Capítulo 41 #2
—Los quiero... a ambos.
Troy sonríe satisfecho. Azrael no sonríe, pero sus dedos se tensan apenas.
—Entonces deja de fingir que esto es solo para distraerte.
Me carga y me lleva hasta la habitación, una gran cama king nos saluda, con sábanas negras y un cabecero negro terciopelo.
Me coloca con cuidado hasta que mis pies tocan el suelo y me empuja.
Troy nos ha seguido riendo como un adolescente travieso, al entrar no duda en arrodillarse frente a mí, apoyando los brazos en mis muslos, mirándome como si yo fuera el centro exacto de su entretenimiento.
—Siempre te pones roja cuando él habla así —dice, divertido.
—Cállate.
Azrael se inclina a mi lado y el colchón se hunde y murmura contra mi oído:
—No lo mandes a callar. Me gusta cuando se pone creativo.
Troy alza la vista hacia Azrael con una sonrisa cargada de complicidad.
—¿Quieres que sea creativo?
—Quiere que la hagamos olvidar ya la escuchaste. —le dice Azrael.
Mi respiración se quiebra apenas. Troy vuelve a mirarme.
—Eso puedo hacerlo. Despacio… o como te gusta de verdad.
—Lo quiero todo—susurro, pero mi rostro se esconde cuando bajo hacia mis manos.
Azrael desliza los dedos por mi cuello hasta mi clavícula.
—Míranos cuando hables —dice—. No bajes la vista.
Y no lo hago. En esa habitación no soy la enfermera golpeada, ni la mujer que intenta no llorar en un bar. Soy la que eligen. La que desean. La que controlan solo porque yo lo permito.
— Mäuschen … hoy vas a gritar otra vez. —me da un beso suave en los labios—levanta los brazos.
Sus manos se apartan de mi cuello y me quita la chaqueta primero y luego la camisa, en ella se va también mi sostén y los pezones se endurecen más con el cambio de temperatura.
Azrael no aparta la mirada de mí cuando Troy lleva una mano a uno de mis pechos y los acaricia; no hay celos ahí, no hay competencia, hay algo más oscuro y más íntimo: confianza y entrega.
Entre ellos no existe la duda, solo un lenguaje propio en el que yo soy el centro, pero no el motivo de conflicto. Soy el punto de unión.
Troy desliza los dedos lentamente por mis muslos, observando cada cambio en mi respiración como si estuviera afinando un instrumento, y Azrael se inclina más cerca, su pecho rozando mi espalda, su calor envolviéndome hasta que la habitación parece más pequeña, más densa.
Me quita mi pantalón de cuero cuando los saca por mis tobillos junto con mi tanga.
—Mírate —murmura Troy, inclinando apenas subiendo por mi cuerpo para buscar mis ojos—. Hace cinco minutos querías ahogar algo con whisky… ahora ni siquiera recuerdas por qué estabas temblando.
—No estaba temblando —susurro, aunque mi voz no tiene la firmeza que intento fingir.
Azrael desliza su mano por mi otro pecho y la aprieta un pezón lo suficiente como para hacerme consciente de cada centímetro de contacto.
—Sí.
Su boca roza mi oído.
—Y ahora estás caliente.
Las mejillas vuelven a arderme, pero no aparto la mirada.
Azrael no lo contradice. Sus dedos se deslizan por mi clavícula, lentos, deliberados, como si estuviera reclamando territorio sin necesidad de marcarlo con palabras. Hasta que llega a mi pelvis, luego Troy me abre las piernas y Azrael desliza su mano por mi raja y me encuentra húmeda y lista.
—Dime que lo quieres —susurra contra mi piel.
No puedo. Troy se inclina un poco más cerca, su voz baja, cargada.
—Dilo y paramos.
Esa es la parte que siempre me desarma: la elección. Nunca me toman. Nunca me arrastran. Siempre me dejan decidir.
—No quiero que paren —respondo al fin, sosteniendo la mirada de Troy y luego la de Azrael.
El ambiente se vuelve más intenso, casi desafiante, mientras sigo disfrutando del dulce sin importarme ensuciarme un poco.
—Qué golosa eres —murmura uno de ellos, con una media sonrisa.
Troy se coloca a mi lado, rozando mi hombro mientras me observa con calma. Azrael no tarda en acercarse también, atento a cada gesto, como si le divirtiera verme así.
—Pídelo —dice Azrael.
Mi pulso se acelera.
—Lo quiero todo —respondo al fin, sin apartar la mirada.
—En la cocina, el otro día… te preparé para algo como esto.
Sus palabras me atraviesan y trago saliva. El recuerdo me golpea de lleno, demasiado vívido: la presión, la cercanía, la forma en la que supo exactamente hasta dónde llevarme sin romperme y sus dedos dentro de mi culo y coño.
Pero cuando veo el juguete anal en forma de diamante que tiene Troy en la mano me tenso. No porque sienta miedo, mi culo ya lo está deseando.
—¿Quieres esto, Ratoncita ?
Troy se acomoda nuevamente entre mis piernas moviendo suavemente el juguete para que lo observe. Azrael se mantiene firme a mi espalda haciéndome saber que está de acuerdo con todo y a su vez, que detendrá cualquier cosa si me siente dudar.
Troy desliza el juguete por mi abdomen suavemente y me estremezco por el metal, sus manos dejan suaves caricias en mis muslos mientras yo me recuesto entre agradables temblores en el pecho de Azrael.
Ambos me llevan a un frenesí que me aturde y me llena de deseo.
Troy sigue bajando con el juguete, acariciando con este suavemente entre mis piernas y dejando el metal lleno de mis fluidos.
El frío del metal no dura mucho ya que los labios de Troy llegan rápidamente hasta mi centro y comienza a lamer sin piedad alguna.
Siento las lamidas sin frenesí y luego siento que se concentra en mi clítoris. Estoy por correrme de nuevo, no sé si por la necesidad, por la calentura, por el deseo de olvidar o porque Troy es un experto comiendo coños, pero estoy tan cerca que no me importa correrme una y otra vez.
Mi espalda se arquea y pequeñas gotas de sudor bajan sobre mi frente cuando me corro con un grito y Azrael aprieta con fuerza mis pezones.
Mis mejillas se ruborizan y suaves gemidos que no puedo contener inundan toda la habitación.
Yo sigo a un lado de la cama con las piernas colgando y Troy me desliza de manera que, mi vagina quede convenientemente en el borde de la cama y siento la joya en mi culo.
Completamente lleno.
¿En qué momento lo metió ahí? Joder, eso se siente muy bien.
—Ahora dime, Willow —dice Azrael, su voz baja, firme—. ¿A quién quieres en tu culo?
El silencio pesa. Troy no se aparta, su presencia es constante, casi envolvente. Siento su respiración rozando mi cuello, sus dedos deslizándose apenas por mi brazo, provocando sin apurar.
Mi pulso se dispara.
—A ti —respondo, apenas en un susurro.
Algo cambia.
Sus movimientos son demandantes pero pausados, delicados incluso, sus labios dejan suaves caricias en mi cuello y se van acercando hasta mi mejilla.
Suaves caricias, pequeñas promesas me dejan sus labios en la piel y no puedo evitarlo, mis labios acaban buscando su boca con desespero y anhelo y el regresa el beso.
Con mucho control.
Troy no se aparta. Al contrario, se acerca más.
Mis labios siguen en una sabrosa guerra de deseo sobre la boca de Azrael, pero Troy demanda mi atención jalándome suavemente.
Azrael solo observa, pero no me detiene, yo me acerco a Troy pero el movimiento hace que el juguete se mueva en mi culo y eso genera un nuevo estímulo que hace escapar un gemido de mis labios.
Troy me arrastra por la cama suavemente apegado a él y me hace poner de pie, mi cuerpo se tensa ante la invasión en mi culo, pero mantengo el control probando este nuevo placer. Azrael se mantiene en la cama observando mi cuerpo, pero puedo notar cómo sus ojos me devoran con deseo.
—Mierda—gimo, y me agarro de ambos. Necesito correrme de nuevo, como los necesito sentir a ellos dentro de mí.
Me quedo sin aire.
Azrael inclina la cabeza, observándome como si estuviera midiendo cada reacción, cada pequeño gesto que me traiciona.
—Mírame —ordena en voz baja.
Lo hago.
Y cuando sus labios finalmente rozan los míos, un beso profundo, como una declaración.
Como si marcara territorio sin necesidad de decirlo en voz alta.
Troy se mueve a mi lado ahora sin ropa y Azrael comienza a desvestirse con su ayuda, estoy demasiado mareada, demasiado embelesada con sus bellezas que solo puedo verlos jugar entre sí.
Estoy atrapada entre los dos.
Y no quiero escapar.
Lo observo sin querer hacerlo de manera evidente, pero es imposible no fijarse.
Tiene una belleza que no es delicada ni frágil, sino firme, marcada por una seguridad que se siente en cada gesto mientras me sonríe con picardía, es su manera en que respira, en cómo sus movimientos son siempre precisos, como si nos conociéramos de toda la vida, o como si dos almas que han sufrido por fin se conozcan.
Su mirada vuelve a mí, intensa, directa, como si supiera exactamente lo que pienso incluso sin que lo diga.
—Dame ese coñito apretado , Ratoncita y ponme esas lindas tetas en mi cara.
Las paredes de mi vagina aún se están contrayendo por el anterior orgasmo, así que me preparo también para su tamaño, una polla muy hermosa, gruesa y rosada que ya está llorando de excitación.
Me acerco hasta la cama suavemente y me subo a gatas, esto me arranca un pequeño gemido porque mis movimientos generan fricción en mis paredes y hacen que mi ano se tense alrededor de la joya.
Ya sobre la cama, me acomodo entre sus piernas y le doy una lamida desde la base, le paso la lengua hasta la punta, saboreando la parte salada que reclama mi coño.
—Eso es jodidamente sexy, Mäuschen —dice Azrael, pellizcando el juguete de mi culo y sacando más humedad de mi vagina para chuparse los dedos.
Saco el pene de Troy de mi boca y lo monto, no sin antes Azrael tomarme fuerte del cuello y hacer que lo bese, su lengua reclama la mía y me pierdo de pronto en la droga que me dan siempre sus besos.
—Quiero verte montarlo, Willow. Quiero ver cómo te deshaces por su polla como lo haces por la mía.
Me coloco sobre Troy y llevo su polla a mi entrada resbaladiza.
Me masturbo primero con ella antes de meterla y puedo ver cómo se contiene, tiene los labios entre abiertos y su mirada me quema.
Me deslizo poco a poco. Ambos tienen una polla grande, así que lo tomo con calma, pero Troy tiene otros planes, me mira por un momento y me dedica una mirada traviesa cuando levanta de pronto sus caderas y me penetra hasta el fondo.
—Oh, mierda—gimo de puro placer. El ardor, la llenura, todo me supera en estos momentos cuando Azrael vuelve a reclamar mi boca y hace que me mueva mientras me besa. Troy me agarra de las caderas y empuja rítmicamente de abajo hacia arriba.
Azrael deja de besarme y lo siento cuando se coloca detrás de mí. Su mano caliente va a dar a mi espalda, primero me acaricia al mismo tiempo en que hace que me agache hasta que mis tetas rozan la cara de Troy, y él no toma de una a una mis pezones para rozar el metal de su lengua en ellos.
Azrael saca con cuidado el juguete de mi ano y me quejo del vacío que siento.
—No te preocupes, pronto lo llenaré—dice, depositando un beso en mi cabeza.
Y siento que acaricia mis pliegues, llevando mis fluidos hasta mi ano. Me preparo para sentir la cabeza haciendo presión para entrar.
—Respira—gruñe, penetrando suavemente mi ano y llenándome de a poco. Sé que se está conteniendo mientras gimo no solo de dolor, sino de que ese mismo dolor me llena de placer.
Troy besa mis pezones y lleva una de sus manos hasta mi clítoris y comienza a acariciarlo.
—Eso es, Ratoncita. —lo acaricia sin frenesí y al mismo tiempo me muevo sintiendo más dentro de mí a Azrael.
Es la mejor sensación.
—Oh, Dios…yo…no puedo…joder—chillo y comienzo a moverme, sintiendo la polla de Troy en mi coño y la de Azrael en mi culo. No me muevo más cuando ellos toman el control y comienzan a penetrarme a un ritmo perfecto.
Troy no deja de besar mis labios y morder fuerte mis pezones. Azrael acaricia mi espalda y lleva también uno de sus dedos a mi clítoris cuando Troy se lo permite.
Ahora los dos están acariciando mi clítoris al mismo tiempo, manteniendo la presión perfecta mientras bombean mis orificios al mismo tiempo.
—Mierda, voy a correrme—les aviso a ambos.
Sus embestidas siguen firmes y sonoras, la combinación de sus gruñidos y mis gemidos lo acompañan.
Cuando no puedo más grito de placer llegando al orgasmo más duro que he vivido nunca.
Siento primero palpitar el pene de Troy cuando llega al clímax y me inunda con su semen caliente que puedo sentir que gotea fuera.
No por eso deja de embestirme ni de apretar mis caderas.
Como tampoco Azrael se detiene ni deja de gruñir en mi espalda cuando de pronto toma mi cabello y me hala hacia atrás para embestirme más fuerte.
Mis paredes lo aprietan y otro orgasmo me ataca.
—Qué bien lo haces, Willow—ese es Troy, recuperándose de su orgasmo mientras deposita besos por todos lados de mi rostro y pecho.
Azrael ataca mi culo como un animal y no me quejo, me gusta. Como también me gusta la forma en cómo Troy ahora me ve, con deseo, con lujuria y con algo más, es esa mirada de que sabes que, estás atrapado.
Bueno, el sentimiento es mutuo.
Azrael se corre con un gutural gruñido y Troy lo ve por un segundo sonriente. Me dejo caer en el pecho de Troy solamente cuando Azrael suelta mi cabello, y luego Azrael deja caer parte de su cuerpo sobre mí. Los tres estamos jadeando, el olor a sexo se siente en el aire.
Y mi corazón como mi coño y culo, están llenos.