Capítulo ocho. Penna #4
—Esto es para mejor. Voy a ser el adulto de los dos. Esto no va a volver a pasar nunca más —repitió, como si esta vez lo necesitara para sí mismo.
Sabía lógicamente que tenía razón, pero esa voz era muy débil en comparación con la voz furiosa que controlaba mi boca en ese momento. Eran las diez y quince, y solté una risa débil.
—Lo bueno es que es el día internacional del cambio de fecha, ¿no? O, mejor dicho, la noche. En unas horas cruzaremos la línea del cambio de fecha y volverá a ser seis de febrero. Lo de hoy nunca pasó. Esto nunca pasó.
Pasé de largo y abrí la puerta para encontrarme con Rachel, que estaba de guardia.
—¿Qué carajo está pasando...? Ay, Penna, ¿estás bien? —Cambió el tono en cuanto me vio los ojos.
—Sí, claro. —Forcé una sonrisa—. ¿Qué pasa?
Miró fugazmente por encima de mi hombro y luego volvió a mirarme.
—¿Te acuerdas de que antes te dije que había pastel? Pax quiere que subas a la escalera para pedir siete deseos, uno por cada piso.
Ay, Dios. Mi cumpleaños. Era la primera vez que Brooke no estaría a mi lado mientras soplaba las velas. La primera vez que no me abrazaría y me diría que lo mejor de los cumpleaños era saber que siempre los pasaríamos juntas, porque los chicos iban y venían, pero la sangre era para siempre.
—¿Es tu cumpleaños? —preguntó Cruz a mis espaldas.
Cruz, que creía que no valía la pena arriesgarse por mí.
Porque no lo valía. No se pueden pasar diez años trabajando en una carrera profesional para después tirarla por la borda por la primera alumna que se cruce en el camino.
Literalmente, fuiste la primera alumna que lo conoció.
Casi suelto una risa, pero no pude reunir fuerzas para eso.
Me alisé el vestido con las manos y me enderecé.
—Eso no es asunto suyo, doctor Delgado. —Demasiado. Estaban pasando demasiadas cosas. Cruz, el pastel, las cámaras... Eché un vistazo al otro extremo del pasillo y, por supuesto, allí estaban los camarógrafos de Bobby esperando.
—Pen...
Le lancé una mirada por encima del hombro. ¿Cómo se atrevía a mostrarse destrozado? Acababa de hacerme pedazos como si fuera un recibo inútil de unas vacaciones mal planificadas.
—Debería quedarse ahí dentro unos minutos más. Al menos hasta que se vayan las cámaras.
Rachel me tendió la mano y, por poco, me desmorono al ver el gesto que nunca habría tenido tres meses atrás, cuando subió al barco por primera vez: nuestra amistad había crecido mucho.
Le tomé la mano y, mientras recobraba la compostura, estuve a punto de pulverizarle los dedos, pero sabía que podía soportarlo.
Rachel era tan dura como yo, pero tenía una fuerza que yo no había sentido en mucho tiempo.
Asentí brevemente con la cabeza y nos fuimos por el pasillo mientras yo me recomponía.
—No pasó nada.
—Ah, bueno. Porque parecía que...
—No me importa lo que parecía. No pasó nada. —Sentí una aprensión que me subía por la espalda. ¿Y si había visto algo? ¿Y si hubiera sido otra persona?— No se lo puedes contar a nadie —susurré.
—Pensé que no había nada que contar.
—Ni siquiera a Landon.
—Penna...
Le clavé una mirada que decía tantas cosas. Por favor. Ayúdame. Me lo debes.
—Está bien, pero hablaremos de esto más tarde.
—Trato hecho. No quería celebrar mi cumpleaños —susurré—. Se lo dije.
Se le suavizó la mirada.
—Ya sé. Pero es que ellos quieren celebrarte a ti .
Se me contorsionó la cara cuando lo sentí todo a la vez y Rachel se apresuró a ponerse delante de mí, sosteniéndome la cara entre las manos.
—Si quieres, nos vamos por la puerta de atrás. No les debes nada a esas cámaras.
—Pero a Nick le debo todo. —Nick se había sentado conmigo mientras yo me subía una y otra vez a la rampa con la moto de nieve, perfeccionando el whip hasta que conseguí un nivel tan alto que quedé en el primer puesto del podio masculino de los X Games.
Nick, que le destrozó el corazón a Brooke y luego la cabeza.
—Esto no.
—No, yo puedo. —De ninguna manera iba a permitir que Cruz Delgado me quitara nada más—. Yo puedo —repetí, esta vez con más fuerza.
Me examinó los ojos durante unos instantes y luego asintió.
—Entonces, Rebel, muéstrales una linda sonrisa a las cámaras, porque te está mirando todo el mundo.
Rachel tenía razón. Penna necesitaba ir a esconderse. Penélope necesitaba gritarle a Cruz. Rebel necesitaba dar un paso al frente, dejar de lado esas otras necesidades y sonreír para el documental.
Le solté la mano a Rachel, levanté más la cabeza, amplié la sonrisa y crucé la multitud a su lado mientras Pax me llamaba por el micrófono.
Luego subí las escaleras con cuidado de no tropezarme y apagué las velas del extravagante pastel que Pax había encargado para mí.
Todo el tiempo deseé que algo, cualquier cosa , me saliera bien en la vida.
Posamos para las fotos, solo los tres Originales, mientras el personal cortaba el pastel, y después sonreí hasta que me dolió la cara.
Cumplí con mi deber por una simple razón: era una Renegade antes que cualquier otra cosa, porque no había nada más para mí.