Rebel (Renegados 3) Capítulo cinco. Penna #2
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Capítulo cinco. Penna #2

—Sí, estás —me confirmó—. De hecho, estamos todos.

Tú, yo, Rachel, Pax y Landon. ¡La familia unida!

Sonrió, irradiando esa felicidad que tanto le envidiaba, y no pude evitar replicar su sonrisa.

Había sufrido tanto: había perdido a su novio del instituto en un terrible accidente de tráfico que casi le cuesta la vida.

Pero sanó sus heridas, cicatrizaron, y venció sus miedos con una gracia a la que yo apenas podía aspirar.

—Hablando del dúo... —Rachel hizo un gesto hacia la puerta corrediza de cristal del fondo de nuestra suite, que en ese momento se abrió para dejar pasar a mis dos amigos de toda la vida, que además eran las dos personas a las que menos quería ver en ese momento.

Pax parecía enfadado hasta que encontró a Leah con la mirada; entonces se ablandó al instante.

Tenía unos músculos muy tonificados para la práctica del motocross, pero se volvía un osito de peluche gigante para su tutora y novia.

Mientras él la abrazaba, desde el otro lado de la habitación se me acercó Landon, un snowboarder de más de un metro noventa, parecido a los Hemsworth.

Primero se inclinó para darle un beso a Rachel.

Al parecer, esos dos por fin habían resuelto sus problemas.

Después, me rodeó con los brazos y me apretó contra su pecho, que me resultaba tan familiar. Olía a los veranos pasados en el parque de skate, a cedro, a seguridad y a amistad. Me dejé caer contra él y me abrazó más fuerte.

—Estaba tan preocupado, Pen. Cuando no apareciste en Aspen...

—Ya sé, perdón —le dije.

—¿Qué mierda pasó? —exclamó Pax, casi gritando.

—Bueno, Leah, este es nuestro momento para irnos —dijo Rachel, llevándose a Leah del brazo por la puerta corrediza mientras Landon me soltaba.

—¡Traidoras! —grité.

Leah me lanzó una mirada de disculpas antes de que Rachel la apartara de mi vista.

El sonido de la puerta al cerrarse me recordó a cuando viajaba por la carretera con mis padres y se enfadaban conmigo.

Esa puerta cerrada significaba que no había escapatoria y que iba a tener que quedarme ahí sentada y tragarme el sermón que consideraran necesario.

Por lo menos, en esa época tenía a Brooke.

—No le grites —le advirtió Landon.

—Penna no necesita que la defiendas —escupió Pax con los brazos cruzados sobre su camiseta de Fall Out Boy.

—Tiene razón. No lo necesito —le dije a Landon—. Lo siento por no ir a Aspen. Es que... no podía —admití.

—Ah, pero sí podías hacer salto BASE desde la High Roller de Las Vegas —siseó Pax. Por Dios, Penna, ¿y encima con un desconocido? Podrías haberte matado a esa altura, y ni hablemos de las consecuencias legales.

—Brandon —gruñí, con la mirada clavada en el techo.

—¿Y él qué mierda tiene que ver? —preguntó Pax.

—¿No te contó...? —Miré alternativamente a mis dos mejores amigos.

Landon negó con la cabeza.

—Ah, la puta madre —dije, y pasé entre los dos para sentarme en el sofá. Landon se sentó a mi lado, entre Pax y yo, sin duda para hacer de barrera.

—Ha salido un video en YouTube —me dijo Landon—. Eso, sumado a lo que tuiteó un chico desde tu hotel y a lo que dijo Patrick...

—¿Patrick? ¿Les dijo que me pegó en el culo como si fuera una chica de exhibición o que quería saltar conmigo completamente borracho? —Ese tipo podía irse a la mierda.

—¿Qué? —bramó Pax.

—Ah, esa parte no la contó, claro. Sí, yo había planeado hacer un salto con Patrick, pero cuando llegó borracho, me llevé al tipo que estaba en el bar.

—Los dos resoplaron indignados—. El cual tenía experiencia en paracaidismo militar.

Está bien, admito que no fue una idea brillante y podría haber terminado muy mal, pero el salto...

—Se me apagó la voz y se me empezó a dibujar una sonrisa en los labios—.

Fue espectacular, chicos. Las luces, la distancia, la emoción...

Todo fue perfecto... Bueno, hasta que me reconoció la policía.

—¿Qué? —Landon quedó boquiabierto.

—Ah, sí. —Me puse a examinar la mesa de centro impoluta—. Apareció la policía en mi habitación, llamé a Brandon y él lo solucionó todo para los dos . Me subí a un avión y volví aquí. ¿Ven? Salió todo bien.

—Penna —dijo Pax con tono suave—, ¿llamaste a Brandon y no a mí, ni a Landon ni a Nick? —Su mirada dolida me hizo tragarme cualquier comentario sarcástico que tuviera preparado.

—Estaban celebrando sus medallas de los X Games, y...

—Dilo —insistió Landon.

—No quería que estuvieran ahí, mirándome con superioridad y juzgando lo que había hecho.

Solo se oía el leve zumbido de la máquina de margaritas mientras procesaban lo que había dicho.

—Tendrías que haber estado con nosotros —dijo por fin Pax.

—Tal vez. Pero yo no sentía lo mismo. Tenía que dar ese salto sola, chicos. Tenía que demostrarme a mí misma que tenía lo necesario para saltar desde esa plataforma..., que, debajo de todo este desastre, todavía quedaba algo de mí.

—¿Y? —preguntó Pax.

Rebusqué en mi corazón, esperando que la respuesta apareciera milagrosamente.

—Y... no estoy segura. Di el salto, pero algo había cambiado. He cambiado.

—¿Quieres tomarte un tiempo? No me refiero a que te tomes un descanso aquí. Digo... —Respiró hondo—. ¿Quieres volver a Los Ángeles mientras terminamos el documental?

—No —lo interrumpió Pax.

—Cállate, Pax —escupió Landon—. Te dije que necesitaba tiempo.

—Puedo hablar por mí misma —dije con un tono más suave que mis palabras—. Sí, quiero irme a casa. No quiero estar aquí. Pero tengo miedo de que, si me voy ahora, ya no vuelva.

—Volveremos a casa dentro de tres meses —dijo Landon.

—No, me refiero a los Renegades en general. —De acuerdo. Lo dije, pero el nudo que tenía en el pecho desde el accidente no se disipó. Todo lo contrario, se hizo más fuerte.

—No, pero ¿qué dices? Eres una Original. Siempre fuimos los tres, desde que éramos bebés. Construimos a los Renegades desde cero y no funcionamos sin ti.

—Creo que los dos últimos podios acaban de desmentir esa teoría —respondí con una sonrisa irónica.

—Como individuos, sí, claro —replicó Pax—, pero somos los Renegades. Antes de la película, los retos, la publicidad y los patrocinadores, estamos nosotros . Nosotros. Somos. Los Renegades.

—¡Tal vez yo no! —grité—. Tal vez... Tal vez debería irme—. Sentía que todo estaba patas arriba, como en una de esas pinturas en las que las escaleras eran el techo y el techo, la pared. Nada estaba bien.

Landon me dio un abrazo de costado y Pax se lanzó desde la silla y cayó de rodillas delante de mí.

—Penélope Carstairs. No importa si nunca más vuelves a hacer un reto: sigues siendo una de las nuestras.

Vamos a esperar todo el tiempo que necesites y a aceptar cualquier decisión que tomes.

Los dos son mis mejores amigos y les prometo que vamos a resolver esto.

Pero quédate, por favor. Deja que te acompañemos, como tú siempre estuviste para nosotros.