Epílogo extra
Azrael
Un año después
Brighton, Inglaterra
Ha pasado un año desde aquel infierno. La casa frente a la playa de Brighton es nuestra, no hay secretos, no hay miedo.
Solo la brisa salada del mar y la risa de Harry corriendo entre las olas, descalzo, el pelo húmedo y despeinado, gritando porque alguien le robó su cubo de arena.
Willow lo sigue, riendo, y yo la miro desde la terraza, con la cerveza en la mano, sintiendo cómo todo el dolor de los últimos meses se deshace poco a poco.
Ella nunca había sido tan feliz, y verla así, viva, completa, me hace querer arrodillarme frente al sol y jurar que nunca más la dejaré sola.
Troy se acerca a mí, con esa sonrisa torcida que mezcla diversión y reproche, la misma que me saca de quicio y que no puedo negar que me encanta.
—Eres un buen padre —me dice, señalando a Harry, que ahora está construyendo un castillo con palas y cubos que no parecen encajar en ningún plan lógico.
—Tú también —respondo, dándole un golpe de complicidad con la cerveza.
—El otro día me preguntó si podía hacerse un tatuaje —continúa Troy, encogiéndose de hombros.
—¿Qué le dijiste? —le pregunto, divertido.
—Que sí, pero que cuando tenga 18 o 21 debería preguntarle a Willow primero —me suelta con esa sonrisa de “sé que le va a preguntar de todas formas”.
Nos reímos, pero no es una risa ligera: es una risa que lleva dentro todo el peso de lo que sobrevivimos.
El cielo se tiñe de naranja y rosa, y el olor a sal me recuerda que por fin estamos lejos del caos que nos arrastró durante tanto tiempo.
Willow se acerca a la orilla, tomando a Harry en brazos, su risa mezclándose con la del niño, y mi pecho se aprieta con algo que podría llamarse paz, aunque nunca será tranquila del todo.
—Lo estás haciendo bien, Troy —le digo, serio ahora, y él se encoge de hombros. —Tú también, Escorpión —responde, guiñándome un ojo—. Quién lo diría, ya casi no maldices…
Si no lo amara lo mataría, lo juro. A veces no puede quedarse callado.
Willow nos mira con esa sonrisa que me derrite, y yo me acerco, tocando su hombro con la punta de los dedos, se ve tan deliciosa en su bikini.
Harry grita que quiere correr otra vez hacia el mar, y Troy se inclina para decirle algo al oído y me lanza una mirada cómplice: “ Nos tenemos a nosotros, todo lo demás da igual ”. Y lo sé. Todo lo demás da igual.
…
Cuando cae la noche, la arena se enfría bajo nuestros pies, y dejamos a Harry durmiendo y vigilado desde aquí, ahora los tres solos. Es momento de contemplar el futuro.
Troy se arrodilla primero, sacando un pequeño estuche de terciopelo, y yo hago lo mismo, sin palabras, solo con la seguridad de que todo esto es nuestro: nuestra forma de prometer que no habrá secretos, que no habrá miedo, que nunca volveremos a dejar que nadie destruya el amor que nos tenemos.
Willow comienza a llorar y se lleva las manos al rostro. Espero que esté llorando de felicidad o nerviosismo y no porque piense que nos volvimos locos.
—¿Nos quieres? —pregunta Troy, con esa mezcla de broma y seriedad que solo él sabe poner.
—Sí —responde Willow, con la voz quebrada, pero firme, y sus ojos me atraviesan como si pudiera leerme.
—Entonces haznos tuyos para siempre —digo yo, firme, y la miro directo a los ojos, sintiendo que el mundo se acalla a nuestro alrededor. —Cásate con nosotros.
—Sí—dice sonriendo y llorando de felicidad—Sí seré su esposa.
Harry —quien se supone estaba durmiendo—corre hacia nosotros de nuevo, gritando que quiere construir castillos en la playa, y Willow lo abraza, riendo, mientras Troy me toma del brazo y yo me acerco para besarla a ella y luego a él, una unión silenciosa, oscura y llena de todo lo que sobrevivimos.
Y ahora, mientras nos abrazamos los tres, siento que hemos encontrado algo que nunca pensé posible: una familia que elegimos, un amor que soportó el fuego, la sangre y la traición.
Miro a lo lejos y veo a mi hermano sosteniendo a su hijo, tranquilo, feliz. Y sé que todos los horrores que dejamos atrás no nos definirán nunca más. Aquí estamos, juntos, imperfectos, pero intactos. Aquí estamos, y no necesitamos nada más.
Troy
La brisa marina pega fuerte y me revuelve el cabello mientras sigo caminando por la arena junto a Willow y Azrael.
La veo de reojo, sosteniendo a Harry de la mano, y no puedo evitar sonreír por dentro.
La felicidad de ella es contagiosa; todavía hay cicatrices, todavía hay recuerdos oscuros, pero ahora todo está matizado con luz, con risa.
Azrael se queda unos pasos detrás, observando a su hermano y a Harry a lo lejos, y puedo sentir esa intensidad en su mirada que siempre me recuerda que no hay nadie que pueda tocar a los nuestros.
—Sabes, Ratoncita —le digo con una sonrisa—, creo que Harry ya nos superó en tamaño y energía.
Willow ríe, apretando su mano, y Harry da un grito desde el agua, echando a correr hacia nosotros.
—Sí, y no puedo creer que haya aprendido tan rápido a escaparse de mí —responde ella entre risas.
Azrael se cruza de brazos, mirándome con esa ceja levantada que ya conozco tan bien.
—Al menos tú no corres como él —dice, y yo le lanzo un codazo.
—Gracias por el cumplido, Escorpión —le respondo, y él gruñe divertido, pero no puede evitar sonreír.
Nos detenemos a la orilla del agua. Harry salta sobre la arena, gira, y corre hacia nosotros de nuevo, riendo sin preocupación alguna. Willow se agacha para abrazarlo, y mientras los observo, me doy cuenta de que este momento, aunque diferente, es todo lo que alguna vez soñé.
—Tú… tú estás loco —dice entre risas nerviosas. —Puede ser —respondo, encogiéndome de hombros—. Pero después de todo lo que hemos pasado, estoy seguro de una cosa: quiero pasar el resto de mi vida con ustedes.
—Y yo también —dice Azrael, su voz grave y firme—. Si vas a decir que sí, quiero que sepas que significa todo. Cada día, cada lucha, cada maldito momento de locura que nos trajo hasta aquí.
Willow ríe entre lágrimas, Azrael y yo intercambiamos una mirada rápida, y sé que ambos sentimos que todo el peso que nos aplastaba se ha ido.
—Les he dicho que sí seré su esposa. ¿Acaso ya me dejarán ir por juguetes para cerrar el trato?
—Otra vez con eso, Ratoncita—le digo, mientras le hago cosquillas en las costillas y ella explota en una carcajada y me da un manotazo para apartarme.
—Bueno —digo, mirando a Azrael y luego a Willow—, supongo que somos oficialmente un trío peligroso, romántico y completamente jodido.
Azrael me da un codazo, divertido, y me susurra: —Te odio por hacerla reír así. —Y yo te amo —respondo, guiñándole un ojo—. Al igual que tú a mí.
Willow nos abraza a los dos, apretando fuerte. Harry se une al abrazo, y mientras el sol se hunde por completo en el horizonte, sentimos que todo, absolutamente todo, vale la pena.
No hay miedo, no hay sombras. Solo nosotros. Unidos, completos, indestructibles, listos para cualquier cosa que venga—menos para competir con juguetes sexuales—. La arena fría bajo nuestros pies, el sonido de las olas. y mientras los miro, sé que este es nuestro final… y también nuestro comienzo.