56 Tambores de guerra
ÁLEX
Había pasado una noche de perros pensando en Blake, en cómo le habría ido en el cumpleaños y en que hubiera querido no tener que dejarla en la discoteca y marcharme.
No quería alejarme de ella, aunque el imán que nos unía trabajaba en sentido contrario, haciendo lo imposible por no darnos ni una mínima oportunidad.
Me jodía admitirlo, porque desde que era adolescente me habían enseñado que los celos solo servían para alimentar nuestras propias inseguridades, que no solo debíamos estar seguros de nuestra pareja, sino también de nosotros mismos.
Y todas esas lecciones se habían ido por el retrete aquella noche, cuando descubrí que estaba celoso de cojones y que no me quedaba otra opción que confiar ciegamente, algo a lo que sin duda no estaba nada acostumbrado.
Me levanté de la cama cuando Bass entró como un vendaval en mi cuarto. Estaba claro que el día no iba a mejorar.
—Tenemos que ir a Roma, Julia tiene problemas —dijo cerrando de un portazo la puerta de mi habitación y comenzando a sacar mi ropa del armario.
—¿Qué coño haces? —le espeté.
—Haz la maleta. Nos vamos.
—Bass, cálmate —le pedí cogiéndolo por los hombros y haciendo que se sentara .
—No puedo sentarme, joder. ¿Es que no me has escuchado? ¡Julia tiene problemas!
Se puso las manos en la cara. Juraría que se le escapó una lágrima.
—¿Qué clase de problemas?
—Alguien la ha pillado, han descubierto que está haciendo trámites para nosotros y la han amenazado. Los Léoni van detrás de ella y la próxima vez no la dejarán libre, Álex, ¿lo entiendes?
—Mierda.
—¡Sí, joder! He cogido un vuelo para dentro de tres horas. Tenemos que ir a por Julia.
—¿Y Roma?
Me vestí a toda prisa.
—¡No lo localizo!
—Está bien. Nos vemos en el aeropuerto.
—¿Qué dices? ¿Dónde cojones vas?
Miré a mi hermano con gesto solemne antes de salir de la habitación.
—Tengo que despedirme de ella.
Cogí el teléfono y marqué el número de Blake mientras iba hacia la moto. Ya estaba a punto de colgar cuando contestó. Supuse que aún estaría en la fiesta y por eso no habría visto la llamada. Me equivoqué.
—Han puesto una bomba en el coche de mi padre —dijo con tanta sangre fría que me recorrió un puto escalofrío.
—¿Qué? —No alcancé a preguntarle más. No me podía creer que eso estuviera ocurriendo—. ¿Dónde estás?
—En la mansión.
—Voy para allá.
Llegué a su casa tan rápido que bien podía haberme matado en el proceso. No había nadie en la verja, así que ni me molesté en llamar, no había tiempo.
Salté por el punto ciego del jardín y lo crucé hasta la entrada de la mansión, donde estaba Giordano. Mi respiración estaba agitada y me costaba pronunciar las palabras, pero me las arreglé para pronunciar una.
—¿Dónde? —No hacía falta que especificara, él sabía perfectamente a quién me refería.
—En el garaje, con su padre.
Pues claro, ¿dónde iba a estar? Si fuera ella, yo habría hecho lo mismo, pero odiaba que estuviera tan cerca del peligro.
Giordano frunció el ceño. Había entendido mi cara perfectamente e intuía que no esperaba lo que encontró en ella.
—Amigo mío —me dijo. Tenía el móvil en una mano y apoyó la otra en mi hombro—. Pronto comprenderás que a ella no la controla nadie, pero puedes ir a buscarla. Intenta protegerla.
Por supuesto.
No sabría decir en qué momento exacto había sucedido, pero Blake me importaba. A esas alturas, estaba seguro de que haría cualquier cosa por ella.