Capítulo 34
Azrael
Ella aún duerme.
Han pasado tres horas desde que la encontré caminando bajo la nieve, perdida, con esa mirada que ya he visto antes en personas que regresan del combate fingiendo que todo está bajo control cuando por dentro algo se les está pudriendo en silencio.
Willow es jodidamente buena fingiendo que todo se debe a sus ataques de pánico, que lo que la sacude por dentro es solo ansiedad mal gestionada y turnos demasiado largos en el hospital, pero yo reconozco a una víctima cuando la veo, y también reconozco a alguien que aprendió a sobrevivir ocultando partes enteras de sí misma.
Mi chica tiene un pasado, lo sé. Y voy a averiguarlo.
Rebobino el vídeo en la tableta que tengo entre las manos.
Estoy sentado en el pequeño sofá de su habitación, observándola dormir mientras en la pantalla desfilan fragmentos de otra versión de ella.
Ha llorado dormida. Se ha quejado como si los fantasmas en algún lugar estuvieran inclinándose sobre su cuerpo para susurrarle palabras sucias al oído, y aunque no entiendo todavía quién o qué la persigue realmente, sé que no es solo el pánico.
Hay memoria en esas lágrimas. Hay historia.
Y luego está eso.
La habitación detrás del closet.
Sonrío sin humor al recordarlo. Fue casi decepcionantemente fácil encontrar el mecanismo oculto.
Una ligera diferencia en la pared, un sonido hueco donde no debería haberlo.
Empujé, cedió. Neón rosa y azul iluminando una estancia que no encaja con la enfermera que sale agotada del hospital cada mañana.
Una habitación diseñada para ser vista. Una cámara de alta gama.
Iluminación profesional. Un ordenador potente.
Todo organizado con una precisión que no deja lugar a la improvisación.
Hackearlo fue sencillo. Ridículamente sencillo.
Lo que no fue sencillo fue lo que encontré dentro. Cinco millones de suscriptores en una página para adultos. Cinco millones observándola mientras hace lo que ellos piden a cambio de dinero. Cinco millones pagando por verla ser algo que yo no sabía que era.
No es que la creyera santa. Nunca fue inocente en el club de Troy, y jamás la quise así. Pero verla responder a comentarios, leer peticiones, cumplir fantasías ajenas con esa seguridad calculada… hace que vea rojo. Porque ella es mía, joder.
Hay muchas explicaciones posibles. De las cuales no sé si tengo derecho, pero me importa una mierda, porque de igual forma me las tendrá que dar.
Es su vida privada. Una que no me ha importado irrumpir con mi acoso cibernético. Pero ¿cómo no me di cuenta antes?
Miro alrededor del apartamento. Es lujoso. Caro. Demasiado caro para el salario de una enfermera, incluso haciendo turnos dobles. He visto sus horarios. He visto sus nóminas. No cuadran con esto. No cuadran con el mobiliario, con la ubicación, con la calidad de todo lo que la rodea.
¿Cómo no pude detenerme en los detalles antes?, ¿Es por esto que lo hace?, ¿Para pagar su vida de lujos?
No.
No tiene sentido. Abro otra ventana en la tableta y entro en su cuenta bancaria. Tardo menos de lo que debería.
Me quedo mirando la pantalla con asombro luego de dar con la información y leo su contenido: Saldo disponible.
—Mil dólares en ahorros… —murmuro en voz baja, incrédulo.
Algo no cuadra. Eso no es nada. Nada para alguien que recibe miles en regalos virtuales y suscripciones. Nada para alguien con cinco millones de hombres y mujeres enviándole dinero por cumplir sus deseos frente a una cámara.
Entonces, ¿dónde está?
El dinero no está en su cuenta. Y ella camina sola bajo la nieve drogándose lo suficiente para callar el ruido en su cabeza.
Vuelvo a mirarla.
Está de lado, el cabello desordenado sobre la almohada, el rostro limpio ahora, vulnerable de una forma que no le gusta mostrar cuando está despierta. Parece más joven así. Más pequeña. Pero sé que no lo es.
Sé que hay acero bajo esa piel.
—¿Quién eres, Mäuschen ? —pregunto en voz baja, sin esperar respuesta.
La observo respirar.
Hay algo que no encaja. Y no es solo la habitación secreta ni la página ni los suscriptores. Es la contradicción entre el dinero que entra y el vacío que queda. Entre la mujer que domina una pantalla y la que se desmorona en la nieve.
Voy a averiguarlo. Y cuando lo haga, no habrá vuelta atrás. Porque si alguien la está usando, lo destruiré. Y si ella me ha mentido…
Entonces tendremos una guerra muy distinta dentro de estas paredes.