Reap & Sow (Reap & Sow 1) Capítulo 11 #2
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Capítulo 11 #2

Esa extraña lengua otra vez. La lengua de los demonios. Tenía que serlo, aunque el señor Noche nunca la había hablado en presencia de Eda.

Tripp dejó de forcejear.

—¡Un pacto! Milord, ¿habéis vuelto a pactar?

Eda frunció el ceño. Kit había afirmado que no estaba interesado en los años que pudiera ofrecerle, antes de que ella le convenciera…

—¿Por qué no quieres pactar? ¿No es la actividad favorita de los demonios?

—¿Cómo te atreves, desgraciada?

Tripp enderezó la espalda al tiempo que se erizaba como un gato encolerizado. Agitó con violencia la cola en forma de gancho.

—Permitid que le arranque la lengua, señor. Apenas la necesita.

—Basta ya. Eda Shaw se encuentra bajo mi protección. No la tocarás ni seguirás parloteando como un diablillo revoltoso.

Tripp agachó las orejas de murciélago. Le dedicó a su señor una extraña reverencia de contrición.

—¿De dónde ha salido?

—Tripp es mi familiar. O lo era. Cuando abandoné Infernus, le pedí que buscara un nuevo patrón, si así lo deseaba. Se negó.

—¿Infernus?

—Mi reino. Ese que vosotros llamáis el Otro Mundo.

«Llevo años comerciando con pactos y todavía no sé casi nada».

—Pero ¿cómo ha llegado aquí? ¿A través de un Portal?

—Tu débil entendimiento humano no puede comprender los designios de Tripp —dijo el ser en tono despectivo, con un brillo en sus ojos negros—. Los diablillos podemos ir adondequiera que vayan nuestros amos.

Kit lo fulminó con la mirada.

—Por eso no deberías estar aquí. Ya no soy tu señor, Tripp. ¿Cuántas veces me forzarás a decirlo? Si sientes algún aprecio por mí, no volverás. Podrías delatar mi paradero ante Baelion.

Eda se inclinó hacia él, conteniendo el impulso de interrumpir de nuevo. «¿Baelion?».

—¡No, mi señor, no! Tripp es astuto y siempre se mantiene alejado de la villa. El señor Baelion no puede dar conmigo. Por eso he venido, ¿entendéis? Para advertiros.

—¿Acerca de qué?

—Los rumores corren con rapidez entre los nobles y los archiduques ya lo han confirmado: vuestro hermano ha firmado un pacto de gran valor con un clérigo humano.

Muchos años se le han prometido. ¡Miles!

Dicen que lord Baelion le ha exigido al obispo que dé con vos y que a cambio le concederá una gran recompensa. No se habla de otra cosa en las cortes.

A Eda se le heló la sangre en las venas.

«Su hermano».

El tal Baelion y el señor Noche eran la misma persona. De todos los demonios a los que podría haber acudido, había pactado con el maldito hermano del señor Noche, nada menos. Por eso Kit poseía un poder tan grande, por eso podía hacer pactos. Estaba emparentado con un archiduque del Otro Mundo.

La expresión de Kit apenas se alteró, salvo por una contracción momentánea en el ceño.

—Qué… desafortunado.

—¿Qué vais a hacer, mi señor?

—Nada.

—¡Pero no podéis seguir escondido! Debéis enfrentaros a Baelion y luchar, señor. Recuperar el trono que es legítimamente vuestro…

—Cállate —gruñó Kit con un tono crispado, cristal aplastado bajo los pies.

Eda se estremeció. Se acordó de su verdadera forma, todo gris ceniza y cuernos curvados. Una corriente de inquietud le resbaló por la espalda.

«El trono que era legítimamente suyo», había dicho Tripp. ¿Eso convertía al señor Noche en un usurpador?

El diablillo bajó la mirada, pero fue el propio demonio quien de súbito se mostró intranquilo.

Como estaba de cara al río, Eda no podía ver el rostro de Kit.

Tenía los hombros tensos como la cuerda de un arco.

Jugueteó con el anillo gris pizarra que llevaba en el dedo corazón, una banda con un rubí enorme y reluciente engastado.

Si Eda no lo conociera, diría que era un gesto de nerviosismo.

Toda esa arrogancia fanfarrona se había derrumbado igual que una fortaleza derruida y había revelado algo sorprendentemente vulnerable en su interior.

«Tiene miedo». Eso la puso nerviosa, pues la flaqueza de un superdepredador no auguraba nada bueno para todos los demás.

El señor Noche nunca había mencionado a un hermano.

De hecho, rara vez hablaba de sí mismo. A lo largo de los años, sus conversaciones habían sido breves y siempre por iniciativa del demonio.

¿Qué sabía Eda de él en realidad? Hasta ayer mismo, no tenía ni idea de que fuera duque.

Ahí estaba ella, cuestionándose los límites de sus poderes, cuando quizá debería preocuparse más por su alcance.

Eda se quedó mirando la línea rígida de la espalda de Kit y se dio cuenta de que, en realidad, no quería saberlo. «Si Kit es un monstruo, ¿para qué clase de ser he estado trabajando todos estos años?».

Quería confesar la verdad. Que las circunstancias que la habían llevado allí abarcaban mucho más que el mero hecho de que un Portal hubiera caído en sus manos.

Ahora bien, ¿cómo reaccionaría Kit si supiera que el mismo obispo que le seguía el rastro también la perseguía a ella?

¿Que había sido ella quien, sin saber lo que hacía, había conducido a Florian Fane al espejo del señor Noche, y que había estado sirviendo al mismo hermano que lo quería muerto?

Eda no deseaba averiguarlo.

Tripp preguntó:

—¿Y ahora qué, señor?

Kit la miró con palpable desconfianza. Tras un momento de vacilación, debió de llegar a la conclusión de que la insignificancia de Eda admitía que respondiera en su presencia.

—Ahora cumpliré mi parte del acuerdo con Eda Shaw. Baelion no podrá encontrarme mientras esto siga en mi posesión—. Blandió el anillo a la luz de la luna—. Una vez resuelto el pacto, me alejaré cuanto sea posible de Blackbridge. Ya va siendo hora de que busque un nuevo territorio.

—¿Para qué sirve el anillo? —preguntó Eda.

—Es obra de Robin. Pregúntaselo a ella, si tanta curiosidad te inspira. Mientras tanto… —Fulminó a Tripp con la mirada—. ¿Quieres serme de utilidad? Sigue a ese obispo. Averigua qué le ha concedido mi hermano. Adónde va, qué hace. Infórmame de todo.

—¡Sí, milord! ¡Por supuesto!

La mirada de Kit se deslizó hacia Eda. Ella se aferró a su manta, pero él no dijo nada. Con un revuelo de humo oscuro, el demonio se transformó en una elegante ave negra. Ascendió hacia la noche.

«Gato. Ratón. Caballo. Pájaro». Todos los animales que había encarnado hasta el momento eran seres nacidos para la sombra y la velocidad: formas para esconderse o huir en lugar de luchar. Había algo revelador en eso.

—¿Volverá?

Tripp la miró asqueado.

—Tenéis un pacto, ¿no? Debe hacerlo.

Debajo de ellos, una portilla se abrió con un chirrido.

—¿Podéis cerrar la maldita boca? —gritó Robin—. ¡Estoy intentando dormir!

Tripp desapareció con una pequeña explosión.