Rebel (Renegados 3) Capítulo tres. Penna #3
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Capítulo tres. Penna #3

Deslicé las manos hasta sus hombros y le hinqué las uñas en la piel mientras él me acariciaba, provocándome una necesidad febril y avasalladora.

Pum. Pum. Pum. Pum.

Estaban golpeando la puerta de la habitación.

Los dos nos quedamos congelados.

—¿Esperabas a alguien? —preguntó, con la respiración controlada , pero con los ojos como platos.

Negué con la cabeza.

—No, pero tal vez ha venido Little John para asegurarse de que estoy bien. Dame un segundo.

Maldije la naturaleza sobreprotectora de mis amigos mientras Cruz se bajaba rodando de encima de mí. Era curioso que, aunque ya no estuviéramos en contacto físico, todavía sintiera la misma conexión que si siguiéramos tocándonos.

Me miró con avidez mientras yo me abrochaba el botón y la cremallera del vaquero. Little John se pondría como loco si viera que había traído a un desconocido a mi habitación. Aunque, la verdad, en ese momento sentía que Cruz estaba lejos de ser un desconocido.

Me incliné para darle un beso apasionado y disfrutar de su sabor, de las caricias de su lengua y del roce de sus labios.

Empezaron a golpear la puerta otra vez.

—Mierda —maldije—. Solo un segundo —le prometí a Cruz, y salí del dormitorio, cerrando la puerta a mis espaldas y rezando para que mi pelo no delatara inmediatamente lo que había estado haciendo.

—Ya voy —exclamé cuando volvieron a golpear la puerta. Más les valía que se hubiera muerto alguien para una interrupción así, porque si no, los iba a matar.

Abrí la puerta de un tirón y me encontré con el conserje, que estaba parado con una expresión de pánico en su delgado rostro.

—Señorita Carstairs, le pido mil disculpas, pero estos caballeros...

Dos policías se abrieron paso empujándolo y su uniforme azul me devolvió a la realidad al instante.

—¿Penélope Carstairs? —preguntaron.

—Sí. —Se me revolvió el estómago con una bola de náuseas.

—Vamos a tener que pedirle que nos acompañe para hacerle unas preguntas —dijo el más bajo, que me dio la vuelta velozmente y me puso los brazos detrás de la espalda de un tirón.

Me cago. En. Mi vida.

—Ay —dije en voz baja, esperando que Cruz no me oyera y que no viniera a ver qué pasaba. Si sabían que había sido yo quien había hecho el salto BASE desde la High Roller, también lo iban a buscar a él.

—¿A qué se debe esto?

Sentí las frías esposas en las muñecas mientras el más bajo me hacía pasar por la puerta.

—¿Dónde podemos encontrar a tu compañero de salto? —preguntó, ignorando mi pregunta y respondiéndome todo a la vez.

Me encogí de hombros.

—No sé en qué habitación se está quedando. Lo conocí en el bar.

Entornó los ojos con sospecha y le sonreí. Había aprendido muy pronto en la vida que la mejor forma de mentir era decir la verdad tanto como fuera posible.

—Entonces, ¿confiesas que invadiste propiedad privada?

—Confieso que quiero llamar a mi abogado. —Sostuve una sonrisa tierna.

Adiós a la idea de salvarme sola. Esta vez, Pax y Landon me iban a matar. Aunque, la verdad, en el mundo de los retos no existía la mala publicidad.

El policía me miró negando con la cabeza, dejando claro con un gesto de la boca que estaba indignado, y me hizo salir de la habitación para llevarme al ascensor.

Mientras descendíamos a la planta baja, le entraron un par de llamadas por la radio, pero las bloqueé de mi mente, que estaba a toda máquina rezando para que no encontraran a Cruz.

¿A qué abogado quería llamar? No al de papá, ya estaba hasta el cuello con todo lo relacionado con Brooke.

Mis pensamientos se vieron interrumpidos por la campanita de las puertas del ascensor. Salimos en el piso del casino, abarrotado de gente, y agradecí que ver a la policía llevándose a una chica no fuese algo fuera de lo normal en Las Vegas.

Me cubrí la cara por si me reconocían y el policía me hizo pasar por la misma puerta por la que me había dejado Little John hacía menos de una hora. Era increíble lo rápido que me habían encontrado.

Me estaba esperando otro oficial junto a uno de los coches patrulla, y cuando me acerqué abrió la puerta con una sonrisa burlona.

—Bueno, Carstairs —dijo mientras me colocaba en el asiento trasero—. La próxima vez que quiera hacer un truco ilegal como ese, le convendría asegurarse de que ningún fan desbordado haya compartido su ubicación en Twitter.

El chico del vestíbulo. Mierda. Mierda. Mierda. Mierda.

Cerró la puerta de un golpe y me quedé sola en el coche patrulla durante un breve instante, antes de que se sentaran en los dos asientos delanteros. Bueno, iba a ser una noche larga y, cuando se enteraran Pax y Landon, no me la iban a dejar pasar nunca.

No me preocupaba demasiado la parte legal. Sin duda tendría que pagar una multa, pero no era que no me alcanzara el dinero. El problema era que iba a tener que llamar a Brandon, el hermano de Wilder: un pesado de traje, pero que siempre nos sacaba de apuros como este cuando la cagábamos.

O tal vez no. Tal vez podía manejarlo sola.

Nos alejamos del Bellagio, pero giré bruscamente la cabeza hacia atrás al ver que salía otro policía por la puerta. Me lastimé el cuello al tratar de mantenerlos en mi campo de visión mientras doblábamos, pero era imposible.

Ay, no, ay, no. Ya no estaba preocupada, estaba aterrada.

Iba a tener que llamar a Brandon.

También tenían esposado a Cruz.