44 León enjaulado
ÁLEX
Llevaba tres días sin hablar con Blake, solo había recibido un escueto mensaje diciéndome que finalmente estaría toda la semana ocupada y que nos veríamos en la gala.
No había que ser un genio para darse cuenta de que me estaba evitando y no tenía ni una jodida idea de cómo debía sentirme al respecto.
Podía sonar presuntuoso, pero nunca me había ocurrido. Las chicas solían querer más de lo que yo estaba dispuesto a darles, no al revés.
—¿Pero qué fue lo último que os dijisteis? —preguntó Bass a mi lado.
Mi mente volvió al salón. Por supuesto, y como siempre, acababa de compartir mi inquietud con mis hermanos.
—Pasamos el día juntos en la playa, hablamos…
—¿Solo hablar?
Puse los ojos en blanco.
—Mucho. Hablamos mucho, nos besamos, hicimos… cosas y luego me quedé dormido.
—¿Cómo?
—¿En serio?
—A este paso vas a perder tu fama.
—Por lo menos rematarías la faena antes .
—No pienso entrar en detalles —bufé—. El caso es que, cuando me desperté, se había largado.
—Hombre, normal.
—A mí me preocuparía que se hubiera quedado viéndote de esa guisa.
¡Menudos capullos!
Lo que hicimos en el coche solo aumentó mis ganas de estar con ella.
Me enloquecía verla vibrar, disfrutar, exigir.
Me sentí cómodo, pero el puto problema es que quería más que su cuerpo.
Mucho más. ¿Por qué a ella no le ocurría lo mismo?
Le había dado tantas vueltas que ya no sabía si me estaba montando una película o si realmente lo mío con Blake no iba a ninguna parte.
—Como experto en tener novias y conservarlas te diré…
—Solo has estado con Julia —interrumpí, porque Bass y ella estaban juntos desde antes de que ninguno de los dos supiera lo que significaba la palabra «novios».
—Más que suficiente para comprobar mi teoría. —Alzó una ceja—. Te diré que estás bien jodido.
Esperé a que siguiera, a que me diera alguna clave, pero ahí acabó la lección.
—Tu ayuda es inestimable, Bass —comentó Roma riéndose.
—No sé qué hacer, nunca había tenido tantas ganas de estar con una chica.
No sabía por qué no dejaba de pensar en ella desde que me despertaba hasta que me dormía, joder. Era un puto sinvivir. Iba a perder la razón de seguir así.
—Es curioso, porque yo tampoco he visto a Cósomo estos días —dijo Roma.
—¿Habrá ocurrido algo? —pregunté esperanzado y eso me hizo sentir como una auténtica mierda. Necesitaba una excusa para su comportamiento. Algo que no fuera: «Álex, paso de ti».
—Voy a llamarlo y que nos lo aclare .
Marcó su número, puso el manos libres, y nos quedamos expectantes.
Sabíamos que los Marconni siempre llevaban el teléfono encima al igual que nosotros, era imprescindible mantener la comunicación en todo momento, nunca sabíamos cuándo la íbamos a necesitar, así que nos extrañó que lo cogiera al quinto tono, y más siendo mi hermano quien lo llamaba.
—Buenos días, amor.
Bass reprimió una carcajada y Roma se sonrojó. Yo sentí una felicidad inmensa al ver que era correspondido. Había tenido muy poca suerte con los chicos en el pasado.
—Hola, Cósomo —saludó tímido—. ¿Va todo bien? Hace días que no nos vemos.
Hubo una pausa casi imperceptible, pero yo estaba tan ansioso por escuchar su respuesta que la noté.
—Lo sé, es que mi madre necesita que ayudemos en la gala y no nos deja ni a sol ni a sombra.
—¿Crees que podríamos quedar esta noche? —Escribí la palabra Lumière en mi móvil y se lo enseñé a Roma. Necesitaba ver a Blake—. Podríamos ir a la discoteca.
—Mmm... —comentó pensativo—. Voy a intentarlo, luego te aviso.
—¿Podrías decírselo también a Blake? Álex quiere verla.
Me pasé una mano por la frente. No podía cagarla más este niño ni aunque se lo propusiera.
—¿Ha probado a llamarla?
Carraspeé, porque esto ya no había quien lo arreglara.
—Le he escrito un mensaje, pero me ha dado largas. Hola, Cósomo.
—¡Primito! —se burló—. ¿O debería decir cuñado? En fin, ya lo resolveremos más tarde.
—Cósomo, céntrate. ¿Se lo dirás a Blake?
—Lo haré, pero no te prometo nada. Está muy liada con varias cosas.
—Gracias .
—Luego hablamos —le dijo Roma.
—Un beso, amor —contestó Cósomo antes de colgar.
—Parece que lo vuestro va viento en popa —comenté.
—No va mal. —Sonrió como respuesta, y eso ya era un gran paso.
Escuchamos la puerta de la calle y la voz de nuestra madre resonó en el salón.
—¡Niños, me he comprado un vestido precioso para la gala!
Lo sacó de la bolsa y se dispuso a enseñárnoslo.
Verla tan feliz era un soplo de aire fresco entre tanta mierda, pero no conseguía acallar el malestar que se había instalado en mi estómago.
Era un sentimiento, una desazón que me indicaba que algo no cuadraba, y que no se me quitaría hasta que volviera a ver a Blake.