Reaper (Código Negro 2) Capítulo 52
82%

Capítulo 52

Willow

Azrael es el primero en quitarme la ropa.

Lo hace despacio, casi con ceremonia, como si estuviera descubriendo algo nuevo.

Sus dedos rozan mi cabello cuando lo levanta y lo deja a un lado.

Troy, con esa sonrisa suya que siempre parece saber exactamente lo que está pasando por mi cabeza, se acerca para ayudarlo, y entre los dos terminan de liberarme de mi ropa.

De pronto estoy ahí, frente a ellos, sin esa pequeña barrera que me escondía un poco del mundo.

Retrocedo un paso.

Luego otro.

Hasta que mis rodillas chocan con el borde del sofá y caigo sentada sobre los cojines, soltando una pequeña risa nerviosa que se pierde en el aire del apartamento.

Azrael no aparta la mirada de mí.

Lento, deliberado, se quita su propia ropa.

La deja al lado de la mía, sin prisas y me deleito viendo cada línea de sus músculos, el calor que desprende su piel desde aquí, el tatuaje en su pelvis del animal venenoso y todo comienza a doler por sentirlo.

Después mira a Troy y, con un gesto breve de la cabeza, lo empuja suavemente hacia su lado, tomándolo del cuello y besándolo con un hambre voraz que no hace más que crecer mi excitación.

—Quítate la ropa—le dice.

Troy resopla divertido.

—Lo que quieras, cariño. —gruñe con deseo.

—Eso suena mejor.

Entre los dos terminan desnudos en pocos segundos, moviéndose por el salón sin pudor, sin prisa. Azrael se deja caer a mi lado en el sofá, relajado, pero con esa presencia suya que llena el espacio.

Tiene la polla en la mano.

La mueve lentamente entre sus dedos, observándome con una calma peligrosa mientras me mira los labios. La humedad brillante en la punta refleja la luz tenue del salón y, sin querer, siento que mi boca se llena de saliva.

No puedo evitar inclinarme un poco hacia él.

Solo un poco. Lo suficiente para pasar la punta de la lengua por la punta de la cabeza y Azrael gruñe. El sabor salado me recorre de inmediato, y justo cuando estoy a punto de apartarme, Azrael se mueve con rapidez.

—¡Ah! —grito cuando me levanta con facilidad y me coloca a horcajadas frente a él.

Su calidez me hace estremecer cuando me siento.

La tensión se acumula en mi cuerpo mientras su polla resbalosa se acomoda dentro mí.

Me quedo mirándolo de frente cuando se inclina para besarme con ansias, profundo, como si hubiera estado esperando ese momento desde que entramos al apartamento.

Y levanta sus caderas para penetrarme de nuevo, esta vez más profundo y grito.

Mis caderas empiezan a moverse casi solas, balanceándose sobre su polla al ritmo que mi cuerpo encuentra.

Detrás de nosotros, la música empieza a sonar.

Troy ha encendido el equipo de sonido. La voz suave en “ Can you hear me now? ” de Owsey llena el salón y el ritmo lento se desliza por la habitación como un pulso constante.

Me dejo llevar.

Azrael sigue frente a mí, sus manos firmes en mis caderas mientras el beso se vuelve más lento, más intenso. Mis tetas se balancean en su pecho y los toma con ambas manos para apretarlos y chupar mis pezones.

—Tan hermosa—me besa la punta de la nariz, mientras yo gimo con cada movimiento—qué bien te tragas toda mi polla en ese coñito apretado, Mäuschen. Sigue cabalgándote así sobre mí. Eso es.

Entonces siento a Troy detrás de mí, besando mi espalda y pasando la lengua, haciéndome estremecer cuando siento el metal deslizarse con facilidad.

Empieza a moverse al ritmo de la música, bailando con esa naturalidad suya, y sus dedos se deslizan por mi cabello con una caricia tranquila, como si tocarme fuera lo más natural del mundo.

La cabeza de su polla se desliza en mi espalda.

Caliente.

Viva.

Palpitante en su mano.

Su voz baja llega a mi oído mientras sigue moviéndose y provocándome por detrás. Y me quejo, porque quiero sentirlo a él también. Azrael relaja sus embestidas solo un segundo, únicamente para volver deslizarse dentro de mí de un solo golpe.

—¿Quieres ambas pollas, Ratoncita codiciosa? … ¿Es eso?

Asiento sin pensar. Azrael me observa con esos ojos oscuros que siempre parecen atravesarme.

—Usa tu voz, Willow —dice con suavidad—. Queremos escucharte.

Mi respiración es más profunda ahora.

—Sí… lo quiero —murmuro—. Llenen mis agujeros, por favor.

Azrael se reclina un poco en el sofá, mirándome como si estuviera disfrutando cada segundo de esto. Yo sigo moviéndome sobre él, subiendo y cayendo sobre su polla al ritmo de la música, dejándome llevar por el sonido y por la forma en que los dos me rodean.

Entonces siento a Troy acercar su polla en mi trasero, me abre las nalgas con una mano, y lubrica mi agujero con su propia excitación.

Me tenso y dejo de moverme. Empuja lentamente la punta y me sostengo de los hombros de Azrael para prepararme también con su tamaño. Se siente bien, demasiado bien y es justo como quiero sentirme en estos momentos.

Llena de ellos.

—Si te vieras—me dice—lo hermosa que te ves ahora mismo cuando Troy está a punto de reclamar también tu culo.

Siento el aliento de Troy en mi oído.

—Respira, Ratoncita —susurra—. Tienes que relajarte… vas a disfrutar cada centímetro de mi polla.

El ritmo de la canción late en mis oídos.

—Sí… —susurro, cerrando los ojos un momento—. Oh, sí…

Sonrío apenas.

—Me gusta tu polla.

Azrael lleva sus dedos a mi clítoris, y solo provoca que comience a moverme de adelante hacia atrás, la polla de Troy cada vez más dentro, la de Azrael también y estoy llena por completo nuevamente.

—Joder, sí—gimo—oh, diablos.

—Creo que le gusta demasiado nuestras pollas, Escorpión—dice Troy, comenzando a follar más rápido mi culo. Lo que hace Azrael con mi coño y mi clítoris me mantiene al borde.

La música sigue sonando mientras los tres nos movemos dentro de ese pequeño espacio de luz tenue y respiraciones mezcladas, el apartamento cubierto de nuestros gemidos y la música —el miedo, el pasado, el mundo exterior— todo hace que desaparezca por un momento.