Reaper (Código Negro 2) Capítulo 63 #2
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Capítulo 63 #2

Azrael baja el arma, se acerca con movimientos rápidos, su mirada fija en nosotros.

Cada músculo de su cuerpo está tenso, listo para cualquier cosa, pero ahora solo nos mira a nosotros.

Se arrodilla y corta las cuerdas que me sujetan al tablón.

Caigo al suelo, temblando, llorando, respirando con dificultad.

Troy intenta incorporarse, cojeando, apoyándose en mí, y siento su dolor mezclado con el mío, pero aún estamos juntos.

—Vamos —dice Azrael, firme, sin vacilar—. Hay que salir de aquí antes de que algo más aparezca.

Nos movemos con cuidado por las escaleras del sótano, Troy apoyándose en mí, Azrael adelante, armas en mano, escuchando y sintiendo cualquier movimiento. Al llegar al salón, el lugar está vacío. Nadie más está, pero los recuerdos del enfrentamiento pesan en el aire.

—Rápido —susurra Troy—. Por las puertas traseras.

Azrael abre la puerta trasera, revisa el exterior y confirma que no hay nadie. La noche nos envuelve, fría, húmeda, y en un instante puedo respirar. Troy aprieta mi mano, un gesto para decirme que sigue aquí. Azrael me mira con la furia en su mirada y la protección absoluta que siempre lo define.

—No permitiré que nada los lastime—susurra—. Nunca.

Veo que tiene algunas cortadas en el rostro, como si hubiera venido de la guerra y me pregunto si está herido. La oscuridad nos rodea, el viento golpea nuestros rostros, y aunque los cuerpos duelen. No dejo de pensar en mi hijo. Harry sigue lejos, y solo quiero encontrarlo.

Siento que la sangre me quema la piel, gotea por el costado del abdomen y moja mi ropa. La visión se me nubla un poco, el mareo sube rápido, y antes de que pueda reaccionar, Azrael me toma en brazos, firme, inamovible, pero su rostro tenso me dice que está más preocupado de lo que aparenta.

—Mi hijo… —murmuro entre sollozos, pero el dolor me impide hablar más.

Entonces la camioneta aparece, rugiendo en el callejón, luces cortando la oscuridad.

Claus, Noel y Max bajan en formación perfecta.

No pierden ni un segundo: Claus revisa los alrededores, Max se adelanta hacia el interior y Noel controla que nadie nos sorprenda.

La presencia de todos me da un extraño alivio; sé que no nos dejarán solos, aunque todo esté en caos.

—Limpiarán el lugar, encontrarán a Harry.—dice Azrael con voz firme mientras ajusta mi peso contra él, y la mano en mi abdomen intentando que la sangre no siga corriendo.

Asiento llorando.

—Azrael, lo siento —susurro, con la voz quebrada y los sollozos temblando.

—Te amo —me responde, con esa seguridad que siempre me hiela y me calienta al mismo tiempo, mientras me aprieta más contra su pecho, como si quisiera que todo el mundo desapareciera en ese abrazo.

Troy, a mi lado, me da un beso en la cien, suave, lleno de calor. Siento sus dedos apretando los míos, su calor, su fuerza.

—Nos perteneces y nosotros a ti, Ratoncita —susurra Troy, y su voz me hace estremecer.

Azrael se ríe, un sonido raro, grave, cargado de alivio y adrenalina, pero justo en ese momento, veo cómo sus párpados comienzan a cerrarse, su cuerpo se afloja ligeramente, y un hilo de preocupación cruza mi mente antes de que ocurra lo imposible:

—Azrael… —susurro, pero él no responde. Se desmaya en los brazos de Troy y míos.

Max se acerca primero, rápido, revisando a Azrael y a mí con mirada dura, evaluando la sangre en mi abdomen y la herida en la pierna de troy.

—¿Está herido? —pregunta, afilado.

—No —responde Troy por mí, porque yo no puedo moverme, ni siquiera apartarme de Azrael. Su peso es mi ancla y su calor lo único que me mantiene consciente, aunque la fiebre me queme por dentro.

Max maldice, bajo, y sus ojos caen sobre mí de nuevo y la herida en mi abdomen sangrando a borbotones de nuevo.

—Vas a desmayarte también —dice.

Siento cómo Troy, con su pierna sangrando, me toma en brazos.

La presión de su cuerpo me hace sentir pequeña, no puedo moverme y me siento débil.

Claus y Noel se acercan, levantan a Azrael cuidadosamente, sujetándolo como si fuera frágil, aunque sé que es lo contrario: lo fuerte es lo que lo hace mortal.

Lo meten en el auto, con movimientos calculados y precisos, sin perder un segundo.

—Azrael… Dios mío.

—Estará bien—me consuela Troy, llevándome a su pecho para abrazarme.

Claus se acerca me ve y sonríe apenas cuando dice:

—Tenemos al niño. Está a salvo.

Lloro, sollozo y le digo gracias con la mirada, aunque no pueda hablar.

Solo en ese instante, mientras Troy me sostiene contra su pecho, puedo permitirme cerrar los ojos y dejarme caer.

Mis párpados caen pesados, el mundo se vuelve sombra y calor y dolor mezclados.

No tengo fuerzas para más; todo lo que queda es su respiración contra mi oído, su cuerpo protegiéndome, y el ruido lejano de los motores y los pasos que nos aseguran que, por ahora, no estamos solos.

—Quédate conmigo, Willow. Quédate con nosotros. Por favor, no me dejen.

Mi amor.

Me dejo llevar por su voz, y el cansancio absoluto.

No hay gritos, no hay disparos, solo el latido de nuestros cuerpos heridos y el frío silencioso de la noche que entra por la ventanilla del auto.

Todo lo demás puede esperar. Por un momento, solo existimos nosotros tres: Azrael, Troy y yo, rotos, sangrando, pero aún juntos.