Capítulo 30
Willow
El salón de Hunter está cubierto de catálogos, muestras de telas, listas escritas a mano y una botella de vino abierta que apenas hemos tocado.
La luz de la tarde entra por los ventanales y hace que todo alrededor parezca más ligero de lo que en realidad es.
Estamos planeando el cumpleaños de Max como si fuera un evento diplomático, más no una celebración íntima, pero tratándose de un Hass… nada puede ser sencillo.
Hunter está sentada en el suelo, con las piernas cruzadas, el ceño fruncido mientras revisa una lista interminable de invitados.
—Vendrás, ¿verdad? —me pregunta sin levantar la vista.
—Claro que sí —respondo, acomodando unas tarjetas doradas sobre la mesa baja.
Hace una pausa y apenas levanta la mirada hacia mi persona. Sé que la pregunta real aún no ha salido.
—¿Qué pasa entre tú y Azrael?
Mi mano se detiene apenas un segundo.
—¿Por qué lo preguntas?
Hunter suspira y deja la lista a un lado.
—El otro día tuvo uno de sus episodios… y logró recordar cosas. Cosas que a nosotras nos gustaría olvidar.
La miro.
—La subasta.
—Sí —asiente con gravedad—. Recordó que estabas ahí. Y yo también.
El aire cambia. Siempre cambia cuando ese recuerdo entra en la habitación.
—¿Qué le dijeron? —pregunto en voz baja.
—Le dije la verdad. Que nos ayudó. Que él también estuvo allí. Que no nos dejó solas.
Trago saliva.
—Pero eso no es todo lo que recordó al parecer—continúa—. Preguntó qué había entre ustedes.
Siento mi pulso acelerarse, aunque intento que no se note.
—¿Y qué le dijiste?
Hunter me observa con esa mezcla de ternura y complicidad que solo ella me sabe tener.
—Hasta donde sé, solo sabía que se gustaban… y bueno, se podría decir que le dije que a ti te gustaba y mucho.
—Oh, Dios mío… —cierro los ojos un segundo y cubro mi rostro apenas un momento para darle una tregua a mis pensamientos—. Es por eso que actúa extraño cuando me ve.
—¿Hice mal?
Niego levemente con la cabeza antes incluso de que yo le responda. Extiendo las manos y tomo las suyas.
—No —aprieto sus dedos—. No hiciste mal. Es verdad. He estado enamorada de Azrael desde el primer momento en que lo vi.
Decirlo en voz alta duele, quema y libera al mismo tiempo.
—Pero es complicado —añado.
No le voy a contar lo que pasó en el restaurante.
Aún no lo proceso del todo. La forma en que Azrael me llevó al límite de ser yo misma, de reconocer mi necesidad de sentirlo, de mirarlo sin máscaras y sucumbir a esa pasión oscura que siempre ha existido entre nosotros…
es algo que no olvidaré jamás. Y sé que no fue un final. Fue solo el principio.
—Entonces… ¿Ustedes están bien? —pregunta Hunter con suavidad, entrelazando sus dedos con los míos y brindándome aquella ternura que solo a ella le caracteriza—. ¿Ya no lo evitarás?
Suelto una pequeña risa sin humor.
—Es mi vecino, Hunter. No puedo evitarlo si quisiera hacerlo. Aparte, es el hermano de tu marido… ya sabes cómo funciona lo de querer evitar a un Hass.
Ella sonríe, totalmente enamorada solo por recordar a Max.
—Eso es cierto.
Pero algo en su expresión cambia. Hay nerviosismo. Un brillo distinto en sus ojos.
La observo con atención, manteniendo mis manos entrelazadas con las de ella.
—¿Estás bien?
Duda un segundo, la noto algo inquieta y suavemente libera una de sus manos de mi agarre.
—Hay algo más…
Se lleva la mano al bolsillo del suéter y saca algo pequeño, blanco. Tardo medio segundo en entender lo que estoy viendo.
Una prueba de embarazo, es positiva.
Dos líneas, hay dos líneas.
Ahogo un grito, llevándome la mano libre a la boca mientras ella sonríe con los ojos brillantes, llenos de felicidad.
—¿Qué? Oh, Dios mío… estás…
—Sí —asiente, riendo nerviosa—. Las siete pruebas que escondí en el baño lo comprueban. Esta es la última. ¿Crees que estará feliz?
La miro, todavía procesándolo, pero sin duda estoy feliz por mi amiga.
—¿Tú lo estás?
Sus ojos se llenan de algo tan puro que me aprieta el pecho.
—Nunca había sido tan feliz en mi vida.
Sonrío ampliamente, no puedo evitar acunar la mano que aún le sujeto y darle suaves caricias para tranquilizarla.
—Entonces no hay nada de qué preocuparse. Max se volverá loco.
—Ni que lo digas.
Me levanto del sofá y la abrazo con fuerza.
—Ven aquí.
La aprieto contra mí, sintiendo su risa vibrar entre las dos.
—Estoy tan feliz por ti —susurro levemente y llevo una de mis manos a su cabello para acariciarla.
Y lo estoy. De verdad.
El abrazo con más intensidad, sin llegar a lastimarla y pienso en cómo la vida puede cambiar en un segundo. En cómo ella está a punto de darle una noticia a su marido que transformará su mundo para siempre. Y en cómo yo… estoy al borde de algo igual de irreversible.
Porque sentir cosas por Azrael nunca fue una decisión sencilla. Pero dejar de hacerlo y saber que no lo merezco… puede que al final sea mi única opción.