Capítulo treinta y tres. Penna #2
—Nunca fue mi intención hacerte daño, Penna. Pero necesitabas parar. Todos ustedes tienen que madurar y parar.
Di un paso al frente, pero dejé los dedos en el pomo de la puerta.
—¿Sabías que logré hacer el primer doble backflip del mundo hecho por una mujer?
Abrió los ojos de par en par.
—No.
—¿O que me enamoré de un hombre increíble que entregó la vida por mí, por su hermana, y que es altamente probable que no vuelva a verlo nunca más?
—No. —Dejó caer los hombros.
—Ya sé que estás herida. Pero tu dolor no supera el mío.
En algún momento, dejaste de escribir tu propia historia.
Esta es la mía y no tienes derecho a decidir nada de lo que pasa en ella.
Voy a decidir cuál es mi historia. Ya estoy harta de sentirme culpable por ti.
Cuando estés preparada, ven a buscarme. Hasta entonces, concéntrate en lo que te hace feliz.
Eso es algo que siempre te voy a desear, más allá de lo que me hayas hecho.
Me di la vuelta, le di un beso en la mejilla a mi padre y salí de la habitación, concentrándome en dar un paso tras otro mientras cruzaba el pasillo.
La recepcionista me dijo algo, pero sonaba lejano y fácil de pasar por alto.
Salí por la puerta, levanté el rostro hacia el sol y sentí cómo Brooke me rompía el corazón una vez más.
Después bajé las escaleras y sentí que, por mucho que me doliera en ese momento, con el tiempo me recuperaría. El dolor se terminaría.
—¡Penna! —me llamó mi madre y me di la vuelta justo antes de llegar al coche.
—Vuelve adentro, mamá. Seguro que te necesita Brooke.
Se arregló la melena rubia detrás de las orejas y se aclaró la garganta.
—Sabes que te quiero mucho, ¿no? ¿Tanto como a tu hermana?
—Sí...
—De verdad. Pero tú... eres una fuerza de la naturaleza, Penna.
No me necesitas desde los tres años, desde que descubriste cómo ponerte los apósitos adhesivos sola.
Siempre evadiste los bailes y todos los eventos de la alta sociedad, y las pocas veces que viniste fue con Paxton Wilder o con Landon Rhodes.
Para ti, no existía nada más allá de tu tropa de Niños Perdidos.
Siempre te he querido mucho, pero Brooke siempre necesitó una protección que tú nunca vas a necesitar.
—Tal vez necesitaba que te pusieras de mi lado. Casi me mata, mamá. Y tú te quedas a su lado como si yo fuera a hacerle daño a ella. Como si yo fuera la peligrosa en esta situación.
Me puso la mano en la cara y se le borró esa sonrisa perfecta durante una fracción de segundo.
—Sabía que ibas a estar bien, a ti te quieren mucho esos chicos. Pero, si me ponía de tu lado, había muchas posibilidades de que perdiera a Brooke si le ganaban sus fantasmas, y no podría vivir conmigo misma si perdiera a ninguna de las dos.
—Bueno, la buena noticia es que estamos vivas las dos. La mala noticia es que me perdiste igual.
Mamá se enderezó y bajó la mano.
—Bueno, mi conciencia puede vivir con eso.
—Me alegro. Por favor, dile a papá que el jueves lo veo para almorzar, como siempre. Adiós, mamá.
Me subí a mi Range Rover y cerré la puerta. Llegué a casa de Grandma antes de romper a llorar en el hombro de una mujer que se había convertido en alguien más importante para mí que mi propia madre en esos últimos meses.
***
La música salía a todo volumen de mis altavoces mientras atacaba mi apartamento con productos de limpieza. Sí, tenía una persona que limpiaba por mí, pero, después de la pelea del día anterior con mi madre y Brooke, quería limpiar toda la suciedad de mi vida.
Abrí de par en par la puerta de mi vestidor y empecé por la montaña de basura que se había ido acumulando en la esquina. Empecé a separar la ropa sucia, los bolsos y los complementos en distintas pilas, hasta que apareció la mochila de Cruz.
La levanté y la apreté contra mi pecho como si fuera él en persona. Por Dios, hasta olía a él, o al menos eso me pareció. En cualquier caso, durante un momento, lo sentí como si fuera una persona real y no ese hombre casi perfecto que yo me había inventado.
Me senté en el suelo, entre las distintas pilas, y extraje la carpeta acordeón. Estaba todo exactamente donde lo había dejado la última vez que lo había mirado, en Miami. Pasé los dedos por sus archivos del ejército y tomé el montón sujeto con un clip.
Nada de lo que veía tenía más sentido que la primera vez que lo había visto. Vi los papeles de su licenciamiento y leí los detalles de su servicio. Puede que estuviera violando su privacidad, pero en ese momento habría hecho cualquier cosa con tal de sentirme más cerca de él.
Fruncí el ceño cuando encontré la hoja siguiente y me empezaron a temblar las manos. ¿Esto podría ser...?
Con miedo a ilusionarme demasiado, lo leí con mucho cuidado. Cruz se había ido del ejército, pero ¿existía la posibilidad de que esto fuera lo que necesitaba?
Sin dudarlo, tomé el celular y llamé a la única persona que se me ocurrió: Brandon.
—¿Qué pasa, Penna?
—Creo que sé cómo traer de vuelta a Cruz, pero voy a necesitar ayuda.
—¿Qué necesitas? Sabes que te voy a ayudar —dijo después de un breve silencio.
—Creo que necesito hablar con el presidente.
—Y, claro. No esperaba otra cosa de ti.