Reap & Sow (Reap & Sow 1) Capítulo 7 #2
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Capítulo 7 #2

¿Qué había pensado? ¿Que el mero hecho de informar a Lich sobre los planes del obispo bastaría para granjearle el uso del Portal? Ahora se le antojaba una maniobra del todo infantil.

—Por favor, señor Lich. Trabajaré en lo que quiera. Si pudiera firmar otro pacto, podría liberar a mis hermanos.

—Lamento tu situación. De veras que sí. —Hillock rellenó y prendió la pipa de Lich.

El señor del crimen se recostó contra su mesa, soplando nubes de humo gris—.

¿Por qué no habría de entregarte al obispo yo mismo, señorita Shaw?

No albergo el menor deseo de enemistarme con ese hombre. Estaría en deuda conmigo.

Eda hizo esfuerzos por permanecer impertérrita, aunque tenía la sensación de que el corazón iba a salírsele del pecho. Recordó lo que el señor Noche había dicho en el sótano. «Hay otro de los míos escondido en esta ciudad».

—El señor Noche está buscando a otro demonio.

Le ofreció a Fane una gran recompensa a cambio de su muerte.

—Con sumo tiento, se marcó un farol—: El obispo tiene la intención de empezar la búsqueda a partir de su persona.

Al fin y al cabo, usted es el único traficante de almas de Blackbridge, aparte de nosotros.

Si alguien sabía en qué lugar se escondía el demonio que buscaba el señor Noche, ese era Lich. La idea se sostenía, y afirmar que Fane ya había atado cabos parecía más una conjetura fundamentada que un engaño. Sin duda suficiente para poner a Lich en guardia.

Sus ojos oscuros se afilaron.

—¿Fane dijo eso?

—Fue lo que yo oí.

Como Lich guardaba silencio, Eda se inclinó hacia delante, no queriendo que le diera demasiadas vueltas a la mentira.

—La única deuda que Florian Fane está dispuesto a saldar es la contraída con el señor Noche. Ayúdeme a mí, lord Linch, y cuando libere a mis hermanos recuperaré el espejo y se lo entregaré. Se lo juro.

—¿El espejo?

—Nuestro Portal. Es eso lo que quiere, ¿no?

A menos que pretenda hacerme creer que sus hombres llevan semanas vigilando nuestra tienda por la pasión que les inspiran las velas artesanales y la taxidermia singular.

—Lich esbozó una leve sonrisa, pero no lo negó.

Poseer no solo uno sino dos reliquias tan valiosas, seguramente las últimas de Wesland…

—. Fane se le ha adelantado, pero no destruirá el espejo.

Lo necesita para contactar con el señor Noche.

—Levantó la barbilla—. Yo lo conseguiré para usted.

—¿Y cómo sé yo que puedo confiar en tu palabra?

—Porque a mí no me importan los Portales, el dinero ni el poder. Solo quiero recuperar a mis hermanos. No veo en qué me ayudaría traicionarle en ese empeño.

Lich echó el humo por la nariz.

—Aunque quisiera ayudarte, señorita Shaw, ninguno de los demonios que usan mi Portal accederá a pactar contigo. No si ese tal señor Noche es quien creo que es.

—¿A qué se…?

—La Hermandad de la Fe habla mucho del Otro Mundo, un reino místico donde los pecadores son sometidos a un castigo divino.

La verdad es más sencilla. Los demonios ostentan poder, sí, pero son una especie como cualquier otra.

Su mundo es real: hay sociedades, jerarquías.

Los Portales son un precioso recurso que comparten las casas nobles.

No hay nada que ambicionen tanto como la oportunidad de cruzar al reino de los mortales y firmar pactos que les alarguen la vida.

Sin ellos, no son más longevos que tú o que yo.

—Eda abrió la boca de la sorpresa—. Seis archiduques gobiernan su mundo.

Parece ser que uno de esos archiduques se apropió de un Portal y lo acapara desde entonces.

Sin respetar la costumbre. —Lich ladeó la cabeza—. ¿Te suena de algo?

Las ideas se agolparon en la mente de Eda. Sabía que el señor Noche era poderoso, un ser con una posición importante en su mundo de procedencia. Él mismo le había dicho que el espejo del sótano de los Shaw le pertenecía en exclusiva. Pero eso…

—Los demonios nobles que comparten el espejo que usted utiliza…, ¿por qué no han obligado al señor Noche a entregar el suyo? Si hay otros cinco archiduques, sin duda…

—No conozco los intríngulis. Solo que, por la razón que sea, los duques no se han alzado contra él.

Debe de ser muy sanguinario. —Sonrió, dejando a la vista un diente de oro—.

No se prestarán fácilmente a firmar un pacto que interfiera con uno de tu señor Noche.

Son terriblemente chismosos los demonios.

Si los nobles no se han enterado ya del botín que se ha agenciado, no tardarán nada en saberlo.

—Pero habrá alguno dispuesto a comerciar conmigo. Tiene que haber…

Dejó la frase en suspenso. Como una ventana que se abre en una estancia sumida en la oscuridad, una posibilidad se materializó entre el fangal de su desesperación.

Si de verdad el señor Noche era tan poderoso, tan temido por los suyos, ¿por qué un demonio sin nombre que campaba por la ciudad le preocupaba? Tanto como para ofrecerle a Fane una recompensa a cambio de su muerte. ¿No sería que se sentía amenazado?

Eda miró fijamente los ojos vidriosos del oso que se extendía a sus pies. «Un demonio que ha logrado burlar al señor Noche. Que le preocupa tanto como para quererlo muerto. Un demonio escondido aquí, en Blackbride, sin posibilidad de enterarse de los últimos negocios de nuestro demonio».

Un demonio que no tenía motivos para negarse a pactar con ella.

Eda posó la mirada en Lich. Quizá Fane recurriera al señor del crimen en busca de ayuda para dar con su presa. Pero ella había llegado primero.

—Si todavía está dispuesto, señor Lich, sé cómo puede ayudarme.