Capítulo 35 #2
Su cabello en cola desordenada se ve llamativo, la costumbre de siempre verlo con aquella trenza que entrega esa sensación de dominio completo, se ve desmoronada con el moño limpio que carga esta vez.
Su camisa lleva tres botones sueltos lo que me permite dejar a la vista un pequeño rastro de tinta que marca su pecho, no obstante, puedo apreciar aún más detalles de su hermosura cuando se ha puesto en movimiento, como si se tratara de una apasionante danza, al momento que ha comenzado a mover las ollas de la encimera para evitar lo que fuera lo que estuviese cocinando para mí no se quemara.
En estos momentos solo puedo frotar mis piernas intentando apaciguar el calor que comienza a crecer solo por sentir sus labios sobre los míos nuevamente.
No sé en qué momento su lengua ha pasado a buscar la mía, pero solo puedo responder con desespero a la necesidad de él que crece y crece en mi interior.
—Que bien sabes, Ratoncita — susurra apenas separándose de mis labios y brindándome una pequeña lamida en el labio inferior. —pero en estos momentos lo que menos quiero es saborearte así que tomaré por mi cuenta lo que deseo.
Siento su mano apretar un poco más fuerte mi cuello, pero la aparta sin darme tiempo de prevenirlo, solo me quedo unos segundos con la sensación aun de sus manos en mi piel. Él toma distancia de mí, y me genera un poco de frío, ante ello mis pezones protestan como respuesta.
—¿Me harás daño? — no puedo evitar preguntar cuando noto que se ha comenzado a quitar el cinturón.
—Solo el que estás dispuesta a disfrutar, pero ya que te reúsas a decirme la verdad, creo que es justo que yo también ponga a prueba tu confianza en mí.
Ante sus palabras solo siento cómo mi cuerpo se estremece y mis piernas tiemblan, son unas traidoras ante la expectativa y sensualidad que desprende este hombre.
Sin previo aviso, Azrael sujeta mis manos, las cuales han caído libres sobre mis piernas cuando se ha apartado. Me siento expuesta, vulnerable, pero no tengo miedo, podría confiarle la vida a este hombre y miedo sería lo último que llegase a tener.
—Voltéate para mi Willow. Quiero que separes tus piernas y te recuestes sobre la encimera.
Su petición me saca de mis pensamientos y solo puedo levantar unos segundos la mirada para buscar en sus ojos alguna señal que me haga desconfiar, algo, pero lo que encuentro en sus ojos no es más que puro deseo.
Doy un paso al costado para no golpearme con el taburete y me acerco a la encimera para recostar mi cuerpo levemente de la misma forma en la cual él me lo ha demandado.
Al apoyar ya mis pechos sobre la superficie fría. Suelto un pequeño resoplido, provocado por el golpe inesperado en mi trasero. Lo que hace que me voltee de golpe y me encuentre con su sonrisa triunfante en sus labios.
—¿Se puede saber qué diablos haces?— gruño, no puedo evitar sonar alterada ya que el golpe me ha tomado por sorpresa.
—Te he dado una orden y considerando que me has hecho esperar, también estabas soltando gemidos que me han impacientado.
La voz de Azrael es profunda, dominante y puedo notar un pequeño tono de enojo, cosa que no puedo reprochar luego de todo lo sucedido, por lo cual, sin más quejas me vuelvo a girar y me tiendo en la encimera de la misma forma que antes me ha pedido.
Al encontrarme sobre la superficie, siento cómo sus manos sujetan mis muñecas y a su vez, algo duro las deja a estas inmovilizadas a mi espalda.
—Te vez perfecta ahora mismo, simplemente eres un deleite para mi vista.— murmura Azrael, mientras puedo escuchar el tintineo de la hebilla de su cinturón debido al movimiento que ejerce para marrar mis manos a mi espalda.
Luego de unos pequeños momentos, ahí, tumbada y de manos atadas, siento sin aviso alguno las manos de Azrael acariciar mi trasero y separar este con sus grandes manos.
—Definitivamente eres una de mis vistas favoritas.
Su voz me hace estremecer, no sé en qué momento ha sucedido pero el susurro lo he sentido por completo sobre mi vagina.
Sin poder evitarlo apenas giro un poco la cabeza para poder apreciar las vistas que me puede entregar y me sorprendo al encontrarlo arrodillado, separando mi culo con sus grandes manos y muy cerca de mi cuerpo, tan peligrosamente cerca que puedo sentir su respiración en mis partes sensibles.
Sin siquiera esperarlo, me brinda un agarre aún más firme y me estremezco por completo cuando siento una lamida completa por mi raja. Sin poder evitarlo solo me retuerzo mientras sus lamidas se vuelven lentas y tortuosas, pero mantienen sus inicios. Comienza en mi centro y acaba en mi culo.
—Sabes maravilloso , Ratoncita , no tienes idea del festín que me daré.
Ante sus palabras siento cómo las manos grandes de Azrael solo separan mi piel con la finalidad de exponer más y más mis partes sensibles, aunque en estos momentos mi alma podría ser expuesta a manos de él y yo solo sentiría tranquilidad.
Los movimientos se vuelven más certeros, algo más invasivos porque con cada lamida, mi centro se va mojando y también siento una pequeña presión alrededor de mi culo cada vez que su lengua llega a aquella zona inexplorada de mi cuerpo lo cual genera que, de forma inconsciente me tense.
—Confía en mi Willow, me encargaré que no dudes del placer que le puedo entregar a tu cuerpo.
Cuando escucho sus palabras tan sensuales y cargadas de significado, no puedo evitar soltar un gemido, pero también es porque uno de los dedos de Azrael ha presionado mi entrada trasera, empujando suavemente, con la intención de invadir lo inexplorado.
No puedo evitar estremecerme, mi cuerpo arde y ante cada lamida, mi orgasmo va creciendo más y más desde mi interior exigiendo salir, pero no puedo evitar distraerme cuando un segundo dedo se encarga de acariciar nuevamente mi entrada, exigiendo entrar.
Ni siquiera he notado cuando el primer dedo se ha introducido porque la lengua de Azrael sobre mi clítoris definitivamente me ha hecho desconectar cada uno de mis sentidos a la coherencia, pero esta vez con dos dedos, se vuelve un poco más notorio. Me siento más llena.
Los movimientos siguen un mismo ritmo, algo pausado y delicado pero morboso porque la lengua de Azrael no deja de jugar en mi coño mientras sus dedos abren mi trasero.
—Az...rael.— No he llegado a notar cuando he pasado a disfrutar la invasión de sus dedos en mi culo y me encuentro a medio gemir su nombre por el placer.
La habitación está llena de los sonidos de sus lamidas, las cuales se mezclan con mis gemidos causando una sensual melodía, no puedo evitar sentir que me derrito de placer pegada a la encimera de la cocina que casi nunca uso.
—Vas a correrte para mi ratoncita, vas a darme ese orgasmo y luego usaré tu cuerpo para el placer del mío.
El ritmo de sus movimientos se vuelve más castigador, abrazador y sin piedad cuando las envestidas de sus dedos se vuelven más rápidas y su lengua no deja de atender y torturar mi palpitante clítoris.
Los minutos pasan y mi cuerpo no deja de arder, los movimientos de Azrael se han vuelto de alguna forma aún más placenteros y sin poder aguantar mucho más, mi cuerpo se deja ir en un explosivo orgasmo que me hace estremecer contra el mármol de la encimera y a su vez, llego a morder mi labio para callar el grito que amenaza en escapar de mis labios cuando noto la penetración invasiva en mi culo.
Si bien estaba preparada, en cierto modo, el tamaño de Azrael no deja de ser menor, por lo que me siento totalmente llena hasta mis entrañas y ante ello mi cuerpo no deja de temblar porque el orgasmo que sigue vibrando en mi interior.
Me tenso alrededor de su polla y eso parece gustarle cuando lo escucho gruñir.
—Eres perfecta. —me dice, sus palabras son susurradas sobre mi nuca mientas siento su cuerpo apoyarse al mío.
No sé en qué momento se ha puesto de pie, no sé en qué momento se ha acomodado, pero si he podido saber qué se siente tocar el cielo a manos de un ser oscuro que solo rebosa sensualidad ante cada movimiento que da.
Acerco la mejilla al mármol frío y me abandono a la sensación, dejando que el placer tome el control porque ya no me queda nada más.
Mi cuerpo responde por sí solo, aferrándose a cada embestida, a ese roce cada vez más profundo.
Siento sus caderas chocar contra mí, firmes, implacables, mientras él crece dentro de mí, llenándome poco a poco, arrancándome el aliento y cualquier intento de resistencia.
Mi alma se desnuda ante la intensidad que me entregan sus caricias y puedo notar que el momento de otro orgasmo se acerca cuando lo siento palpitar dentro y su agarre se vuelve más fuerte.
Somos dos almas entregadas al placer en estos momentos y no puedo evitar sentirme culpable por lo que nos depara el futuro, pero decido borrar esos pensamientos de mi mente mientras siento como Azrael se libera en mi interior con un gruñido grave que me sacude por completo, arrastrándome con él al abismo.
Lo sigo sin resistencia, alcanzando un segundo clímax bajo el peso de su cuerpo, mientras cada parte de él parece reclamar mi nombre como si le perteneciera.