Rebel (Renegados 3) Capítulo veintinueve. Penna
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Capítulo veintinueve. Penna

CAPÍTULO VEINTINUEVE PENNA

VENEZUELA

Iba a salvar a Cruz. Tenía que hacerlo. Fui yo quien lo buscó en el bar, en el ascensor, en el barco, en todas partes. Yo era la instigadora. La culpa era mía.

Yo. Yo. Yo.

Conteniendo el pánico que amenazaba con borrar toda lógica de mi cuerpo, abrí la puerta de la suite de Wilder con mi tarjeta y me encontré al equipo de producción reunido alrededor de la mesa del comedor.

Cruz entró después de mí con la mochila que se había negado a dejar atrás, colgada de un hombro.

—Afuera —dije con voz calmada, pero letal.

Bobby me miró con el ceño fruncido.

—¿Cómo dices?

—Necesito hablar con mis hermanos. Afuera. Ya.

Pax me miró durante un segundo, después miró a Cruz, que estaba detrás de mí, y se levantó de la mesa.

—Ya la han escuchado.

—Tenemos permiso para estar aquí por contrato —empezó Bobby.

—Si usas la palabra «contrato» una vez más, te lo voy a meter en el culo —dijo Landon, levantándose junto a Pax.

—Váyanse o quédense. No me importa —le dijo Pax a Bobby—. Nos vamos a la suite de ella y listo, allí no tienen permitido estar.

—Mierda —masculló Bobby—. ¡Nos vamos!

—Y ustedes también —les dije a los demás Renegades que estaban en la sala de estar.

Leah bajó las escaleras desde la habitación de Pax, seguida de Rachel.

—¿Todo bien?

—Ellas se pueden quedar —le dije a Pax.

El lugar se vació y, en cuestión de segundos, solo quedamos Pax, Landon, Rachel, Leah, Nick, Cruz y yo alrededor de la mesa, esperando la confesión que no sabían que se avecinaba.

—Tal vez es mejor que nos sentemos —propuso Pax.

—No, yo necesito estar de pie, pero a ustedes tal vez les convenga sentarse.

—Dios, ¿siempre es así? Tendría que haber venido antes al barco —dijo Nick.

Lo fulminé con la mirada.

—Estoy metida en un lío —dije, y el ambiente de la habitación cambió en el acto.

—Está bien. ¿Qué necesitas? —preguntó Pax. Sin preguntas ni acusaciones. No sabía si había hecho trampas en un examen o si había matado a alguien y necesitaba ayuda para deshacerme del cuerpo. Él me apoyaba antes incluso de que le contara lo que había hecho, y por eso lo quería.

— Yo estoy metido en un lío —me corrigió Cruz, poniéndose a mi lado.

—Bueno, sí, los dos estamos metidos en un lío.

—Un lío. Ya entiendo —dijo Pax acercándose.

—¿Los dos? —Landon entornó los ojos.

—Uf, se viene... —murmuró Rachel.

—¿Se acuerdan de cuando me arrestaron en Las Vegas por saltar de la High Roller? —Me aferré al respaldo de la silla.

—Sí, y todos los abogados que nos representan también —dijo Pax, arrastrando las palabras.

—Claro. ¿Brandon te ha enseñado la documentación? ¿Te ha dicho con quién estaba?

Pax frunció el ceño y negó con la cabeza.

—No. Estábamos ocupados y confié en que él se había encargado del asunto.

—Era yo —dijo Cruz.

Todas las cabezas se giraron hacia él.

—¿Qué? —escupió Landon.

—Yo soy el tipo del bar de Las Vegas. Fui yo quien saltó desde la rueda de la fortuna con ella.

—¿Eres el tipo que encontraron en la cama con ella? —preguntó Pax, con una calma peligrosa en la voz.

—Pax... —le advertí.

—Ah, sí, eso me lo contó Brandon, pero me pareció que yo no era quien para juzgar a quién eliges para... —Negó con la cabeza—. ¿Y desde que subieron al barco?

—Estamos juntos —dijo Cruz.

—Díganme que están bromeando —bufó Landon.

—¿Es en serio, Landon? Tú eres la peor persona para dar lecciones de moral sobre enamorarse de la persona equivocada. Y Leah también era una persona prohibida para Pax. Yo solo estoy siguiendo su ejemplo.

—Leah era mi tutora . No, mi profesora —me corrigió Pax.

—Déjenla tranquila. Me hago totalmente responsable de nuestros actos. —Cruz se puso sutilmente delante de mí.

Solté una risa escéptica y me aparté.

—No. Soy una persona adulta. Quise estar con él, lo busqué, lo convencí y me enamoré de él. ¿Queda claro? ¿Alguien más necesita algún otro detalle o quiere darme un sermón por mis decisiones? Porque he tenido muchísimo menos sexo que cualquiera de ustedes tres. Perdón, chicas.

—No me ofendo —dijo Leah, reclinándose en el asiento.

—Dios mío, esto explica tantas cosas —dijo Pax, pasándose las manos por la cara—. Por eso sabías cosas sobre él, estaban tan cómodos juntos y siempre te escapabas en las escalas...

—Sí. Culpable de todo. ¿Algo más?

Paxton nos miró a Cruz y a mí un par de veces, hasta que por fin suspiró.

—¿Qué necesitan? ¿Qué ha pasado, además de... lo obvio?

—La doctora Gibson me encontró saliendo de la ducha de Cruz con una toalla y nada más.

—Uf, qué imagen que me va a costar borrar de la mente —acotó Nick.

—Mierda —bufó Paxton.

—¿Han admitido algo? —preguntó Landon.

—Me vio prácticamente desnuda —repliqué.

—No importa. ¿Admitieron algo?

Cruz y yo nos miramos, mantuvimos una conversación sin palabras. ¿Habíamos admitido algo? Ella había insinuado que nos acostábamos juntos, pero él nunca le había dado la razón.

—No. Dije que no era mi alumna cuando nos conocimos, pero nada más.

—Bueno, entonces la única prueba que tiene es que había una alumna en tu habitación, lo cual es bastante condenatorio, pero es tu palabra contra la suya.

—No voy a decir que ella miente solo para salvarme —espetó Cruz.

—¿Ni siquiera para salvar la reputación de Penna? Porque ella está haciendo justo ahora este puto documental y está a punto de salir a la luz la gran cagada que hicieron.

—Yo nunca le pediría que mintiera por mí —dije—. No sería la persona que amo si hiciera eso. Puedo lidiar con lo que sea que pase ahora.

—¡Pero no deberías! —gritó Pax—. Él tendría que haberte protegido. ¡No debería haberte tocado ni un pelo hasta que se bajaran del barco! —Miró a Cruz—. ¿Eso es lo que opinas de ella? ¿Alguien con quien divertirte un poco mientras estás aquí? ¿Una aventura con una alumna para pasar el rato?

—Pax —le advertí.

—¡Se acabó! —Cruz golpeó la mesa del comedor con las manos—. La quieres mucho y, por eso, voy a dejar pasar ese comentario de mierda. Pero ni se te ocurra insinuar que ella significa menos para mí que Leah para ti. Vas a terminar mal.

—Por eso no les conté nada en un principio —les dije a los chicos—.

No tienen problema en que les guarde los secretos y les solucione los líos que arman, pero en cuanto estoy metida en uno, se convierten en dos monjas moralistas.

Yo no vine a expiar culpas. No necesito su perdón, porque no tengo nada por lo que disculparme, y Cruz tampoco.

Paxton se recostó en el asiento y Leah le dio la mano.

—¿En serio saltaste desde la High Roller con ella? ¿Y la habías conocido hacía...? ¿Cuánto? ¿Veinte minutos? —preguntó Nick.

—Sí —respondió Cruz.

—¿Por qué harías una cosa así?

—Porque ella necesitaba que lo hiciera. Y esa es la respuesta a cualquier pregunta que se les ocurra hacerme en este momento.

—Me conquistaste a las pocas semanas —le dijo Leah a Pax en tono suave—. Los dos sabíamos que estaba mal, que podía poner en peligro todo su documental, pero no por eso paramos.

—Digamos la verdad: tú me sedujiste cuando estaba saliendo con tu mejor amigo —le recordó Rachel a Landon—. No sé si deberíamos ponernos a tirar piedras, con la cantidad de pecados que hay.

—Se suponía que tú eras la sensata del grupo, Penna —dijo Pax, dejando caer los hombros—. Siempre fuiste la que tomaba las decisiones más racionales.

—Bueno, pero el amor te lleva a hacer locuras.

—Está bien. Bueno, no podemos hacer nada hasta que sepamos qué va a hacer la profesora Gibson. Yo seré dueño del barco, pero no de la UCLA, así que no nos queda más remedio que esperar. Landon tiene razón. No tiene ninguna prueba más que lo que vio.

Se abrió la puerta y todos nos dimos la vuelta para ver entrar a Bobby, con la cara roja y jadeando, seguido de cerca por Víctor.

—Esos hijos de puta —maldijo.

—¿Qué pasó? —preguntó Pax, levantándose.

—El decano acaba de confiscar toda mi sala de edición y todas nuestras grabaciones.

—No pueden... —empezó Landon.

—Sí pueden —lo contradijo Nick—. Ustedes firmaron un acuerdo que dice que la universidad puede revisar todo el material para asegurarse de que no estuvieran grabando Girls Gone Wild: edición Estudios en el Mar .

—Bueno, está bien, pero ustedes tuvieron cuidado cuando estaban cerca de las cámaras, ¿no? —preguntó Pax.

—Sí. Nunca estuvimos juntos durante el rodaje, o si no, siempre nos escondíamos —le dije.

—Eso no es del todo cierto... —dijo Víctor despacio.

—¿Qué? —saltó Bobby.

—¿Cómo? —Cruz dio un paso adelante y Víctor retrocedió.

—Algunos de nosotros sabíamos que se estaba escabullendo y queríamos asegurarnos de tener todo el material que pudiéramos necesitar, aunque no para usarlo, por supuesto. Pero...

—¿Pero qué? —ladré.

—Te seguimos. En todas las escalas. Chile, Buenos Aires... Todo. Cuando supimos en qué andaban... Bueno, digamos que hay pruebas bastante incriminatorias.

El puño de Cruz salió disparado e impactó contra la cara de Víctor con un crujido que no presagiaba nada bueno.

—¡No todo en su vida está abierto al público, hijo de puta! No tenías ningún derecho. De hecho, ¡violaste muchísimos de sus derechos!

—¡Nos dijo que consiguiéramos el mejor material posible! —gritó Víctor, señalando a Bobby con una mano y apretándose la nariz con la otra.

—¡De los retos! ¡Del bar! ¡Del barco! —le respondió Bobby, también gritando.

—Mejor vete, Víctor —murmuró Pax, y este echó a correr.

—Es cuestión de tiempo para que se enteren —me dijo Cruz, con el semblante y la postura firmes, pero resignados.

—¿Qué hacemos?

Cruz se levantó, se colgó la mochila del hombro y dijo:

—Ven conmigo. Tenemos que hablar.

—Gracias, chicos. Creo que no hay nada más que puedan hacer —les dije a mis amigos. En medio de sus protestas, tomé de la mano a Cruz. Me llevó por la puerta corrediza de cristal, cruzamos el balcón que conectaba el fondo de nuestras habitaciones y entramos en la mía.

Estaba separada de mi propio cuerpo cuando nos sentamos en el sofá del salón, con mi mano sobre la suya. ¿Qué iba a pasar? ¿Qué había hecho?

—Van a venir a buscarme en cuanto encuentren la prueba.

—Ya lo sé. Perdóname, Cruz. Tendría que haber mantenido la distancia.