Reaper (Código Negro 2) Capítulo 58
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Capítulo 58

Willow

—Esto es una mierda—Troy está frente a mí, ya Azrael tuvo que haberle contado todo. Pero parece que, Troy está demasiado enamorado para ver el monstruo que realmente soy.

—Por favor, no me busques—le digo desde la puerta.

—Willow, no te vayas… por favor.

—Lo siento, Troy. —cierro la puerta detrás de mí. Pero no llego tan lejos cuando Troy la abre y me acorrala en el pasillo del edificio.

—Dime que nada de eso es cierto, dime que Azrael está equivocado.

—Todo es cierto. Oculté cosas, le oculté la verdad, no confié en él lo suficiente y estas son las consecuencias. Debo enfrentarlas.

Me toma del rostro y me da un beso casto en los labios.

—Estás herida, joder. No puedes irte. ¿Adónde irás?

—A un hotel, supongo. Necesito… alejarme de todo por un momento.

—¿De mí también?

—No voy a herirte a ti también Troy. Por favor—lo abrazo, la piel en mi abdomen se estira y me causa dolor, uno que merezco—cuídalo por mí.

…

Me sobresalto y abro los ojos de golpe.

El sonido del tren que llega a la estación vibra en los rieles y durante un segundo no sé dónde estoy. Mi pecho sube y baja rápido, como si hubiera estado corriendo. La herida en mi abdomen arde cuando intento incorporarme en el banco metálico.

Los recuerdos vienen de golpe.

Azrael. Las fotos. Su mirada.

El dolor me atraviesa también. Estoy en la estación de tren. La gente camina alrededor arrastrando maletas, anunciando despedidas, comenzando viajes que seguramente cambiarán sus vidas. El mundo sigue moviéndose como si el mío no se hubiera roto hace unas horas como ocurrió hace unos años.

Es cuando siento que mi teléfono vibra en el bolsillo trasero de mi pantalón.

Lo saco lentamente.

Número privado.

Mi estómago se revuelve. Sé exactamente quién es.

Durante un segundo pienso en ignorarlo, en subir al tren y desaparecer de Londres para siempre. Quiero pensar que no estoy huyendo, pero en realidad lo hago. Necesito irme. No hay nada por lo que quedarme aquí.

Azrael cree que soy un monstruo.

Troy probablemente también.

No queda nada.

Tengo que volver a empezar. Ya lo he hecho antes. Sé hacerlo. Encontraré otro trabajo, otra ciudad, otra vida… y volveré a llenar los bolsillos de mi tío como dijo Azrael. No para protegerlo. Es porque él todavía tiene algo que me controla.

El teléfono sigue vibrando.

Respondo.

—Fallaste. —gruño—sigo viva.

El silencio dura un segundo. Luego escucho su voz.

—Querida sobrina.

La bilis me sube a la garganta. No he desayunado nada, y menos mal, porque siento que podría vomitar aquí mismo.

—Quiero que nos veamos, Willow.

Aprieto el teléfono.

—¿Para intentar matarme?

—Lo siento por eso —dice con una tranquilidad que me hace temblar—. Pero quería dejar un mensaje.

Cierro los ojos.

—Tu novio no puede controlarme. Le dejé un mensaje contigo, espero haber sido claro.

—Déjalo en paz —escupo—. Me quieres a mí. ¿Qué quieres?

Su risa es suave.

—Sabes lo que quiero.

El corazón comienza a latirme más rápido.

—¿Me dirás dónde está? —pregunto desesperada.

Él sabe perfectamente de qué hablo sin embargo hay un silencio largo.

Luego responde:

—Estás muy cerca de saberlo.

El aire se me queda atrapado en el pecho. Fe , la que no me ha arrancado todavía la puedo sentir. Y muy pronto recuperaré lo que me arrebató.

—Siempre y cuando te reúnas conmigo —continúa—. Creo que es tiempo… ¿no crees?

Me levanto de golpe. El movimiento me hace marearme, pero no me importa. Las lágrimas comienzan a caer por mis mejillas, pero no son de tristeza ni de miedo. Son de algo que no sentía desde hace años.

Esperanza.

—¿Estás hablando en serio?

—¿Cuándo te he mentido?

Mi mano tiembla alrededor del teléfono.

—Reúnete conmigo —dice—. Te mandaré la dirección.

El tren llega detrás de mí con un rugido metálico, pero apenas lo escucho.

—Sin trampas esta vez. —dice para terminar.

La llamada se corta. Mi teléfono vibra de nuevo con un mensaje y la dirección donde nos reuniremos. Miro la pantalla mientras mi corazón late cada vez más fuerte.

Después de tantos años… seré libre de verdad.