Capítulo 24
Willow
Dove Girl – Cam Girl
Soy como un puto zombi frente a la cámara.
La luz blanca me borra las ojeras, pero no el cansancio. La lencería de encaje blanco apenas cubre lo que se supone que debería proteger; la transparencia deja ver demasiado y, aun así, ya no siento vergüenza. La vergüenza es un lujo que no me permito cuando necesitas pagar el alquiler.
No me importa que se marque mi piel bajo la tela fina. No me importa cómo me miren. Mientras los regalos digitales aparezcan en la esquina de la pantalla y el contador suba, sigo.
Sonrío. Inclino la cabeza. Juego con un mechón de cabello. Todo es un espectáculo calculado.
Necesito cada centavo.
Necesito recordarme lo que soy.
Una farsa. Una escoria que no debió nacer .
El chat está activo. Demasiado activo. Corazones, dinero virtual, peticiones disfrazadas de halagos. Yo me muevo despacio, casi mecánica, como si alguien estuviera manejando mi cuerpo con hilos invisibles.
Y entonces aparece. Sin saludo. Sin presentación.
El hombre del sótano . Ha vuelto a entrar. El nombre me aprieta el estómago.
Blanco no es tu color, palomita. Te hace ver sucia.
Mis dedos se tensan apenas un segundo antes de deslizarse por mi hombro como si nada pasara. No voy a seguir su juego, no le tengo miedo y ya debería de saberlo.
—¿Te gusta así? —pregunto a la cámara, con voz baja.
El chat responde. Él también.
Te ves cansada. Anoche lloraste.
Mi respiración falla medio segundo. Nadie puede saber eso. Nadie. Anoche lloré en la ducha del hospital, apoyada contra el azulejo frío, dejando que el agua tapara el sonido. Y luego volví a llorar después de escuchar a Azrael.
Sigo sonriendo.
¿Te crees valiente detrás de esa cámara? Yo estoy más cerca de lo que piensas.
Mi mirada se va, traicionera, hacia la ventana cerrada. Las cortinas están corridas. Siempre están corridas. Vivo en un edificio. Es absurdo. Y aun así, siento el impulso de levantarme y comprobar la cerradura.
No lo hago.
—Las fantasías cuestan extra —murmuro, intentando que suene provocador.
El contador sube. Los demás creen que es parte del juego.
No eres mi fantasía. Te odio. Odio cómo te vendes. Odio que me obligues a mirarte.
El dinero virtual sigue cayendo desde varios usuarios.
Y sé que el hombre del sótano sigue observando, no tiene foto.
Entro a su perfil, es público, solo tiene fotos que toma con un teléfono celular viejo por la baja calidad, animales muertos.
Sangre, posiblemente de los mismos animales, es todo tan bizarro, sin embargo, no deja de verse falso, solo quiere hacerse notar.
Sin embargo. No puede dejar de verme.
Eso es lo peor. Parpadeo cuando una notificación diferente aparece en la esquina de mi portátil. No es del sitio. Es del correo.
Mi correo personal.
Aquel correo que nadie tiene. El que no está vinculado a nada. El que ni siquiera usa mi nombre real.
El asunto dice: “Para Willow” .
Se me seca la boca. No lo abro de inmediato. Sigo moviéndome, sonriendo, llevando mis manos a mi cabello rizado, sigo fingiendo. Mi voz sale más grave, sensual.
—Voy a tomarme un descanso de cinco minutos —susurro.
Cierro la transmisión privada. Dejo la pública en pausa. Abro el correo.
No hay título. Solo un poema.
Te escondes en encaje blanco como si la pureza pudiera fingirse. Te miras en la pantalla y no soportas lo que ves.
Te odio porque te consumes, porque te rompes en silencio, porque te ofreces al mundo y me niegas la verdad.
No eres un ángel. Eres una herida abierta.
Y yo soy el único que la ve sangrar.
- El hombre del sótano. Tu más fiel admirador.
Las manos me tiemblan. No por lo que dice. Sino por lo que sabe. Sabe cómo me siento frente a la cámara. Sabe que no me creo el personaje. Sabe que me desprecio.
Vuelve a aparecer un mensaje en el chat, insistente.
¿Revisaste tu correo? Te queda mejor el negro.
Por cierto… mañana sales a las 7 a.m.
El aire desaparece de mis pulmones. Esa información no es pública. Eso no está en ninguna parte. Miro la puerta de mi habitación, siento una oleada de pánico.
Cerrada.
Con doble seguro.
El contador de mi página sigue subiendo.
El dinero se sigue acumulando. El espectáculo espera.
Mierda. Esta vez ha ganado, no puedo pensar.
Con la pantalla iluminándome el rostro, siento que no estoy actuando para desconocidos, rostros que no tienen imagen alguna que pueda reconocer…
Sino para alguien que me observa desde demasiado cerca.
Y que no piensa dejar de hacerlo. Joder, tengo un puto acosador.