Capítulo siete. Penna
CAPÍTULO SIETE PENNA
EN EL MAR
El problema era que ya no estaba segura de si yo era la piloto adecuada.
¿Cómo había acabado metida en un lío tan grande? ¿Cómo era posible que el único hombre con el que había tenido una conexión en toda mi vida fuera el único al que no me podía acercar?
Mi profesor. Quién me mandaba a meterme...
No, nada de meter nada en ningún lado.
Dios, ¿cómo iba a hacer para sentarme en clase y mirarlo? ¿Y escuchar esa voz tan sexy? ¿Y ver esos hoyuelos enviados del cielo y ese culo tan apretable? Y acordarme de...
No.
Enterré los pensamientos, los recuerdos y todo rastro de deseo bien al fondo de mi corazón, en una caja emocional. Después la cerré, le puse llave, la cubrí con unas capas de cemento y la arrojé por la borda.
En ese momento, ya tenía bastantes cosas en la cabeza sin necesidad de añadir a él.
Realmente no recordaba ningún momento de mi vida en el que no hubiera estado enamorada de las carreras, los trucos, la sensación de libertad y poder que me daba el motocross estilo libre. Hasta ahora.
Pero, ¿quién era yo sin ella, sin la persona en la que me convertía cuando conducía? Está bien, había demostrado que quedaba un poco de Rebel en mí al saltar de la High Roller, pero se había escondido en los rincones más oscuros de mi alma en cuanto puse un pie en nuestro taller mecánico del barco.
—Creo que gané la apuesta —dijo Landon, que se sentó a mi lado e imitó mi postura.
Para él era por comodidad, pero yo me sentía a la defensiva.
Era por momentos así por lo que siempre había sido un poco más cercana con Landon.
Cuando estaba en mi peor momento, Pax siempre me animaba, pero Landon estaba dispuesto a bajar hasta mi nivel y salir conmigo.
—¿Cuál era la apuesta? —pregunté, apoyando el mentón en las rodillas. Hacía rato que se había colado el frío a través de mis shorts, pero no podía reunir las energías para moverme, ya que me negaba a acercarme más a Elizabeth; sin embargo, no estaba lista para admitir la derrota.
—Le aposté a Pax que ibas a estar aquí.
—¿Por intuición?
Se le esbozó una sonrisa en los labios.
—Estoy saliendo con tu compañera de habitación.
—Ah, hiciste trampa —respondí, incapaz de contener una sonrisita.
—Culpable. Tenemos una reunión de producción en diez minutos.
Lo dijo sin ninguna expectativa ni tono condescendiente, lo que hizo que se me encogiera el pecho de una manera que ni una cosa ni la otra hubieran logrado.
—Quieres que vaya.
—Quiero que quieras ir.
Clavé la mirada en una de las franjas de color rosa chillón que tenía Elizabeth.
—Quiero querer tantas cosas. —Quería montar en mi moto, soltar todo lo que me anclaba a la tierra y volar con ella, recuperar ese dulce consuelo en el que siempre me había refugiado.
—Lo entiendo.
—¿Cómo es posible que pueda saltar desde una rueda de la fortuna, pero no pueda pasar la pierna por encima de mi propia moto? ¿Cómo es posible que esté tan rota?
—No estabas en una rueda de la fortuna cuando se te cayó el reflector encima. Estabas en la moto de Pax. Estabas haciendo algo que amas y, de repente, Brooke lo tergiversó y lo convirtió en algo malo que nunca había existido para ninguno de nosotros.
Le clavé la mirada.
—Landon...
—¿Qué? Yo también puedo decir su nombre.
Puede que sea tu hermana, pero es mi amiga.
Y digo que «es» mi amiga porque hay muchas probabilidades de que, después de que le den la ayuda que necesita, vuelva a ser nuestra Brooke de siempre.
Yo estaba ahí. Tendría que haberme dado cuenta, pero se nos pasó a todos.
Fui yo el que llegó primero, el que vio tu pierna hecha un desastre.
Puedes aislarte y dejarnos fuera a todos si quieres, pero ni se te ocurra pensar que estás sola en esto.
—¿La perdonaste?
—No lo sé. Quiero creer que tengo la madurez necesaria para hacerlo. En este momento, todavía es muy real y está muy reciente.
—Yo no sé si puedo. Todavía no logro concebir que mi Brooke, mi mejor amiga, mi hermana, sea la misma desquiciada que saboteó el reflector del estadio y por poco me mata. Por poco mata a Leah.
Se levantó.
—Esa es una decisión que vas a tener que tomar. Lo mismo con volver a subirte a esa moto. Y no es algo que tengas que decidir ahora mismo. Pero podrías empezar por asistir a una reunión de producción. No porque te necesitemos, sino porque sabes que, a la larga, querrás.
Cuando me tendió la mano, la tomé.
Tenía que empezar por algún sitio.
***
—¡Espérame! —me llamó Leah. Caminé más despacio para adaptarme a su paso, mucho más corto—. Dios, qué rápido caminas. Aunque, la verdad, con esas piernas, yo también caminaría rápido —bromeó, alcanzándome a la mitad del pasillo—. ¿Lista para otra clase con el doctor Delicioso?
Era nuestro cuarto día en el mar. Con la excepción de una parada rápida de reabastecimiento en Japón, habíamos permanecido siempre a bordo. Por suerte, había conseguido eludir a Cruz (o sea, al doctor Delgado , me recordé a mí misma) durante los cuatro días enteros.
Pero eso no quería decir que hubiera eludido los comentarios.
Había robado las miradas de casi todas las chicas del barco, aunque, la verdad, no las culpaba. A mí también me la había robado.
—Delgado —la corregí, revolviendo mis libros mientras doblábamos la esquina para ir al aula de Cruz.
—Por eso: Del gado, del icioso... ¿Se entiende? —preguntó con una sonrisita.
—Sí, totalmente. —Forcé una sonrisa.
—¿Y ya han pensado en un lugar para la última exhibición en vivo? Pax no para de estresarse por eso.
—Todavía no. —Habíamos pasado como mínimo dos horas al día encorvados sobre un mapa tratando de decidir dónde podríamos organizar la última exhibición en vivo antes de que el barco atracara en Los Ángeles.
El plan era Miami hasta que nos enteramos de que el espacio que necesitábamos no estaba disponible.
Ni siquiera con el dinero de Pax logramos que cedieran los del otro evento.
—Lo van a resolver.
El tema de dónde organizar la exhibición era el último de mis problemas.
La incertidumbre sobre si me iba a presentar o no provocaba que tuviera náuseas constantes.
Al fin y al cabo, me tocaba a mí impresionar a todos.
Pax había logrado hacer el primer triple frontflip del mundo en Dubái; Landon casi muere sepultado por una avalancha en Nepal, y ahora toda la atención estaba sobre mí.
—¡Penna! —Llegó la voz de Bobby desde el pasillo y me estremecí. Lo último que quería era tener que lidiar con un problema de producción.
—¿Nos vemos en clase? —propuso Leah, con las cejas levantadas. Se quedaría conmigo si se lo pidiera, porque sabía que, si se lo pedía a Pax, él le exigiría a Bobby que eliminara cualquier grabación en la que ella apareciera.
—Yo me arreglo —rechacé su oferta de protección y me di la vuelta para encontrarme con nuestro productor, muy nervioso y tembloroso por la cafeína, estirándose la gorra.
—Rebel. Gracias a Dios.
Miré por encima de su hombro y, al ver la cámara, esbocé la sonrisa que estaba obligada a mostrar. Quería a Nick como a un hermano y este documental era para él.
—¿Qué pasa?
—No has ido a la discoteca desde que volviste...
—Cierto. —Ladeé la cabeza, abiertamente desafiante. Mierda. Lo último que quería era arrastrar mis libros de la biblioteca hasta la discoteca. Tampoco es que tuviera que seducir a nadie... Toda la parte de la fiesta para este documental la habían organizado Landon y Pax.
—Quería confirmar si vas a estar en la fiesta de mañana por la noche, la del cruce de la línea internacional de cambio de fecha... —Él también ladeó la cabeza. Imbécil.
—Sí, voy a estar —dije, y me di la vuelta para ir a clase.
—¿Preferentemente mostrando un poquito el ombligo?
Ah, no. Se fue a la mierda.
Me di la vuelta.
—Más te vale que estés bromeando, Bobby.
Levantó las manos en el aire.
—Sí, te lo juro. Solo quería ver si seguías ahí, Rebel .
Lo saludé con un dedo y me fui.
—Las cosas que hago por ti, Nick —refunfuñé, hablando con el Original que nos faltaba como si pudiera oírme. Pasé por al lado de un par de alumnos que estaban pasando el rato junto a la puerta, entré en el aula y me senté en mi sitio, entre Pax y Landon.
—Hoy parece un desfile de moda —susurró Leah, que se inclinó para hablar desde su sitio detrás de Pax.
Eché un vistazo a mi alrededor y tuve que levantar las cejas.
Tenía razón. En un grupo que, después de un par de meses a bordo, había incurrido en los leggings y la ropa deportiva, las chicas que iban a clase se habían puesto ropa de verdad.
Vaqueros ajustados, camisetas de moda...
¡Si hasta había una chica con botas bajas!
Yo, en cambio, seguía apostando por la comodidad: llevaba unos leggings negros supersuaves, una sudadera entallada rosa y gris de motocross de la marca Fox y unas Vans.
—Tiene que ser por el doctor Delicioso —respondió Rachel.
—Ay, por Dios. ¿Tú también? —le reproché.
—¿Es en serio? —dijo Landon, mirando indignado a su novia.
—No te pongas celoso —dijo ella, encogiéndose de hombros—. Yo no lo miro en absoluto. Solo digo que, ahora que ustedes dos se han subido al tren de la monogamia —dijo, agitando el dedo en dirección a Pax y Landon—, ha llegado un purasangre nuevo al establo.
—¿Un caballo? —rio Pax—. Bien dicho.
—Un verdadero purasangre —murmuró Leah.
Pax se dio la vuelta en el asiento y, antes de que pudiera apartar la mirada, se puso a besar a Leah como si necesitara recordarle que ya tenía pareja. Los bloqueé de mi campo visual y puse los ojos en blanco.
Por el amor de Dios, todas las chicas estaban maquilladas y peinadas como si fueran a ir de discoteca.
Si estuviera tratando de atraer a Cruz, tal vez me habría molestado en hacer algo más con mi pelo que recogerlo en un moño o en ponerme más maquillaje que una capa de máscara de pestañas.
¿En serio esa chica de la segunda fila se estaba poniendo más brillo en los labios?
Si seguía así, iba a terminar haciéndoles señas de luz a otros barcos con el reflejo del sol.