Reclamada por los Reyes de Sangre Capítulo 30 La sombra se alarga
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Capítulo 30 La sombra se alarga

El silencio en la mansión Rossetti no es nunca una ausencia de sonido; es una nota sostenida que vibra en los cristales, un recordatorio de que aquí nadie descansa.

Estoy en el despacho, examinando una serie de archivos digitales que deberían estar encriptados, cuando el frío habitual se siente más punzante de lo normal.

—Han vuelto a moverse —dice Matteo desde la penumbra. Se ajusta las gafas con el dedo corazón, un gesto mecánico que hace tres veces seguidas—. Los activos residuales de los Vitti no están desapareciendo, se están redistribuyendo. Es un patrón de reorganización.

—¿Reorganización para qué? ¿Para rendirse? —pregunto, cerrando el portátil. La ironía se me atasca en la garganta. ¿Por qué insisto en hacerme ilusiones? La mafia no se jubila, solo cambia de estrategia.

¿Por qué narices sigo preguntando? Camila, eres una genio financiera, pero una ingenua de manual.

Luca entra en la habitación como si la puerta fuera un obstáculo personal. Su mandíbula está tan tensa que parece que los huesos van a estallar. Sus puños están cerrados, apoyados contra los costados, y sus nudillos blancos son la única iluminación que necesito para saber que algo ha cambiado.

—Han dejado algo en la puerta principal —dice Luca. Su voz suena como grava arrastrada.

Dante aparece detrás de él. No necesita hablar para que el aire se vuelva irrespirable. Se planta en el centro del despacho, ignorando mi presencia momentánea para dirigirse a sus hermanos con esa autoridad que me irrita tanto como me fascina.

—Nico, comprueba el perímetro. Matteo, aísla los nodos de red de la mansión. Luca, acompáñame.

—Yo voy contigo —digo, poniéndome en pie.

Dante se gira. Sus ojos, afilados como cuchillas, se fijan en los míos. No parpadea. Toma la decisión por mí antes de que yo pueda terminar la frase.

—Te quedas aquí. Matteo, asegúrate de que no salga de esta habitación.

Me quedo helada, mirando cómo se marchan. ¿Acaso creen que el peligro se detiene ante el umbral de un despacho? Me giro hacia Matteo, pero él ya está inmerso en su auditoría, tecleando a una velocidad vertiginosa.

—¿Qué han dejado en la puerta, Matteo? —pregunto, controlando el temblor de mis manos.

Él no aparta la vista de las cifras. —Un mensaje. Nada físico. Solo una señal de que conocen los puntos ciegos de nuestra vigilancia.

Me acerco a la ventana. Afuera, la nieve cae cubriendo las huellas que los hermanos dejaron al salir. El invierno no perdona, y parece que los Vitti tampoco.

***

Nico me encuentra diez minutos después. Su expresión es distinta a la de sus hermanos; él no oculta la alarma, la lleva grabada en la piel. Me toma de los codos y me aparta de la ventana.

—Están jugando con nosotros, Camila —dice, bajando la voz—. Saben que Dante se está desmoronando por dentro. Su obsesión contigo es el agujero en su armadura.

—¿Y tú? —le pregunto, sintiendo el calor de sus manos a través de la blusa—. ¿Tú estás a salvo o solo eres otra pieza que ellos sacrifican?

Nico suelta una carcajada amarga. —Soy el hermano menor. Nadie mira lo que hace el pequeño hasta que es demasiado tarde. Pero sé dónde están. He rastreado la señal del "mensaje" que dejaron. Están a menos de cinco kilómetros, en el sector industrial abandonado.

Su confesión golpea mis pulmones. ¿Cinco kilómetros? ¿Y Dante nos mantiene encerrados aquí como si estuviéramos a mil leguas de cualquier amenaza?

—Nico, si sabes dónde están, tenemos que avisar a los demás.

—Dante no me escuchará. Cree que mis métodos de vigilancia son un juego de niños. —Aprieta los labios, una sombra de duda cruzando sus rasgos—. Pero si tú se lo dices... él te escuchará a ti. Aunque odie admitirlo, eres la única a la que presta atención real.

Es una trampa. Una trampa emocional, táctica y probablemente suicida. Pero si espero aquí a que el "mensaje" de la puerta se convierta en una realidad, seré la primera en caer.

Camila, deja de pensar y empieza a moverte.

Nico me sujeta la mano un instante, el roce de sus dedos contra mi palma es seco, una descarga de electricidad que no debería sentir en medio de una crisis.

—Dante tiene un tic: cuando se siente acorralado, se vuelve más territorial. Si le presentas esto como una oportunidad para reclamar el territorio, no podrá negarse a atacar. No lo hagas por seguridad, hazlo por poder. Es el único lenguaje que entiende.

Me alejo de él, sintiendo el peso de su mirada en mi espalda.

Miro hacia el pasillo, por donde Dante y Luca han desaparecido.

El "te tenemos" que seguramente aguarda en la puerta no es solo un mensaje para ellos.

Es una invitación a un juego que yo, por primera vez, estoy decidida a ganar bajo mis propios términos.

La sombra se alarga, envolviendo cada rincón de la mansión. Pronto comprendería que la guerra no se ganaba en el despacho, sino en el abismo donde los cuatro reyes se sentían más cómodos: el caos.