Capítulo veintisiete. Penna
CAPÍTULO VEINTISIETE PENNA
VENEZUELA
—¿Estás segura? —preguntó Nick mientras cruzábamos el asfalto del pequeño aeropuerto privado.
—¿De que podemos hacerlo? Cien por ciento. La pregunta es si tú lo estás —respondí—. Sabes que Pax les dirá que alejen las cámaras, si es eso lo que te preocupa.
—No es por las cámaras. —Se detuvo cerca de la rampa que habían puesto junto a la puerta del pequeño avión—. Es que no quiero ilusionarme, no quiero pensar que puedo hacerlo para después enterarme de que lo que dijo estaba equivocado.
—Nunca me equivoco —dijo Cruz acercándose por la espalda de Nick.
Cometí el error de mirarlo y perdí el hilo de mis pensamientos de inmediato. Llevaba unos shorts cargo, una camiseta negra de Under Armour que me hacía agua la boca y una gorra al revés.
Se veía completamente como mi Cruz, sin rastro del doctor Delgado.
Después de seis semanas juntos —casi tres meses desde que nos conocimos— ya no podía concebir mi vida sin él.
Por supuesto, me molestaba muchísimo no poder besarlo en público y tener que controlar lo que hacíamos con las manos, los ojos y las palabras, pero en menos de dos semanas todo eso se iba a acabar.
Once días.
Podríamos salir en público y yo quería que fuera ya.
—¿Seguro? —preguntó Nick, frotándose el cuello.
—Totalmente. Hice la investigación, Little John pidió el equipo y vamos a hacerlo. Pero solo si tú quieres. No tengo costumbre de arrojar a la gente por una montaña si no quiere saltar —le dijo Cruz.
—¿Y no te molesta no hacer wingsuit con estos locos? —Nick señaló donde estaban Pax y Landon dándole el equipo a Rachel y Leah.
—Ya he hecho cientos de saltos y, la verdad, no necesito ir disfrazado de ardilla voladora. Un hombre tiene que conservar algo de dignidad. Además, para mí sería un honor saltar contigo.
Nick tomó aire con fuerza y recorrió nuestro grupo de amigos con la mirada.
Era un viaje solo para Originales, pero como teníamos las cámaras a bordo, había venido Cruz por cuestiones oficiales.
Extraoficialmente, había encontrado la manera de reavivar una llama en Nick que no había visto en todo el año y estaba profundamente agradecida.
—Oye, ¿podemos grabar un poco, rápido? —me preguntó Bobby, y se me escapó una mueca de disgusto.
—Sí, claro. Creo que es el momento perfecto, ¿no? —bromeé sarcásticamente.
—Todavía están cargando el avión y Pax nos dijo que estaríamos lejos la mayor parte del viaje. Solo nos dejaron grabar el salto desde abajo de la cascada. Arriba solo hay GoPros.
Tuve el impulso de darle un beso a Pax. Eso le daría a Nick una sensación de privacidad a la hora de tomar la decisión final.
—Adelante, pregunta —le dije.
—Bueno, estamos en Venezuela y llevas dos días sin ir a la rampa grande. Estando tan cerca del Open y sin haber logrado todavía la doble vuelta, ¿crees que es la mejor decisión?
Y otra vez quise darle un puñetazo.
Me obligué a poner la sonrisa de Rebel.
—Lo que pienso es que estamos en Venezuela. El Salto Ángel es el sueño de quienes practicamos salto BASE, en especial con wingsuit . Es difícil no aprovechar la oportunidad.
—¿Y el doble backflip ?
—Aún nos quedan las rampas de Aruba y el día previo en Cuba. Si me sale, lo usaré en el Open.
—¿Y si no?
—No lo uso.
A Bobby se le apagó la mirada. Cuando nos estrellábamos, siempre éramos más populares que cuando saltábamos bien. No había nada como la promesa de ver a alguien destrozándose el cuerpo para ganar visibilidad.
—Ahora que han mandado a Zoe de vuelta a Estados Unidos, ¿no crees que deberían reconsiderar el régimen de entrenamiento? No es fácil perder a otra Renegade tan cerca del final.
—La verdad es que la lesión de Zoe fue tremenda, pero, como Renegades, cada uno es personalmente responsable de su propia seguridad y de sus decisiones. Le deseamos lo mejor en su recuperación y esperamos que pueda volver pronto al Rancho Renegade de Los Ángeles.
Bobby entornó los ojos.
—¿Y cómo te está afectando la pérdida de otra Renegade mujer? No debe ser fácil ser una de las pocas mujeres del grupo, sobre todo después de perder a tu hermana...
—¡Hasta aquí llegamos! —Mandé a la mierda a Bobby con solo una sonrisa y, cuando me di la vuelta, me encontré con Cruz esperándome.
—¿Estás bien? —preguntó.
—De puta madre —respondí, mientras subía la escalera del avión.
En algún momento iba a tener que responder a las preguntas, sobre todo a las que me hacía a mí misma cada vez que se me venía Brooke a la mente.
***
Cuatro horas después, y tras pasar por otro aeropuerto, despegamos en tres helicópteros. Las copas de los árboles se fueron alejando a medida que sobrevolábamos el Parque Nacional Canaima rumbo a la montaña de cima plana.
En nuestro helicóptero solo íbamos Originales: Nick, Pax, Landon y yo.
Era como antes, como cuando nos lanzábamos a retos antes del accidente de Nick: los cuatro embarcándonos en una nueva aventura para batir un récord o vivir una experiencia. La diferencia es que estábamos en otro país, íbamos a la cascada más alta del mundo y uno de nosotros no podía caminar.
Ya no éramos invencibles y lo sabíamos, pero aún nos teníamos los unos a los otros.
—¿Cómo te sientes? —le pregunté por la radio.
—Todavía no me he decidido —respondió.
—No lo tomen como un momento cursi, pero qué bonito es volver a estar todos juntos, carajo —dijo Landon, mirándome por encima del hombro.
—Sí, totalmente —le contesté. Se me hinchó el pecho cuando seguimos el recorrido de la curva del río y nos acercamos a la montaña de cima plana. La cascada se hizo visible y se me cortó la respiración. ¿Cómo podía tener tanta suerte en la vida?—. Ahí está.
—Guau —dijo Nick, mirando por la ventanilla.
—Me alegra que estés aquí —le dije.
—A mí también.
—Ey —dijo Bobby por la radio. Lo habíamos dejado abajo con el resto del equipo de producción—. Saben que todavía hay tiempo, por si al final decidieron dejarnos grabar esto... —Sonaba esperanzado.
—De ninguna manera —dijo Pax con una risita—. Todo lo que grabemos con las GoPros vale, pero el resto es solo para nosotros. Solo esta vez.
Bobby suspiró.
—Sí, me imaginé que dirían algo así.
—¿Hay gente abajo? —preguntó Landon.
—Dos equipos. Uno en la zona de aterrizaje de los que hacen wingsuit y otro para los que hacen salto BASE. Esa grabación del salto BASE es solo para ustedes. No es para el documental. Saben que me muero por incluirlo, pero este es su momento privado y ese material es para su uso personal.
—Gracias. Te lo agradezco mucho —dijo Nick.
—Gracias por elegirme para hacer este trabajo. Que disfruten del salto.
Aterrizamos antes que los demás, así que Landon y Pax tuvieron tiempo para subir a Nick a su silla. Habíamos elegido el punto de salida más accesible, con el camino más fácil para llevar a Nick hasta el borde.
La meseta estaba cubierta de un verde intenso y llena de árboles y rocas gigantes; nada indicaba que el borde se precipitaba en vertical más de novecientos metros.
Me asomé por la roca gris y rugosa, me paré lo más cerca posible del borde sin tener paracaídas y miré el paisaje, tratando de grabar en mi memoria hasta el último detalle.
Unos instantes después, el helicóptero se fue y los chicos se pusieron a ambos lados de mí.
Nunca me había sentido tan pequeña y, a la vez, parte de algo tan grande.
En este viaje había tantas cosas que podía volver a hacer si quería.
Si quería, podía tomar un vuelo a Estambul, escalar hasta el campamento base del Everest o visitar Machu Picchu.
Pero estar en la cima del Salto Ángel con todos mis mejores amigos era algo que solo se vivía una vez en la vida, lo que lo hacía mucho más precioso.
—Qué vida tenemos —dijo Pax.
—No está nada mal —agregó Nick.
—¿Nunca se preguntaron por qué siempre buscamos las mejores vistas, las cimas más altas, solo para saltar al vacío? —preguntó Landon.
—Porque es divertido —respondí encogiéndome de hombros.
Los chicos se rieron y nuestro momento juntos llegó a su fin cuando aterrizó el siguiente helicóptero. Cruz salió ayudando a bajar a Rachel.
Mientras despegaba el helicóptero, sentí como si nos quitara unos cien kilos de encima.
Esta vez no había nadie del equipo de producción, solo nosotros.
Miré a mis amigos, que estaban a mi alrededor preparando el equipo, incluso Cruz, que estaba enganchando a Nick en la silla con el arnés que había diseñado. Sonreí.
Así sí me gusta.
Aquí no éramos las estrellas de ningún documental. No había presión por los índices de audiencia ni por conseguir la toma perfecta. Simplemente éramos un grupo de amigos con un par de GoPros a punto de hacer algo épico.
Elegí un lugar junto a Pax y desplegué mi equipo, pasando las correas del arnés por mi wingsuit .
—¿En qué estás pensando? —preguntó Pax.
—Estamos a punto de tirarnos desde un acantilado de más de novecientos metros de altura.
—Ajá.
—Sin paracaídas.
—Cierto.
—Qué día más interesante.
—Qué vida más interesante —dijo con una sonrisa.
Rachel me llamó con la mano y subí por la colina para ir con ella.
—¿Qué pasa? ¿Lista para saltar con Cruz? —pregunté. Ella iba a hacer salto BASE justo antes que Nick, en el grupo de Cruz.
—Más lista, imposible. Eligió el mejor lugar, con la caída más limpia, para Nick, así que es casi imposible que...
—¿… que se choque con alguna de las salientes que hay abajo? —sugerí.
—Sí, eso. Yo salto en primer lugar y, después, Cruz va a empujar literalmente a nuestro amigo por la montaña. El plan es casi impecable.
—Qué bien.
—Ah, y quiere hablar contigo —dijo, señalando la formación de rocas que había a mi derecha, más cerca de la cascada.
—Gracias. Y, de nuevo, gracias por no contárselo a nadie. Sé que te estamos pidiendo demasiado.
Le lanzó una mirada a Landon.
—No me gusta nada tener que ocultarle cosas. Vas a tener que contárselo a los chicos dentro de poco.
—Me da miedo que no lo entiendan. —Pax pensaría que se habían aprovechado de mí y Landon creería que se me había zafado un tornillo.