Reaper (Código Negro 2) Capítulo 50
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Capítulo 50

Willow

Días después, respiro un poco más tranquila.

No tengo la necesidad de consumir, al menos no como antes, y eso me da una sensación extraña de control que no sentía en semanas.

Me he duchado, y el agua tibia aún gotea de mi cabello mientras salgo del baño, el cuerpo todavía tembloroso por la abstinencia reciente, pero más fuerte que hace un par de días.

Me envuelvo en una toalla y camino lentamente por el apartamento de Azrael, cada paso temblando apenas, y aún así me siento un poco más viva, un poco más capaz de mirar el mundo sin que me duela demasiado.

Desde la cocina llega la voz de Azrael, grave, firme, imposible de ignorar. Estoy en el umbral, escuchando sin querer ser vista, y mi corazón se acelera por la mezcla de miedo, curiosidad y esa atracción que todavía me consume.

—Te lo dije, esa escoria no es de por aquí. Sus hombres han cometido errores —dice, la voz cortante, afilada como cuchilla.

—¿Por qué lo dices? —responde Azrael, pero no puedo verlo, solo escucho el tono curioso, preocupado, cauteloso.

—Han llegado al club y han hablado de más, dijeron que su jefe está obsesionado con las enfermeras o una mierda así —continúa Troy, y siento un escalofrío que me recorre la espalda—. Pero anda en busca de una. Los tiene limpiando cada jodido hospital de Londres.

—¿Qué mierda dices? —pregunto.

—Lo llaman: El Productor —termina Troy, y hay un peso en esa frase que me hace enmudecer.

Me apoyo contra el marco de la puerta, el corazón golpeando en mi pecho, y siento que un frío me recorre la columna. El Productor.

—Recuerden, sé lo que hago porque soy El Productor, pequeños idiotas…hagan lo que les digo. ¡Quítense la ropa ya!

Esa voz, y esos gritos… incluso su risa, está latente en mi cerebro.

Mi respiración se hace más lenta, intentando mantenerme invisible, mientras cada palabra que sale de la boca de Azrael me hace comprender que estoy entrando de nuevo en un mundo donde la línea entre la protección y el peligro absoluto es casi inexistente, y que yo, estoy demasiado involucrada, demasiado cerca, demasiado… atrapada.

Doy un paso hacia la puerta, intentando escuchar mejor, intentando comprender lo que Azrael y Troy dicen, pero el miedo me paraliza más de lo que quiero admitir.

Mis manos tiemblan, apoyadas apenas en el marco, y siento que todo mi cuerpo se sacude como si estuviera a punto de romperse en pedazos.

Quiero retroceder, pero mi pierna golpea el borde de la alfombra, un movimiento torpe, y de repente el mundo gira demasiado rápido.

—No… —susurro, tratando de mantenerme firme, pero mis rodillas me traicionan.

Antes de que pueda reaccionar, Azrael y Troy giran justo a tiempo y me ven.

La mirada de ambos se clava en mí, un instante congelado donde sé que he sido descubierta.

Palidezco, el corazón me late tan fuerte que siento que va a estallar en mi pecho, y una oleada de pánico me atraviesa de inmediato.

Quiero retroceder, quiero huir, pero mis piernas no responden, y siento que caigo de golpe al suelo.

—¡Willow! —grita Azrael mientras se lanza hacia mí, cada paso firme, cada músculo tenso—. ¿Qué pasa? ¿Te duele algo?

—Ese hombre… ese… —mi voz se rompe, un hilo tembloroso mientras intento incorporarme, pero mis manos tiemblan demasiado, y siento que no puedo sostenerme.

Las manos de Azrael rodean mi cintura, evitando que el impacto me haga lastimarme más.

Troy está a mi lado en segundos, sosteniéndome los brazos, buscando entender lo que me ocurre.

Mis ojos buscan los de Azrael, suplicando, y él me mira como si pudiera leer cada pensamiento que no me atrevo a pronunciar.

—¿Lo conoces? —pregunta Troy, apenas audible, con la garganta ardiendo y el miedo consumiéndome.

Azrael aprieta la mandíbula, sus ojos oscuros clavados en los míos, y por un segundo siento que el mundo se detiene:

—El Productor… hijo de puta —dice entendiendo la verdad en mis ojos, y sus palabras son como una daga que corta la habitación.

—¿Quién es? —pregunta Troy, tratando de mantener la calma mientras me sostiene, pero no puede ocultar la alarma en su voz.

—La busca a ella —responde Azrael, la voz grave, firme, cargada de advertencia y amenaza—. Es su tío.

El aire se me corta. Siento que la gravedad me tira hacia abajo, que mi cuerpo se hace pequeño y frágil frente a ellos, y aunque están aquí, sosteniéndome, el terror me consume de inmediato.

No puedo apartar la mirada de Azrael; necesito verlo, necesito que él me sostenga, que me diga que nada va a tocarme.

—No… no puedo… —susurro, el cuerpo temblando, la voz rota—… él está aquí…

Azrael me prieta hacia él con fuerza, firme, dominante, y su cercanía me hace estremecer de miedo y de una sensación extraña que mezcla deseo y necesidad:

—Shh… Mäuschen —susurra—. Lo sé. Lo sé y no permitiré que te toque. No mientras yo esté respirando.

Troy me mantiene erguida mientras Azrael me rodea con su brazo. Estoy aterrada, vulnerable, y completamente atrapada… pero segura, al menos mientras Azrael y Troy estén cerca.

Mis piernas flaquean otra vez. Troy me sujeta aún más fuerte junto a Azrael, pero mi cuerpo quiere soltarse, desplomarse, rendirse al miedo que me consume.

—Yo… —mi voz se rompe—… no puedo… no puedo enfrentar esto…

—Mira, Willow —dice—. No voy a permitir que nada te toque. Ni él, ni nadie. Nadie entra en tu vida mientras yo esté respirando. Lo que sea que venga, lo enfrentaré. Nada ni nadie nos separará de ti.

Su proximidad me hace temblar de otra manera, diferente al miedo. Es peligroso, imposible, intoxicante. Quiero apartarme, pero cada movimiento mío es contenido por su control absoluto, y en su abrazo hay un mensaje silencioso: “ Eres mía. Mientras yo esté aquí, nada te destruye.”

Troy me mira, intentando procesar, mirándome con la misma intensidad. Mi mirada se mueve de Azrael a Troy y de nuevo a Azrael, intentando entender, intentando encontrar un refugio, y me doy cuenta de que mi seguridad absoluta depende de ellos. Porque en estos momentos, no me siento fuerte.

—Ese tipo… ese hijo de puta —susurra Troy—. ¿Por qué ahora? ¿Por qué…?

—Porque siempre encuentra lo que quiere —respondo. —Le dejé de enviar dinero, la amenaza siempre estuvo ahí.

—¿Por qué te pide dinero? —las preguntas no acaban. Si ellos supieran que, esa no es la única verdad.

—Porque es la manera de mantenerlo lejos. Sin contacto. Sin…abusos. Ese fue el trato.

Siento que me abrazo a Azrael casi sin darme cuenta, temblando, y él no me aleja.

Sus manos me sostienen, me mantienen erguida, y aunque el miedo me consume, hay algo en su presencia que me ancla, algo oscuro, posesivo y absoluto que me hace sentir que todavía hay una oportunidad de sobrevivir, de luchar, de no ceder al terror que me ha perseguido desde que recuerdo.

—Debemos estar preparados —dice Azrael, mirando hacia la puerta, los músculos tensos, los ojos negros como la noche—. No sabemos cuándo dará el siguiente paso. Pero mientras yo respire, nadie tocará a lo que es mío.

—Y mío—termina Troy. —seguiré sirviendo bebidas a esos hijos de puta para que hablen.