Reap & Sow (Reap & Sow 1) Capítulo 25 #3
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Capítulo 25 #3

—Obispo Florian —dijo la Comandante—, ha pasado usted por una dura prueba. Pero reunirá las fuerzas que le quedan y permitirá que mis hombres le escolten a la fortaleza de Fell. Todos los implicados en esta calamidad deben ser interrogados.

Fane inclinó la cabeza.

—Por supuesto. ¿Qué pasará con el Portal?

—Quedará bajo nuestra custodia.

Tenelle observó su rostro, pero el incipiente ceño del obispo se esfumó como nubes pasajeras.

—Me alegro. Reliquias tan profanas como estas pueden ser la perdición de todos. No puedo agradecerle lo suficiente su servicio, comandante. Me ha salvado la vida.

Eda no vio motivo para morderse la lengua.

—Eres un monstruo sin principios y tarde o temprano todo el mundo se dará cuenta.

—Una profecía siniestra, ¿eh? —preguntó Fane entrecerrando los ojos—. Qué típico de una bruja.

—Ya basta. Guildford, William: acompañad al obispo a la fortaleza. Los demás, vigilad el Portal. La chica dice que necesita ir al baño. Yo me encargo de ella.

Eda miró a Tenelle con sorpresa.

—Alguien debería acompañarla, comandante. Es posible que vengan más criaturas en su ayuda.

—No iré muy lejos, Guildford. Prefiero que la señorita Shaw no apeste como un orinal cuando la llevemos a la torre.

Su tono no admitía réplica, y nadie replicó. Tenelle enfundó la espada. Echó mano de una antorcha y aferró la camisa de Eda con la otra para arrastrarla por un sendero lateral al amparo de los árboles. Eda casi jadeaba de alivio. «Me ha escuchado».

Una vez que perdieron de vista a los Aceros, abandonaron el camino de grava. Cruzaron los parterres y siguieron andando hasta llegar a una hilera de abedules plateados.

—Hemos dejado atrás más de un rincón para orinar en privado —comentó.

Tenelle obligó a Eda a mirarla.

—Tienes tu momento. Habla, rápido.

Ella se humedeció los labios.

—Florian Fane ha traído a los infernales, comandante. Está utilizando su rito sagrado como tapadera para reunir años. Sé que los Aceros son el brazo armado de la Fe, pero ¿dejará que eso le impida volver la espada hacia dentro? Los monstruos también pueden esconderse bajo túnicas sagradas.

—Eso es lo que tú y el alto gobernador afirmáis.

—Usted lo juró, ¿no es cierto? ¿Proteger a la gente de esta ciudad? Es su deber.

Los ojos de Tenelle destellaron.

—Lo es y lo haré. Reconozco una amenaza cuando la huelo, y el obispo apesta por los cuatro costados, pero acusarlo sin pruebas no me va a servir de nada. Si no tienes nada útil que sugerir…

—Tiene razón. Su culpabilidad debe demostrarse más allá de toda duda. Podemos hacerlo si me deja que la ayude.

—¿Cómo?

—El Cónclave de Clérigos que mencionó. Lo desenmascararemos allí, ante el propio Patriarca.

Dentro de tres días.

Tenelle la miró con frialdad.

—Te escucho.

El pulso de Eda se aceleró.

—Sabe que Severin Lich tiene un Portal, ¿verdad?

Si destruye el que ha encontrado esta noche, el suyo será el último de todo Blackbridge, quizá incluso de todo Wesland.

Fane se verá obligado a usar el espejo de Lich en su lugar.

En el mausoleo, el señor…, el demonio con el que Fane negocia dijo que espera que Fane le encuentre otro. Fane necesita un Portal.

Respiró hondo, tratando de ordenar sus pensamientos.

—Pero ¿qué pasaría si el espejo de Lich también fuera destruido?

Tenelle entornó los ojos con un interés de halcón.

—Florian se enfrentaría a la ira del demonio.

—Sí. Si eliminamos el espejo de Lich, podríamos amenazar a Fane con la destrucción del otro. Quizá tema lo suficiente la ira del demonio como para reconocer que las acusaciones son ciertas, allí mismo, en el Cónclave.

—¿Y si no lo hace?

—Entonces el demonio… Baelion, así se llama, vendrá a proteger lo que es suyo. Estoy segura de que lo hará. Fane tendrá grandes dificultades para explicar su presencia.

Tenelle se echó hacia atrás para escrutar el rostro de Eda.

—Si fuera tan fácil hacerse con el espejo de Lich, créeme que lo habría hecho hace años. Es difícil moverse por la ciudad subterránea, y sus socios más influyentes nos impiden investigar legalmente. No tenemos pruebas de la existencia de su Portal, aunque es de dominio público.

Eda se armó de valor. Intentó no cavilar sobre otro trato más que se le enroscaba en la garganta como un collar.

—Yo sé abrirme paso por la ciudad subterránea. Y creo que sé dónde guarda Lich su espejo. —Pensó en el tapiz que se balanceaba con la corriente de aire: un unicornio en un frondoso bosque—. Lo encontraré yo misma. Conozco a un demonio que me ayudará.

—¿El mismo demonio que masacró a mis hombres, supongo? —Su labio se curvó en una mueca de desdén—. Me gustaría ver a ese perro vil destruido junto con toda su diabólica estirpe.

Ella hizo una mueca de dolor.

—Sus hombres atacaron primero.

El silencio de Tenelle fue denso.

—Y a cambio de esta ayuda deseas tu libertad, entiendo.

—Para prestársela, necesito mi libertad.

Se sostuvieron la mirada, evaluándose mutuamente.

Por encima de ellas, algo se movió entre las ramas de un abedul. Eda volvió la vista un par de veces. Un gran cuervo negro estaba allí posado, con los ojos brillando como perlas anaranjadas a la luz de la antorcha que empuñaba la comandante.

El corazón empezó a latirle a un ritmo errático. Se obligó a apartar la mirada.

Tenelle dijo:

—De acuerdo. Estas son las condiciones: te reunirás conmigo aquí mismo dentro de dos días, la víspera del Conclave de Clérigos.

Al atardecer. Te traeré lo que necesitas para destruir el Portal del Lich.

—Tiró de las ataduras de Eda—. Y, en el Cónclave, tenderemos nuestra trampa.

—La cuerda se soltó—. No hagas que me arrepienta.

Eda se frotó las muñecas doloridas.

—¿Me va a soltar? ¿Ahora mismo?.

—Diré que tu demonio nos tendió una emboscada. Te secuestró y tuve suerte de escapar con vida. Una confesión vergonzosa, pero más plausible que tu milagrosa huida de la Fortaleza en dos días. Sacarte de allí sería mucho más complicado.

—Gracias.

—Hago esto por Blackbridge, muchacha. Cumple con tu parte del trato y me aseguraré de que se retiren los cargos contra ti.

Si no lo haces, morirás por el filo de mi espada.

Es una promesa. —Tenelle dio un paso atrás—.

La puerta sur aún debería estar abierta.

Sigue por aquí hasta que la encuentres y aléjate de este lugar. Ahora corre.

Se giró sobre los talones y desenvainó la espada.

Tenelle echó a correr por donde habían venido, gritando:

—¡Hombres, a mí! ¡A mí!

Eda salió disparada.