45 Somos un equipo
BLAKE
Eran las seis de la tarde y apenas había descansado unas horas desde que mi familia nos contó lo de la boda, si es que se podía llamar descansar a no parar de darle vueltas a la cabeza.
Giordano estaba investigando, había convertido este asunto en su prioridad, pero no encontraba nada sobre esa supuesta persona que los Ricco tenían escondida. No teníamos ni idea de por dónde empezar y mis padres no soltaban prenda.
Todavía no sabía cómo iba a tratar el tema con John.
¿Seguía siendo mi novio?, ¿debíamos fingir que éramos pareja?
, ¿tendría que besarle? No es que me diera asco ni nada de eso, quería a John, solo que no estaba enamorada de él y era una auténtica putada que alguien quisiera más de ti cuando tú no podías dárselo.
Pero lo peor de todo era que no había vuelto a ver a Álex desde que me acompañó a comprar el coche, y lo único que quería era pasar tiempo con él.
Por primera vez en años, me había ilusionado con alguien y sabía que iba a durar muy poco porque, la próxima vez que nos viéramos, tendría que contárselo y no tenía ni idea de cómo hacerlo si ni siquiera lo entendía yo.
¿Cómo se lo tomaría? No paraba de pensar en él, pero también en mí y en el futuro que me aguardaba.
¿Sería capaz de conformarme con un amor mediocre o con una vida sin amor ?
No. Si no lo hubiera conocido... puede. John me hacía feliz, aunque sabía que no era el amor de mi vida.
Simplemente, encajábamos, como el puzle que mis padres y mis suegros habían diseñado.
Pero había un antes y un después de que Álex entrara en mi vida y ya era tarde.
Demasiado tarde. Me había costado admitirlo, pero era más que evidente que ya había caído.
Lo que iba a hacer con esos sentimientos... tendría que pensarlo muy bien.
Por eso le envié un mensaje y le dije que no podía quedar con la excusa de ayudar en la fundación, lo que solo era una verdad a medias.
La planificación de la gala tenía a toda la familia de los nervios, sobre todo a tía Bianca.
Era un reflejo de los Marconni, por lo que debía salir a la perfección, pero aún nos quedaba tiempo para encargarnos del trabajo y para hacer vida social si queríamos.
John me esperaba en los muelles con toda la pandilla. En cuanto me vio, vino hacia mí y me dio un abrazo.
—Mis padres han hablado con los tuyos y luego me lo han contado todo.
—Entonces, ya sabes que el matrimonio sigue en pie —dije resignada.
Frunció el ceño y, cogiéndome de la mano, me llevó hasta un banco, debajo de uno de los árboles. Mientras nos sentábamos, me fijé en él. Llevaba una camisa verde que se le pegaba al cuerpo, resaltando su pelo rubio. Era muy guapo y era mi mejor amigo. Eso no estaba mal. Haríamos que funcionara.
—Blake, nada me haría más feliz que casarme contigo. —Su tono de voz traslucía un dolor que confundí con el mío propio—. Yo te amo, lo sabes, pero necesito que estés conmigo porque quieras estar.
Lo miré confusa.
—¿Qué quieres decir?
—Que no quiero retenerte. No si quieres volar. No sería justo para ninguno de los dos .
—Pero nuestras familias están empeñadas en que continuemos con la boda.
—Lo sé. Mis padres lo tienen todo pensado. No me darán la información sobre quién es la persona a la que esconden hasta que nos casemos.
—Entonces, ¿qué podemos hacer?
—No te preocupes, encontraremos la manera —dijo decidido y yo me sorprendí porque hubiera aceptado tan bien la nueva situación—. ¿Estás conmigo?
Asentí.
—Somos un equipo, John. Siempre.
Nos levantamos y fuimos hasta donde nos esperaban los chicos. Era curioso, pero no sentía que me hubiera quitado un peso de encima. Al contrario, notaba una losa que cada vez me aplastaba más. Por suerte, tenía a John de mi parte y juntos encontraríamos la manera de arreglarlo.
Saludé a Zia y Fiorella. Me hubiera gustado poder hablar con ellas con libertad, contarles que desde hacía unos días tenía sentimientos encontrados dentro de mí.
Que estaba frustrada por la boda, pero ilusionada con Álex.
Hubiera querido que se rieran de mí por estar enganchada a ese chico como una boba y que me pidieran que les contara cada encuentro que hubiéramos tenido.
Les hubiera explicado que había descubierto un nuevo tipo de orgasmo que John jamás me había hecho sentir.
Que no consistía en oleadas de placer momentáneas que venían con la misma rapidez que se desvanecían, sino que se trataba de un placer constante, porque con Álex era todo mucho más intenso.
Una montaña rusa de la que no estaba dispuesta a bajar.