Epílogo
Willow
Han pasado cinco días desde que todo acabó, y yo todavía tiemblo de miedo y cansancio, apoyada en la pared de la sala de espera.
Mi mano sigue entrelazada con la de Troy, quien permanece firme a mi lado, compartiendo mi tensión, mientras Hunter sostiene la otra con la misma fuerza que si pudiera transmitirme calma a través de la piel.
Max, Claus y Noel esperan más atrás, rígidos, silenciosos, vigilando todo con ojos de cazadores; cada movimiento, cada respiración, cada pitido de los aparatos parece un recordatorio de lo frágil que es la vida.
El aire es pesado, cargado de miedo y adrenalina.
Todo pasa demasiado lento. Y entonces aparece Theron Sterling, el mejor neurocirujano de la ciudad y el jefe de la mafia combinando peligrosamente con cada paso que da.
Su mirada recorre la sala y siento que todos los años de guerra y lucha se concentran en un solo hombre.
—La explosión movió la bala —dice con voz fría—. La hemos removido.
—¿Está bien? —pregunta Max.
Me aferro a la mano de Troy, con miedo de que cualquier respiro fuera el último.
—No lo sabemos todavía —responde Theron—. Hasta que despierte, lo hará en cualquier momento.
—¿Podemos verlo? —hablo, sintiendo que mis piernas se convierten en gelatina.
—Sí, pueden acercarse, pero recuerden… si se despierta, será un jodido milagro.
…
Troy se coloca a un lado de la cama. Yo me quedo al borde de la puerta, para salir corriendo si es necesario cuando Azrael despierte y no sepa de nuevo quién soy yo.
Los minutos parecen eternos. Hasta que los ojos de Azrael se abren.
No se mueve, no habla todavía, pero me ve a mí y a Troy.
Sus ojos me atraviesan, me reconocen, me sostienen, y siento cómo un calor oscuro y profundo me recorre, como si todo el mundo desapareciera y solo existiéramos él y yo, unidos por lo que hemos sobrevivido.
— Ella … —susurra, señalando hacia mí, y siento un nudo en la garganta que me impide respirar. Todo el miedo acumulado, toda la desesperación de estos días, toda la culpa y el amor reprimido se derrumba en lágrimas que ruedan sin control.
—Traigan a mi mujer aquí —añade con fuerza, su voz débil pero llena de intención—. ¿Por qué mierda está tan lejos?
Su hermano ríe junto a los demás. Me acerco lentamente, temblando, llorando, sintiendo que cada paso es un milagro. Troy aprieta mi mano, y me sonríe.
—Es bueno tenerte de vuelta, hermanito—le dice Max.
Claus, Noel, Hunter y Max se retiran, dejándonos solos a los tres, y el silencio que queda es denso, cargado nerviosismo por mi parte, alegría por Troy y sabrá Dios lo que siente Azrael en estos momentos.
—Pensé… —comienzo, temblorosa, la voz rota por la emoción.
—No te he olvidado, Mäuschen. Se necesita más de una bala para que eso suceda. Te amo. —Su voz, profunda y grave, atraviesa el miedo y el dolor.
—La cagué —susurro llorando.
—Y aun así te amo —responde, su mirada fija en la mía y en la de Troy—. Dilo, Mäuschen . Di que nos amas.
Ve primero a Troy, luego a mí. Troy aprieta mi mano.
—Los amo. Los amo demasiado.
No hacen falta palabras. Me mira, y en su mirada están la tensión, la oscuridad y el caos que nos rodeó, y aun así sigue ahí, reclamándonos, reclamándome .
Este hombre, que alguna vez pareció un caballero sacado de un libro, yace ahora en la cama, débil y vulnerable, pero sus ojos lo dicen todo: nos necesita, nos reconoce, nos pertenece, y nosotros a él.
Lo amé entonces, y lo amo ahora, con su fuerza, con la violencia contenida que siempre lleva consigo y el infierno que desata su mirada.
No solo me da su calor, también me comparte su mundo, su poder, su intimidad, y en ese acto comprendo que todo lo oscuro que es parte de él también es parte de nosotros.