Rebel (Renegados 3) Capítulo veintiséis. Cruz
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Capítulo veintiséis. Cruz

CAPÍTULO VEINTISÉIS CRUZ

RÍO DE JANEIRO

Cerré la puerta despacio, esperando que Penélope pudiera descansar.

Esa tarde me había quitado tranquilamente una década de vida. Cuando Lindsay irrumpió en la reunión del área, llorando desconsoladamente, tardé unos cinco minutos en calmarla lo suficiente para que pudiera contarme lo que había pasado.

Pero nada me había preparado para ver a Penélope bañada en sangre, con la ropa desgarrada y desaliñada, y con una camiseta que ni siquiera era suya. Tuve una reacción primitiva como nunca antes en mi vida y, por no ser capaz de controlar mis emociones, nos pusimos a los dos en muchísimo peligro.

Hablando de eso, Rachel estaba sentada en la mesa del comedor con una cerveza en la mano y estudiando.

—¿Cerveza? —ofreció.

Crucé la corta distancia que me separaba de la mesa y me aferré al respaldo de una silla.

—En realidad, no puedo beber con los alumnos.

—¿Pero coger sí? —disparó, sin emoción alguna en la mirada.

Ay, eso dolió.

—Quisiera cruzar la menor cantidad posible de límites éticos, ¿sí?

Negó con la cabeza.

—Yo sabía que algo pasaba. La primera vez..., en su cumpleaños. Mierda, si hubiera prestado atención, seguramente en clase. ¿Cuándo empezó? ¿Le pediste que se quedara después de clase?

Mierda, y yo que creía que Penélope ya era difícil. No envidiaba a Landon en lo más mínimo.

—No te debo nada, Rachel. Pero a Penélope sí que le debo todo, así que voy a decirte dos cosas sobre nosotros.

El resto que te lo diga ella. Primero, que la conocí en Las Vegas, antes incluso de subir al barco.

—Abrió los ojos de par en par y tuve que felicitarme mentalmente por haberla dejado muda—.

No todo es tan lineal como crees. ¿Debería estar con ella?

De ninguna manera. Pero es una fuerza de la naturaleza que no puedo...

—Bajé la vista y me miré las manos, tratando de encontrar palabras que le hicieran justicia a Penélope.

Pero no existían—. Mira. No voy a pedirte que mientas por nosotros.

Yo no meto a otras personas en mis cagadas.

Pero sí voy a pedirte que primero hables con Penélope.

La ayudé a limpiarse y tiene las vendas recién puestas.

Ahora te pido perdón, pero tengo que hacer unas llamadas y ver cómo está Zoe.

—La están operando —dijo Rachel—. Little John mandó un mensaje cuando llegó al hospital. Se ha cortado la arteria del muslo y están intentando arreglársela. Tiene una pierna rota, claro, y también un par de costillas, pero va a estar bien.

Dejé caer los hombros, aliviado.

—Qué bueno. Penélope está durmiendo y necesita mucho ese descanso, así que dile que me busque cuando se despierte, por favor.

—Ah, ¿ahora soy tu mensajera?

—No, eres su amiga y ella está lesionada —le espeté.

Le apareció un dejo de culpa en los ojos.

—Bueno, sí, tienes razón.

Me dirigí a la puerta y, cuando ya estaba a medio camino, me llamó:

—¿Doc?

—¿Rachel?

—Dijiste que me ibas a decir dos cosas. Solo me dijiste una.

Miré a la chica que tenía el poder de destruir todo por lo que había trabajado durante diez años y me la jugué. Penélope confiaba en ella y yo confiaba en Penélope.

—La amo. No es algo pasajero ni algo para pasar el rato. Daría todo por ella. — De hecho, ya lo he dado todo —. Así que puedes verme como un enemigo, porque tal vez en cierto modo lo sea, pero también sé que nadie en este mundo la ama como yo.

Vi el debate que se libró en su rostro. Solo hacía falta una llamada al decano para que me apartaran del caso. Nunca más volvería a trabajar como docente. Elisa nunca iría a Harvard; a la larga, terminaría muerta como nuestra madre.

—¿En serio la amas? —preguntó con voz queda.

—Más que a mi propia vida.

Tomó aire con fuerza.

—Listo.

Asentí y me dirigí a la puerta. Cuando la abrí para salir, allí estaba Lindsay, con el brazo en alto y la mano a punto de golpearla.

—¡Cruz! Perdón, no esperaba verte aquí. —Volvió a mirar el número de la habitación—. Esta es la habitación de las chicas, ¿no? ¿No estoy en la cubierta equivocada?

—No, esta es su habitación —dije, tratando de mantener una sonrisa relajada. Parecía que estábamos a punto de saber si Rachel nos delataría o no.

—Ah, menos mal. Quería pasar para ver cómo está Penna.

—Lo mismo estaba haciendo yo. Pasa. Está durmiendo, pero puedes hablar con Rachel. —Le abrí y entró en la suite, mirando rápidamente la puerta cerrada de Penna mientras se acercaba a Rachel, que estaba en la mesa.

Rachel nos miró a uno y a otro durante un instante y me quedé esperando su decisión final.

—Hola, profesora Gibson. ¿Cerveza? El doctor Delgado ya me la rechazó.

Lindsay se rio.

—No, no. ¿Estás segura de que deberías estar...? —Señaló la botella.

—A ver: tengo veintiuno, estoy en mi habitación y ha sido un día de mierda, así que creo que sí.

—Buen punto. ¿Penna duerme?

Gracias a Dios, Rachel ni pestañeó ni me miró.

—Sí. Está bien. Está bañada, vendada y descansando como indicó el doctor.

Lindsay asintió.

—Quería pedirle perdón. Yo estaba a cargo...

—No, no estaba usted a cargo —dijo Rachel, reclinándose en la silla—.

Puede que ocupara el rol de supervisora, pero no estaba a cargo.

En ese momento, Zoe estaba a cargo de sí misma.

Los Renegades suelen hacer lo que quieren cuando quieren, y cualquier ilusión de control que uno tenga es precisamente eso: una ilusión.

Landon, Pax —dijo y me miró—, incluso Penna.

Todos hacen cosas que no deberían. Así se ganaron la fama.

Así que no se sienta culpable. No tenía ninguna posibilidad de frenarla.

—Me miró—. Ninguno de nosotros tenía ninguna posibilidad de frenarla.

***

—Está loca —dijo Nick, sentándose a mi lado.

—Sí —coincidí, reclinándome en la mesa de pícnic—. No sé por qué pensé que se quedaría descansando una semana o algo así.

—Yo no sabía si iba a volver a venir.

Me quedé mirando a Penélope, que estaba hablando con Landon ya subida a su Elizabeth de tamaño real, asintiendo con la cabeza mientras Paxton se sumaba a la conversación.

—Yo sí. Ella es así.

Me miró con confusión y me encogí de hombros. Por favor, basta de cagarla por todos lados. A ese ritmo, bien podría ir a la oficina del decano a presentar mi renuncia.

Pero tenía que tener en cuenta a Elisa.

—Ya que estamos, te pregunto: ¿cómo mierda hicieron para montar esto? Estas rampas no parecen muy fáciles de trasladar.

—No lo son —rio Nick—. Les cobré unos favores a los dueños de este parque y a los del anterior. Si a eso le sumamos el dinero que Pax estaba dispuesto a quitar del presupuesto de los Renegades con tal de que Rebel volviera a subirse a esa moto, todo queda explicado.

—¿Qué clase de favores?

—El Renegade Open de Cuba. Normalmente hay que clasificarse para entrar.

A cada uno le ofrecí dejar entrar a una persona de su organización sin necesidad de clasificarse.

—Entornó los ojos y miró a Penélope y a los demás—.

¿Qué mierda le están diciendo? —murmuró, y se alejó para sumarse a la conversación.

Rachel se sentó a mi lado en la mesa y me estremecí por dentro. Habían pasado veinticuatro horas nada más, pero sentía que ella era Robespierre y yo estaba en la guillotina.

—Te aviso: estas primeras pasadas van a ser las más difíciles de ver —dijo.

—Hay un pozo de espuma gigante.

—Que no la protege si se le cae la moto encima. Esta no es una mini. Son cien kilos de moto rabiosa. Ella está bien; no es nada que no haya hecho antes. Pero, a menos que hayas visto algo así antes, es medio brutal.

—Pero ¿va a estar bien?

Me analizó las facciones durante un instante antes de volver a mirar hacia delante.

—Tan bien como se pueda. No elegiste a una muy mansita que digamos.

Me aseguré rápidamente de que todas las cámaras estuvieran ocupadas, captando hasta el último detalle de Penélope, o al menos lo que se le llegaba a ver con todo ese equipo puesto.

—¿Habló contigo? —pregunté en voz baja.

—Si «hablar» significa decirme que no es asunto mío, sí. Ah, y también agregó que estoy obligada a guardar el secreto porque no le contó a nadie mi relación con Landon durante tanto tiempo. Fue un muy buen uso de la carta de la culpa por parte de la señorita Carstairs.

—¿Ustedes también tuvieron una relación en secreto? —Qué no hubiera dado por poder salir en público con Penélope. Solo unas semanas más: eso era lo que necesitábamos.

Se encogió de hombros.

—Sí, pero es que en ese momento estaba saliendo con Wilder, así que... Creo que no son los únicos que corren los límites éticos.

—Dios. Tú, Wilder, Landon, Brooke y Nick... Esto parece un drama juvenil incestuoso de la tele.

—Sí, bastante. Lo importante es que voy a guardarles el secreto. No porque la ames, sino porque ella te ama a ti y porque creo que fuiste tú quien la devolviste al mundo de los vivos.

Mi alivio duró poco, ya que Penélope encendió la moto y fue hasta el final de la pista. Sabiendo lo que iba a pasar, se me aceleró el corazón a mil por hora.

Esa puta rampa todavía tenía la sangre de Zoe.

—Necesitaba a alguien que la escuchara, nada más.

—Yo la habría escuchado —masculló.

Barajé mis opciones y tomé una decisión.

—¿Tienes hermanos o hermanas?

—No. Soy hija única.

—¿Y Pax y Landon?

—Landon es hijo único, pero Pax tiene un hermano mayor.

—Bueno, puede que él sea el único capaz de entender por lo que está pasando ella. Yo tengo una hermana a la que quiero tanto que daría casi cualquier cosa por ella. Penélope es igual..., y creo que tal vez algunos se hayan olvidado de eso en los últimos meses.

—Extraña a Brooke —susurró Rachel, como si nunca se le hubiera ocurrido.

—Con la potencia de mil armas nucleares.

—Ay, Dios. Qué ciegos somos.

Penélope cruzó la pista a toda velocidad y empecé a mecerme hacia atrás y hacia delante. Se lanzó por la rampa y salió volando a una altura imposible, dando una vuelta con la moto y luego otra.

—Mierda.