Capítulo 1
Juramento I El Código está por encima de la carne, del miedo y del nombre.
Manchester, Inglaterra.
No puedo más. Cuando pienso mucho, la cabeza me duele y el pecho se me aprieta, como si me faltara el aire.
A veces creo que si desapareciera todo sería más fácil, como cuando apagas una pantalla y ya no ves nada.
He visto cosas en el teléfono que no entiendo del todo, pero sé que están mal.
Cosas que me hacen sentir sucia por dentro.
En internet hay de todo, dicen los adultos, pero yo no he encontrado nada que explique cómo dejar de tener miedo.
No quiero hacerlo. No quiero ir.
—Tu turno, pequeña.
Dice “pequeña” como si fuera algo bonito, como si me estuviera cuidando. Yo sé que no es verdad, pero finjo que sí. Si no hago lo que dice, se enfada. Cuando se enfada, duele. Papá no dice nada. Mamá tampoco. Ellos dicen que es por el bien de todos, que el dinero hace falta.
—Vamos a hacer algo juntos —añade—. Compórtate.
Asiento con la cabeza porque eso es lo que hacen las niñas buenas. Las niñas buenas no preguntan. No lloran. No dicen que no.
—Y recuerda —dice mi madre sin mirarme—, sé buena con tu tío.
—Sí, mamá.
Me ayuda a subir a la camioneta. Su mano es grande y aprieta demasiado. La puerta se cierra y el ruido me hace estremecer. Me quedo mirando mis rodillas, contando las rayas del asiento, pensando que si no miro nada más, quizá no pase nada. Quizá esta vez solo sea ayudar. Quizá esta vez no duela.
Pero el miedo no se va.