Rebel (Renegados 3) Capítulo veinticinco. Penna
73%

Capítulo veinticinco. Penna

CAPÍTULO VEINTICINCO PENNA

RÍO DE JANEIRO

—Otra vez —ordenó Nick.

—Sabes que te quiero mucho, ¿no? —exclamé—. Pero ahora mismo odio que seas un sádico de mierda.

—Que sea un sádico es lo que va a evitar que te mueras —replicó.

Había hecho al menos veinticinco rondas en la minimoto, todas con un buen aterrizaje, pero él quería una más. Estaba preocupado por la altura a la que empezaba el flip , porque decía que lo iniciaba tarde y eso me haría rotar menos cuando pasara a la moto grande.

—Tiene razón —respondió Pax.

—¡No estoy de humor, Wilder! —grité, plenamente consciente de que estaba siendo muy terca.

—Penna. —Landon me llamó con la mano y me acerqué mientras me quitaba el casco de un manotazo y le mostraba el dedo del medio a Nick.

A este ritmo, iba a terminar demasiado cansada para pasar a la moto grande y solo nos quedaba un día más en Río antes de partir hacia el norte.

La exhibición era dentro de menos de un mes.

—¿Qué pasa? —pregunté, tomando la botella de agua que me ofrecía Little John.

—Mira —dijo, ofreciéndome su teléfono.

Mientras iniciaba el video, le eché un vistazo a Cruz. Había estado casi toda la mañana yendo y viniendo, mirándome y apartando la vista deliberadamente.

Empezó la grabación y me vi a mí misma acelerando hacia la pista. Buena velocidad. Buen ángulo. Buena técnica.

—Mierda —mascullé al ver que empezaba demasiado tarde el flip .

—Sí.

—No puedo hacer el doble con la moto de verdad si no empiezo desde aquí atrás —dije, retrocediendo la grabación hasta el punto de la trayectoria en el que tenía que empezar el flip —. No me dará tiempo a dar la vuelta como hago con la mini.

—Exacto.

Solté un quejido de frustración, pero me puse el casco y volví a la mini.

—¿Cómo demonios hiciste para que te escuchara? —preguntó Nick—. Porque a mí no me está prestando atención a nada de lo que le digo.

—Cuando se pone así, solo se escucha a sí misma —respondió Landon.

—¡Váyanse a la mierda los dos! —canturreé con una sonrisa.

Cruz se cruzó de brazos y se puso junto a Landon para ver el mismo video mientras asentía con la cabeza.

Me amaba. Me amaba de verdad, en serio; para él, yo no era un trofeo bonito. Estaba feliz de amarme en silencio y de arriesgarlo todo por mí, poniendo en juego tanto su carrera como su reputación. Lo único que yo le daba a cambio era mi cuerpo y mi corazón.

Pero en un mes todo eso iba a cambiar.

El crucero iba a terminar y yo me iba a graduar.

Después podíamos volver a Los Ángeles y empezar a vivir nuestra vida de verdad ante los ojos de todos.

La Costa Este, la Costa Oeste... Eso ya lo resolveríamos.

Y yo lo iba a querer tanto que nunca se cuestionaría lo que había tenido que pasar por mí al mantenerlo en secreto.

—¿Tú también lo ves, no? —le pregunté a Cruz.

—Sí —respondió—. Solo tienes que encontrar el punto justo en el que no pierdas altura, pero en el que puedas dar la vuelta.

—Claro —dije, y me encantó que entendiera la física que había detrás.

—Espera, ¿a él sí lo escuchas? —gritó Nick mientras yo volvía a llevar la moto al principio de la pista.

—No es un imbécil —dije, lanzándole un beso.

—¿Qué hace ella aquí? —preguntó Wilder cuando la profesora Gibson llegó a la pista.

—Me alegro de verte, Wilder —dijo con una sonrisa forzada.

—Ha venido para sustituirme esta tarde. Tengo una reunión obligatoria del área, así que, a menos que quieran cancelar la práctica por unas horas, ella es yo —explicó Cruz.

—Genial. —Wilder señaló donde estaba sentado Little John y se dirigió a la profesora Gibson—. Va a tener que firmar unos papeles con Little John.

—Yo la llevo —dijo Cruz. Me miró fijamente durante un momento y asentí rápidamente con la cabeza, haciéndole creer que no me afectaba que se fuera, que solo éramos profesor y alumna, que no lo amaba.

Hice un esfuerzo por no mirar la mano que la profesora Gibson le había apoyado en el brazo y me di la vuelta.

—Voy a probar otra vez —le dije a Nick.

—Si esta vez lo hacemos bien, ¿crees que nos dejará pasar a las motos grandes? —preguntó Zoe mientras volvíamos a la línea de salida.

—No estoy segura —contesté, encogiéndome de hombros—. Pero sé que confío más en su criterio que en mi impulsividad. Te recomiendo que hagas lo mismo.

—Yo estoy lista.

—Apenas estás aterrizando. La última vez derrapaste.

—¿Y qué? No lo sabré nunca si no pruebo con la moto grande, ¿no?

—Es verdad. Veamos si ahora aterrizamos bien y, después, les pedimos que traigan el pozo de espuma. Hacer un flip con una de tamaño real es otra historia: hay que estar preparada.

—Está bien —dijo con un suspiro.

Entendía su frustración. Cuando estabas tan cerca de lograr algo, de demostrar de lo que eras capaz, era difícil dar un paso atrás y aceptar que tenías que ir más despacio y que no estabas tan preparada como pensabas.

Por eso era importante tener a Pax, Landon y Nick de mi lado. Como habían hecho todo el día, me frenaron antes de que mi ego me hiciera meter la pata.

Me alineé con la rampa, aceleré a fondo y avancé a toda velocidad por la pista asfaltada. Fui subiendo de marcha hasta llevar la moto al máximo y llegué casi volando a la rampa.

Subí por el arco como un rayo, casi en vertical, y quedé en el aire.

Empecé a hacer el flip cuando noté que cambiaba el impulso y luego hice girar la moto una vez.

Dos. El mundo giró a mi alrededor; volví a colocar la moto debajo de mí y, por poco, la roté de más antes de hacerla caer al otro lado de la rampa, con un aterrizaje limpio, pero no perfecto.

—¡Sí! —gritó Nick con el puño en alto.

Levanté los dos brazos en el aire mientras salía de la rampa gritando victoriosa.

Todos me abrazaron mientras Zoe salía acelerando hacia la rampa.

—Pero no estuvo... —Cruz negó con la cabeza.

—¿Perfecto? Sí, es que ahora tengo que añadirle el peso de la moto de verdad. Pero ya sé cómo son los tiempos. Mierda —murmuré al ver que Zoe caía con todo su peso sobre la rueda delantera.

Aterrizó, pero no fue nada limpio.

—Creo que necesita como un mes más con la mini, pero no va a querer saber nada —le dije a Cruz mientras Zoe bajaba de la rampa maldiciendo.

—¿Una Renegade terca? Mira nada más. Qué concepto novedoso.

—Me irá mejor con mi moto de verdad —afirmó Zoe—. Ya sé cuánto pesa. Ya sé cómo se siente, cómo responde. Esto es una mierda inútil —le espetó a Pax.

—Esto se hace así, Zo. Penna peleó para que tuvieras esta oportunidad y estamos contentos de dártela, pero tienes que seguir el programa.

Mascullando algo entre dientes, se dirigió a la fila de motos.

—Parece que necesita un descanso —le dije a Cruz.

—Yo no, pero tengo que volver. Están en buenas manos con Lindsay —dijo, señalando con la cabeza a la profesora Gibson, que estaba revisando papeles con Little John.

Por supuesto, Pax iba a hacer que firmara todo el arsenal de acuerdos de confidencialidad y exenciones de responsabilidad.

Todo lo de Gabe le había afectado mucho.

—Así que... Lindsay, ¿eh? —Me miré las manos mientras me quitaba los guantes.

La risa de Cruz me tomó totalmente desprevenida.

—No empieces. Nos vemos después.

—Nos vemos —le dije a su espalda mientras se alejaba. Te amo —. ¿Paramos para almorzar? —les pregunté a los chicos.

Todos estuvieron de acuerdo y nos dirigimos al camión de comida. Si había una cosa que Little John hacía aún mejor que preparar los retos, era encontrar la mejor comida del lugar.

Después de que me dieran la comida, le pedí el teléfono a Landon y volví a la rampa para ver de nuevo la grabación. Tenía razón. A veces, la única manera de que yo aprendiera la lección era cuando veía mis propios errores.

Tal vez eso mismo era lo que tenía que mostrarle a Zoe.

Me dejé caer en la silla plegable y me puse a comer. Entrenar dos veces al día me había convertido en una máquina de comer. Puse a reproducir el video y miré mi último salto, tratando de conciliar mis recuerdos y sensaciones con lo que mostraba la grabación.

Mientras masticaba la carne, se oyó un motor al final de la pista que me llamó la atención. ¿Quién carajo estaba en...?

Uy, Dios.

Me levanté y mi comida se cayó al suelo mientras Zoe avanzaba hacia la rampa a toda velocidad en su moto de tamaño real. Se me encogió el corazón.

Eso iba a salir mal y no podía hacer nada para evitarlo.

Fui corriendo hacia la rampa todo lo rápido que pude. Zoe iba muy rápido, con un buen ángulo, pero nunca antes había levantado el peso que estaba a punto de levantar con esa moto de cien kilos.

Llegó a la cima de la rampa, salió volando y echó la moto hacia atrás para hacer un flip .

—¡Levántala! —grité, pero era demasiado tarde.

Perdió el control de la moto y esta se le resbaló de las manos. Estaba perdida.

Zoe cayó desde lo más alto de la trayectoria y empecé a ver todo en cámara lenta desde el suelo. No podía llegar lo suficientemente rápido. No podía congelar el tiempo. No podía atraparla ni frenar la moto.

Se estrelló contra la parte trasera de la rampa con un golpe seco espantoso cuando llegué a la plataforma. Me lancé por la rampa y fui derrapando hacia ella mientras la moto caía y le aplastaba la pierna con un crujido espantoso.

Ella soltó un grito desgarrador y se llevó las manos a la parte superior del muslo.

Lo mismo que a mí. Empecé a recordar imágenes sueltas de Dubái una detrás de la otra. La moto. La fractura. El reflector. Landon inclinado sobre mí. El dolor.

La moto se me vino encima e impactó sin darme tiempo a esquivarla; los neumáticos me rasparon el costado del cuerpo, provocándome un desgarro en la piel con un golpe lateral. Solté un grito de dolor mientras la moto seguía de largo y por fin frenaba al pie de la rampa.

Me levanté tambaleándome, sosteniéndome el costado, y fui como pude hasta donde estaba Zoe. La forma de la tibia le deformaba la tela del pantalón y tenía la parte superior del muslo empapada de sangre, que le caía por la pierna a gran velocidad.