Reaper (Código Negro 2) Capítulo 57
88%

Capítulo 57

Willow

Despierto lentamente, como si mi cuerpo estuviera enterrado bajo toneladas de arena. Lo primero que siento es el dolor. Un dolor profundo, pesado, que nace en mi abdomen y se extiende por todo mi cuerpo como un incendio lento. Me cuesta respirar con normalidad y por un segundo no sé dónde estoy.

La habitación huele a desinfectante y a algo más… a miedo.

Abro los ojos con dificultad y parpadeo varias veces hasta que la visión deja de girar. El techo no es el del apartamento de Azrael. Tampoco el del hospital.

Entonces recuerdo.

El bar. El disparo. Troy gritándome. ¿Le dispararon a él también?

El miedo me atraviesa como un relámpago y muevo la cabeza buscando a alguien.

—Troy… —mi voz sale débil, rota.

No está. Mi pecho comienza a subir y bajar más rápido, el pánico apretándome la garganta. Entonces lo veo.

Azrael está de pie cerca de la ventana.

No se acerca. No se mueve.

Solo me observa. Algo en su postura me hace sentir más miedo que el disparo. Las lágrimas comienzan a acumularse en mis ojos antes de que pueda detenerlas.

—Azrael… —susurro, con la voz temblando—. ¿Puedes… venir aquí?

Necesito que me toque. Necesito saber que todo está bien. Pero no se mueve. Ni un centímetro. El silencio que deja crecer entre nosotros me corta la respiración.

—¿Por qué le dabas dinero a tu tío, Willow?

La pregunta cae como un golpe seco.

Parpadeo confundida.

—¿Qué…?

Su mirada no cambia.

—Responde a la pregunta —repite.

Trago saliva.

—Ya te lo dije… —mi voz tiembla—. Para ser libre de él.

Azrael ladea apenas la cabeza.

—¿Libre?

—Sí, Azrael… —respondo, sintiendo que el aire se vuelve más frío—. Le pagaba por mi libertad. Para alejarme de él.

Por un segundo no dice nada. Luego se acerca un paso… y me lanza algo sobre la cama. Las fotos se deslizan por las sábanas hasta detenerse frente a mí.

Bajo la mirada y mi corazón se detiene.

Soy yo.

En hospitales. En calles con chicas. Chicas que reconozco vagamente. Chicas que… vi en las noticias. Mis dedos comienzan a temblar mientras paso una foto, luego otra, y otra más. Cada imagen es un golpe directo al pecho, cada rostro una memoria que no sabía que seguía enterrada dentro de mí.

Y lo recuerdo todo. Todo mi pasado y al monstruo que obedecía por miedo.

La camioneta.

Las promesas.

Las sonrisas falsas.

Las chicas que confiaban en mí.

Mi tío mirándome desde el asiento del conductor.

— Haz que suba. Solo habla con ella.

— Haz que confíe en ti.

— Si no lo haces… sabes lo que te espera.

El aire desaparece de mis pulmones.

—Esto… —susurro—. Esto es…

Levanto la vista hacia Azrael, desesperada.

—Azrael, te juro que…

—No quiero que me jures nada.

Su voz es fría. Afilada. Siento que me corta la piel. Él no puede pensar que soy igual a mi tío, no, no, no.

—Puedo explicarlo.

—Explícame, Willow.

Las lágrimas comienzan a caer sin control.

—Él me amenazaba —digo entre sollozos—. No tenía opción. Iba a matarme si no le ayudaba. Pero eso ocurrió cuando era una adolescente… yo no tengo idea de esas fotos, no tenía idea de que estas mujeres habían desaparecido también.

Azrael no se mueve.

—Esas chicas confiaban en ti.

Sus palabras atraviesan mi pecho.

Sollozo. El peso de cada rostro en esas fotos me aplasta porque tiene razón, ellas confiaban en mí y yo las enviaba directo a su peor pesadilla.

—Lo siento… por favor… yo no quería… —mi voz se rompe—. Era una niña.

Azrael pasa una mano por su mandíbula. Pero no hay compasión en su mirada.

—Pudiste decirle a Max. A mí. Sabes que lo hubiéramos atrapado y esas mujeres estarían en sus casas ahora mismo. Puedo entender que de niña no tuviste opción, pero no solo debiste huir de él, debiste ayudar a cazarlo.

Cada palabra cae como una sentencia y lo sé, pero solo el hecho de que, pensara que ayudé a mí tío, la vergüenza y la culpa no me dejó.

Y cuando me di cuenta de lo que él era, de lo que código negro era, supe que ese secreto se quedaría conmigo siempre, por más que quiera ver muerto a mí tío, aún tiene algo sobre mí que me destruye.

—Esas chicas estarían vivas…Si es que aún viven.

El dolor en mi pecho es peor que el de la herida.

—¿Qué estás insinuando?

Su mirada se endurece.

—Lo protegías, Willow.

La habitación parece inclinarse.

—No…

—Sí.

Camina un paso más, pero no para acercarse a mí… sino para alejarse.

—Mirar hacia otro lado. Ignorar tu pasado. No confiar en Código Negro. Lo protegías.

Su voz se vuelve más baja. Más cruel.

—Y también llenabas sus bolsillos.

Me llevo las manos a la cara y lloro con un sonido que ni siquiera reconozco como mío.

—No…

—Sí. Piénsalo.

Levanto la cabeza con el corazón destrozado.

—¿Cómo puedes decirme eso?

Azrael me mira como si estuviera viendo a una desconocida.

—Te saqué de esa jaula. Lo recuerdo bien.

Cada palabra se hunde más profundo.

—Te saqué de ahí. Apreté el botón de la puja por ti. No iba a permitir que terminaras en manos de mi padre.

Mi respiración se vuelve irregular.

—Te saqué de ahí hace un año. Sabías lo que era. Sabías lo que soy.

Señala las fotos sobre la cama.

—Y aun así tuve que ver esto para que me dijeras la verdad.

El silencio que sigue me destruye.

—No creo nada de lo que dices.

Siento algo romperse dentro de mi pecho.

Literalmente.

—Por favor… Azrael…

Su expresión no cambia.

—Te dije que me dijeras la verdad.

Mi visión se nubla por las lágrimas.

—Y que si lo averiguaba por mi cuenta lo lamentarías.

Mi voz apenas sale.

—Azrael…

Entonces dice las palabras que terminan de romperme.

—Esto se acabó, Willow Graves.

El dolor en mi pecho es insoportable. Peor que la bala. Peor que cualquier recuerdo de mi infancia. Porque el hombre al que amo está de pie frente a mí… mirándome como si yo fuera un monstruo.

Y lo soy.