que, porque recuerda a un hombre en un pub de Belfast que era divertido, atento y sabía escuchar, la decencia se mantendría en todos los frentes.

Ja. No sabe qué tipo de familia es esta. No sabe qué tipo de mundo es este.

Debería haberlo sabido antes de llamar a mi puerta.

—¿Más té? —le pregunto con alegría.

Claire niega con la cabeza rápidamente, mordiéndose el labio. Sus ojos se dirigen a su hijo, como asegurándose de que sigue allí, antes de mirar de reojo hacia la puerta.

El color aún no ha vuelto del todo a su rostro. La he dejado acojonada. Me pregunto qué estaría pensando cuando decidió venir aquí. ¿De verdad creía que la esposa de Cillian Brennan no sería una víbora ella también?

Dejo que el silencio se prolongue un momento y tomo un sorbo de té. Miro por la ventana el perfil de los edificios de Nueva York.

Nunca dejará de parecerme hermoso. Le concedo unos segundos más para que procese lo que sea que esté procesando.

Luego vuelvo a mirarla y sonrío.

—Lo siento —digo con afecto—. No pretendo abrumarte. Ha sido mucha información de golpe y estoy segura de que tienes mucho en lo que pensar. —Finjo elegir mis palabras—. Cillian puede ser muy...; inspira sentimientos fuertes, ¿verdad? Es fácil asumir lo mejor cuando se trata de él.

Claire parpadea. Intenta recuperar el equilibrio. —Yo... esto, sí, él... parecía una buena persona. Cuando lo conocí.

—Lo es, de verdad —asiento, con inmensa cordialidad—. Lo es totalmente. Estoy segura de que todo saldrá de maravilla. —Me inclino hacia delante en la silla—. ¿Me puedes decir cuándo contactaste con él por primera vez?

Claire parece desconcertada. —¿Él... no te lo ha dicho? —Me estudia por un momento—. Hace un mes, más o menos.

No me muevo ni cambio de expresión.

Hace un mes es exactamente cuando Cillian empezó a salir al balcón para hacer llamadas con la puerta cerrada.

Hace un mes es cuando sentí por primera vez punzadas de que algo iba mal.

Un mes inventando historias, a cada cual peor que la anterior; un mes viendo cómo mi matrimonio parecía estar hecho de papel.

Me ha mentido durante un mes.

La palabra para definir lo que siento ahora mismo no es una que vaya a usar delante de visitas.

—Hace un mes —repito, tan agradable como siempre—. Y os habéis visto unas cuantas veces desde entonces.

—Sí —dice ella, sin parecer en absoluto arrepentida por haberse visto con el marido de otra mujer—. Cillian quería verificarlo todo antes de decirte nada. No quería preocuparte mientras estás... —Sus ojos bajan brevemente hacia mi vientre—. Mientras estás esperando. Intentaba protegerte.

Lo dice como si fuera razonable.

Como si que mi marido le ocultara durante un mes un secreto a su mujer embarazada sobre una mujer de su pasado y su hijo fuera una decisión amorosa y considerada que tiene todo el sentido del mundo.

Lo dice con demasiada fluidez, demasiado preparada, y no me gusta. Algo tras su voz me pone la piel de gallina.

—Qué considerado por su parte —digo, tan agradable como siempre.

Claire asiente, sin captar en absoluto el tono. O eligiendo no captarlo.

—¿Y cuándo exactamente —digo, con voz muy suave—, tenías planeado contármelo tú?

¿Algo de todo esto? ¿Había algún punto en tu plan en el que la esposa de Cillian fuera a enterarse de que su marido se había estado viendo contigo durante un mes?

—Entorno los ojos—. ¿O ibas simplemente a presentarte en mi puerta con tu hijo y dejar que ese fuera el anuncio?

Claire se pone roja como un tomate, avergonzada.

Bien. —Lo siento —dice, y se la ve incómoda, lo cual me llena de alegría—.

Pensaba que Cillian ya te lo habría dicho.

Supuse... cuando dejó de devolverme las llamadas, no sabía qué estaba pasando.

Me preocupé. —Se pasa una mano por el pelo, haciendo que se le ericen más mechones.

Dios, necesita un buen acondicionador—. Pensé que quizá había pasado algo, o que se estaba arrepintiendo de reconocer a Finn.

—Hace una pausa, removiéndose en el sofá—.

Solo quería asegurarme de que estuviera bien.

Esa es la única razón por la que he venido.

Lo dice con tal sinceridad... es la viva imagen de una mujer que quiere ser honesta sobre sus preocupaciones humanas y completamente razonables.

Es, como ya he dicho, muy buena.

Crecí rodeada de mentirosos.

Me sentaba junto a mi madre en los eventos y la veía manejarse por las salas con una calidez tan absoluta y aparentemente genuina que nadie veía jamás la manipulación que bullía debajo.