Reap & Sow (Reap & Sow 1) Capítulo 29 #2
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Capítulo 29 #2

—Para poder reclamar el título familiar, quieres decir.

—Para poder ser feliz. —Tripp frunció el ceño—. Lord Kit no ha sido feliz en toda su vida, a mi parecer, sabiendo que la sombra de lord Baelion se cernía sobre él. Hasta que apareciste tú.

A Eda se le encogió el corazón. Consciente del doloroso silencio de Ben, carraspeó.

—Protestaste con gran vehemencia antes, cuando nos visitaste. ¿Vuelcas tu ira sobre todas las humanas con las que intima?

Ben se atragantó.

Tripp la miró con sorpresa.

—No han sido tantas. Tripp no protestaba, pues eran caprichos pasajeros que apenas duraban unas horas. Pero en tu caso… No me gusta cómo milord se olvida de sí mismo cuando está contigo.

—¿Le estabas protegiendo?

«De mí».

—¡Tripp siempre protegerá a su amo! Pero ahora me doy cuenta. Eda Shaw hace feliz al amo, por muy poco que lo merezca. Y lord Kit nunca volverá a ser feliz si tú pereces, aunque no lo admita. Tripp no puede permitir que eso ocurra.

—Se ha marchado, Tripp. Y no tengo claro que yo le importe tanto como dices.

—Entonces eres tan necia como fea —le soltó el diablillo con desprecio—, pero ¿qué se puede esperar de los mortales? Por eso Tripp te ayudará. Ahora puedes expresar tu gratitud.

Eda le miró boquiabierta. Ben y ella intercambiaron una mirada perpleja.

—Tú… ¿Nos ayudarás a destruir el espejo de Lich?

—Eso ha dicho Tripp, ¿no? Soles del cielo, tu exigua mente es más lenta de lo que yo… ¡Agh!

Eda lo cogió en brazos y lo abrazó con fuerza. Notó la piel áspera y correosa contra la mejilla, pero no le importó. Ese pequeño cascarrabias quería a Kit y, a pesar de todos sus defectos, tenía un corazón desprendido. Jamás se había sentido tan unida a él como en ese momento.

—Gracias —susurró contra la curva de su ala.

Tripp se relajó una pizca. Luego le propinó un manotazo en la cabeza.

—¡Ay!

—¡Libera a mi persona de inmediato, mortal, o de lo contrario tendré que reducir esta túnica a cenizas! ¡De inmediato, te digo!

El ambiente en el Jardín Botánico era más oscuro y salvaje de lo que Eda recordaba, poblado de sombras que amenazaban devorarla.

La puesta de sol estaba cerca. La luz rojiza del atardecer se derramaba entre las ramas y pintaba la tierra de un color muy parecido a la sangre que había empapado la grava dos noches antes.

Al menos tenía a Ben a su lado, con la mano pegada a la empuñadura de su espada.

Tripp se adelantó a toda prisa. Sin el manto, Eda se sentía doblemente expuesta.

Por más que hubiera lamentado sentirse como una sombra toda su vida, no podía negar que el uso del manto se le había antojado emocionante. Lo añoraba enormemente.

—Adelante, humanos —cuchicheó Tripp.

En efecto, un resplandor amarillo asomó tras el siguiente recodo. Eda redujo el paso y entornó los ojos en la oscuridad. ¿Y si Tenelle había decidido lanzar a Eda a los lobos después de todo? ¿Y si este encuentro era una trampa?

Pero Tripp no parecía alarmado. Según se fueron acercando, pudieron comprobar que una única figura los estaba esperando con una lámpara de aceite en la mano.

Abandonaron el camino de grava y atravesaron la hilera de árboles plateados con la que Eda ya estaba familiarizada. Inclinó la cabeza a modo de saludo.

—Comandante.

Los ojos de Martine Tenelle delataban cansancio, pero estaba plantada con la espalda erguida. El gesto de sus labios se tensó al verlos.

—Benjamin Shaw. Algunos considerarían una osadía por tu parte presentarte ante mí.

—No soy más osado que mi hermana.

—¿Y dónde está el demonio?

Eda se armó de valor.

—No ha venido.

La expresión de Tenelle se endureció aún más si cabe cuando se fijó en Tripp.

—¿Es eso un diablillo?

Por todos los santos.

Tripp le gruñó, revelando unos dientes afilados como agujas. Eda le propinó un empujón con la bota.

—Disculpe, comandante. Tripp nos va a ayudar con el asunto del Portal de Lich. Suponiendo que esté dispuesta a seguir adelante.

—He venido, ¿no?

—Al igual que yo. Pero me gustaría conocer cuál es su plan para el Cónclave antes de hacer nada más.

Tenelle enarcó las cejas.

—No estás en posición de negociar, señorita Shaw. No si quieres recuperar la libertad.

—La libertad está muy bien. Pero necesito saber que el demonio con el que confraterniza Fane será asesinado mañana por la noche.

Con voz entrecortada, le habló de la herida de Lawrie y de la necesidad de que muriera el señor Noche.

Tenelle escuchó con expresión impávida.

—Ya veo. En ese caso, vas a tener que confiar por entero en mis hombres y en mí.

—Igual que usted va a tener que confiar en que yo destruya el espejo de Lich sin involucrarse. Lo haré, si acepta matar al demonio llamado Baelion Ansellis.

Una pausa. Luego, una carcajada. Era profunda y sorprendentemente sincera, en absoluto el tipo de risa que Eda le habría atribuido si acaso hubiera pensado que la mujer era capaz de reírse con ganas.

—¿Crees que necesito que me prestes un servicio a cambio de destruir a un demonio?

Ese es el deber que rige mi vida. Acabaría con él tanto si me lo pidieras como si no.

—Los ojos de Tenelle destellaron—. Le mostraré el Portal al obispo en el Cónclave.

Le acusaré y él negará cualquier implicación.

Cuando amenace con destruir el espejo, es posible que confiese para salvarse de la ira de ese tal Baelion.

Pero si no lo hace, no puedo asegurar que el Patriarca no vaya a dar más crédito a su palabra que a la mía.

Necesitamos que el demonio aparezca y demuestre la culpabilidad de Florian.

¿Cómo sabemos que acudirá a defender el espejo?

—El Cónclave coincide con la cosecha de otoño. Para entonces, debemos efectuar el último pago de nuestro pacto al señor… A Baelion. Si no acude por el espejo, tendrá que venir a por nosotros.

Aferró la mano a Ben.

—Hum. —Tenelle se descolgó del hombro una bolsa a la que Eda no había prestado demasiada atención. Rebuscó por el interior—. Pues cuando venga, estaremos preparados.

—No es un demonio cualquiera —le advirtió Eda—. Es poderoso. Es rápido, fuerte, puede ocultarse en las sombras.

—Supone un desafío, pues. Muy bien. —Tenelle sonrió—. Hay maneras de atrapar e incapacitar a las criaturas del Otro Mundo, señorita Shaw, y me propongo utilizarlas.

Más allá del muro del jardín, los últimos rayos de sol se apagaban bajo un cielo cada vez más oscuro. Tenelle se enderezó. Le tendió algo pesado y reluciente.

Con vacilación, Eda lo aceptó.

—¿Qué es esto?

—Esto es lo que vas a usar para destruir el Portal.