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"—Luciano Alvear —respondió—. Alfa del Pack del Lago Esmeralda."
Incluso en mi estado febril, el nombre resonó en algún lugar de mi memoria. El Pack del Lago Esmeralda era uno de los más antiguos, uno de los más respetados. Sus tierras limitaban con las del Pack Luna de Plata, pero siempre había habido una tensión entre ellos.
"—¿Un Alfa ayudando a una omega desterrada? —pregunté, mi voz teñida de incredulidad—. ¿Por qué?"
Me miró largamente, sus ojos plateados escudriñando los míos como si pudiera ver a través de ellos, hasta el fondo de mi alma.
"—Porque hay algo en ti, princesa Lycan —dijo, y su voz era seria, sin rastro de burla—. Algo que los ancianos del Pack Luna de Plata han estado ocultando durante dieciocho años."
Mis ojos se abrieron de par en par. Él lo sabía. Él sabía algo.
"—¿Qué... qué quieres decir?"
"—Eso lo descubriremos juntos. Pero primero, tenemos que mantenerte viva."
Me cargó en sus brazos, ajustando mi peso contra su pecho. El ritmo de su corazón era constante, tranquilizador, y sentí cómo mi propio corazón comenzaba a sincronizarse con el suyo.
Antes de perder el conocimiento por completo, escuché su voz, suave pero firme:
"—Has estado dormida demasiado tiempo. Es hora de despertar."
En mi interior, sentí cómo otro eslabón de las cadenas se rompía.