Reaper (Código Negro 2) Capítulo 56
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Capítulo 56

Azrael

Lanzo la botella vacía al basurero de la esquina sin fallar. El golpe seco del vidrio contra el metal retumba un segundo y vuelve el silencio. Ninguno se mueve. Ni Willow ni Troy se despiertan.

La puerta del dormitorio está entreabierta.

Willow duerme de lado, pálida, con el vendaje en el abdomen.

El médico dijo que la bala no tocó ningún órgano y que en un par de días estará bien.

Troy está dormido a su lado, un brazo sobre su cintura, como si incluso dormido necesitara asegurarse de que sigue ahí.

Respiro hondo cuando el teléfono vibra. Claus ha cruzado el perímetro de seguridad.

Joder.

Me acerco a la ventana. Su coche deportivo aparece levantando polvo en el camino de grava. Frena frente a la casa. Cierro la puerta del dormitorio con cuidado y salgo al salón.

Claus entra casi de inmediato, vestido de negro de pies a cabeza y acomodándose sus gafas antes de mirarme.

—Espero que tengas algo bueno —le digo.

—¿Ella está bien? —pregunta primero. Y luego toma asiento frente a mí en uno de los sofás.

—Lo estará.

Asiente.

—Bien. Porque lo que te traigo no son buenas noticias.

Cruzo los brazos. No hay nada peor que verla herida e indefensa.

—Si es sobre el tío has venido tarde. Sé que está en Londres y la busca. También sé todo lo que le hizo desde niña y que mando a matarla esta noche.

—Sí. Encontré los videos que traficó El Productor —dice Claus—. O lo que quedaba de ellos. Los he borrado de todas las webs que pude. Eso tiene que estarlo volviendo loco.

Aprieto la mandíbula.

—Pero hay más. — me dice.

Saca un sobre y lo deja sobre la mesa. Algo tan pequeño no debe haberlo asustado para venir hasta acá. Es grave, sino me lo hubiera dicho por teléfono. Tomo el sobre y lo abro, revelando el contenido que hay dentro.

Fotos de Willow más joven. Pero no está sola. Hay otras chicas con ella, en calles, cafeterías y otros lugares al azar.

Un patrón.

Paso otra foto. Willow sentada con dos chicas con uniforme sanitario. Paso otra. Otra ciudad. Otra chica. Otra enfermera.

—¿Qué es esto? —pregunto.

Claus se inclina hacia delante.

—El dinero que Willow enviaba a su tío… no era solo para que la dejara en paz.

Levanto la vista.

—¿Qué mierda estás diciendo?

—Durante años Willow ha estado cerca de muchas de las mujeres que luego desaparecieron.

Niego con la cabeza.

—No.

Claus empuja otra carpeta.

—Mira las fechas.

Lo abro y son más fotografías. Paso una foto. Willow saliendo de un hospital con una chica rubia con uniforme. Debajo hay una fecha.

—Tres semanas después esa chica desapareció —dice Claus.

Siento algo frío en el estómago.

—No me creo esto.

—Hay más.

Saca otra imagen. Una captura de cámara de seguridad. Willow caminando por un pasillo de hospital. Delante de ella una enfermera. Detrás… un hombre mayor, parece observarla, su mirada está demasiado puesta en ella incluso para ser captado por una fotografía.

Ese tiene que ser el hijo de puta de su tío.

—Dos días después esa mujer desapareció también.

Golpeo la mesa.

—No.

Claus me mira fijamente.

—Azrael… hay demasiadas coincidencias.

—Cierra la boca.

—No digo que ella lo hiciera voluntariamente —responde—. Pero estaba allí. Siempre cerca.

Aprieto las fotos en mi mano.

—Estás insinuando que ella era el cebo, que ella es parte de la mierda que código negro destruye. ¡Que nosotros destruimos!

Claus no responde. Eso es suficiente.

—No me creo esto —repito.

—Entonces averígualo —dice—. Porque si es mentira, alguien no quiere que lo parezca.

El silencio se queda entre nosotros. Detrás de la pared Willow sigue dormida, sin saber que las fotos sobre la mesa la muestran junto a chicas que luego desaparecieron, no puede ser casualidad, no puede ser ella la mujer de la cual me enamoré.

Miro las imágenes otra vez… algo oscuro se abre paso en mi cabeza. Una duda que no quiero tener.