Reaper (Código Negro 2) Capítulo 5
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Capítulo 5

Azrael

New Clastle, Inglaterra

La lluvia golpea mi rostro con furia mientras avanzamos en silencio hacia el maldito barco.

Newcastle no perdona, y esta misión no es una simple operación: es una condena más de lo que hago, de lo que hacemos y somos parte.

Claus y Noel están junto a mí, y Max cierra la fila.

No hay margen de error. Ellas están ahí adentro, en ese cadáver oxidado flotando a la orilla, y yo. .. yo soy la muerte.

Otro cargamento más, una misión más y —no lo dudo— mucha sangre que voy a derramar esta noche.

Un disparo rompe el aire. Instinto puro. Me agacho sin pensar, disparando al primer tipo que aparece en la cubierta.

—¡Cúbranse! —grita Claus desde atrás.

Las balas silban a nuestro alrededor. La adrenalina arde en mis venas. Abro fuego y disparo. La lluvia y la sangre se mezclan, pero no veo nada más que el blanco, la misión, y los objetivos.

—No pararemos hasta sacarlas de aquí —gruño sin dejar de disparar. Mi voz suena ronca, dura como el acero.

Noel se mueve rápido, brutal, salvaje a mi lado, mientras Max cubre nuestra retaguardia con precisión quirúrgica.

—Azrael, a la puerta. Yo me encargo de cubrirte —me ordena Claus con voz firme.

No respondo, solo corro, la determinación quemándome la piel. La madera cruje bajo mis botas, y siento la humedad mezclarse con el olor a metal oxidado y sangre.

Al abrir la puerta del camarote, disparo primero, pregunto después. Tres tipos caen sin tiempo a reaccionar. Las chicas, temblando, me miran con ojos llenos de miedo y esperanza. Esos no son amigos, son enemigos, así que siempre disparo sin preguntar una mierda.

—¡Rápido! ¡Salgan conmigo! —les ordeno.

Una chica, con la voz temblorosa, susurra:

—¿Quién eres tú?

No hay tiempo para respuestas.

—Soy la última oportunidad que tienen —digo con voz firme mientras las agarro de la mano.

De repente, otro disparo, más fuerte, más cerca.

—¡Atrás, rápido! —grita Max.

Me giro justo a tiempo para ver a un tipo apuntándonos desde la escalera. Disparo sin dudar. Su cuerpo cae al suelo.

—¡Casi los tenemos! —exclama Noel mientras nos abre paso entre el caos.

Siento la furia de cada bala que disparo, el eco de cada vida que quito. No soy humano ahora. Soy Azrael. No paro. No puedo parar.

—¿Están bien? —pregunto, sin bajar la guardia y soltando la mano de la chica para avanzar mejor.

—Sí… gracias a ti —responde una de ellas, con lágrimas mezclándose con la lluvia.

—Queda poco. Sigan conmigo y no miren atrás —les digo mientras la adrenalina me ciega.

Cada paso es un combate, cada segundo una batalla. Pero vamos a salir de esta mierda, cueste lo que cueste.

La lluvia sigue cayendo, fría y constante, empapando mis huesos mientras avanzamos hacia la oscuridad de la costa. Las chicas están detrás, protegidas, aunque sus ojos aún reflejan el miedo que llevan grabado en la piel.

Claus revisa rápido la retaguardia, vigilando cualquier movimiento. Max y Noel mantienen el paso firme, sin bajar la guardia ni un segundo. Yo… yo solo siento el vacío que queda después del caos, la presión que nunca se va, aunque la misión esté terminada.

—¿Están bien? —pregunto de nuevo, con voz áspera.

Una de ellas, con voz temblorosa, responde:

—Gracias... gracias por sacarnos de ahí.

No puedo responder, no ahora. Solo asiento, sin palabras. Mi mirada se pierde en el horizonte grisáceo, sabiendo que nada será igual después de esta noche. Que la oscuridad sigue acechando, y que yo, Azrael, soy su sombra eterna.

—Volvemos al punto —ordena finalmente Max, mirándome—. Lo hiciste bien.

No necesito su puta aprobación, ni tiene que felicitarme por hacer mi puto trabajo. Matar, ese es mi trabajo principal ahora, si salvo vidas en el camino es un plus. Pero no lo admito en voz alta.

Caminamos entre la niebla, la lluvia y el eco de los disparos que quedaron atrás, sé que esta noche me ha marcado otra vez. Pero también que seguiré derramando sangre, sin descanso, sin miedo, porque ellas merecen una oportunidad... y yo seré el infierno para quien se atreva a quitársela.

La misión ha terminado, esta noche al menos. Pero la guerra... apenas comienza.