Realidad: La mafia es tu vida (La mafia más oscura 1) 37 Muéstrame el camino
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37 Muéstrame el camino

CÓSOMO

—¡Ahhh...! —gemí con la boca de Roma rodeando mi polla—. Joder…, para tener poca experiencia, no lo haces nada mal.

Su risa reverberó en mi miembro y, en lugar de contestarme, succionó con más fuerza. Lo hacía a veces rápido, otras lento, como si me conociera tan bien que supiera exactamente lo que necesitaba.

—¿Te gusta? —Me miró a través de sus largas pestañas con una mezcla de lujuria y anhelo.

¿De dónde había salido ese chico y por qué cojones me hacía sentir así? Le divertía mi excitación y a mí me ponía muy cachondo verlo tomar el control.

En ese momento, me pareció el hombre perfecto para mí. Poseía una mezcla de inocencia y descaro en una medida tan justa que no había llegado a conocerla en nadie más.

—No pares —lo apremié, porque no podía articular más palabras, necesitaba seguir sintiéndolo.

Decirle que me gustaba se quedaba muy corto, y era algo que se hacía más que evidente a través de los jadeos descontrolados que soltaba mientras me deshacía en sus manos.

Noté cómo mi glande le rozaba la garganta y volví a gemir, pero cuando agarró mi culo para metérsela más profundo, perdí el control.

Cogí su cabeza y bombeé mi pelvis, tomando las riendas, hasta que me corrí en sus preciosos labios .

—Ya te dije que lo había hecho un par de veces —comentó limpiándose la boca con el dorso de la mano, y me acerqué a él para cubrirla con la mía.

Quería besarle, volverle loco, como él había hecho conmigo. ¿Cómo habíamos terminado así?

Después de comprobar que mi prima estaba bien, lo invité a cenar en la casita de la piscina. Luego, pusimos la tele y nos tumbamos en la cama, sin más pretensión que pasar ese rato juntos.

—¿Estás preocupado por tu prima? —me preguntó acariciándome el brazo.

Sacudí la cabeza.

—No me explico quién ha podido atentar contra ella. Tenemos enemigos, evidentemente, pero nunca nos habían acechado con tanto descaro.

—Puedo seguir investigando si quieres.

—No, Giordano ha dicho que se encarga, así que no te preocupes.

—No quieres que averigüe cosas de ti —afirmó.

Me puse de lado en la cama para quedarnos frente a frente.

—Es más bien al revés, hay cosas que tú no me cuentas.

—Lo haría si pudiera, pero nuestra supervivencia depende de que tengamos la boca cerrada y no pienso volver a repetírtelo —comentó algo enfadado.

Me incorporé y me senté a horcajadas encima de él.

—Oye, vamos a llamar a las cosas por su nombre: tú y yo estamos en diferentes bandos, por eso nos hemos investigado, pero ahora que tenemos una alianza podemos llevarnos bien. —Sonreí—. Mejor que bien, podríamos ser la hostia juntos y lo sabes.

—Me he empalmado —dijo devolviéndome la sonrisa.

—Qué romántico.

—¿Sabes qué necesitamos?

Alcé las cejas.

—¿Liberar tensiones?

Lanzó una sonora carcajada .

—Una copa.

Y un ron con limón llevó a otro, que mezclamos con chupitos de tequila, hasta que estuvimos embriagados de bebida, de ansias, de ganas.

De pronto, sin saber cómo, lo tuve totalmente desinhibido, reptando por mi cuerpo, besando cada trozo de piel que encontraba a su alcance, y hasta ahora.

—Voy al baño a asearme.

Me besó dulcemente antes de marcharse. Minutos después, escuché el grifo de la ducha.

La casita tenía todo tipo de comodidades, por eso me gustaba utilizarla.

Era casi tan grande como mi habitación, pero no teníamos a nadie alrededor que pudiera escucharnos.

Sin duda, eso era lo que más apreciaba de aquel lugar.

Coloqué un brazo detrás de mi nuca y mi conciencia hizo de las suyas al recordarme que no estaba siendo del todo sincero con él.

Mi contacto aún no había llamado, era posible que no encontrara nada, así que tampoco sabía hasta qué punto cambiaría nuestra relación la información que no tardaría mucho más en recibir.

Pero en ese momento solo pensaba en Roma, en lo bien que encajábamos, en cómo me sentía cuando estaba con él. ¿Sería capaz de renunciar a eso? Lo dudaba bastante.

Y verlo salir del baño, con la toalla enrollada en sus caderas y una sonrisa capaz de iluminar todo Manhattan, no hizo más que confirmarme lo que yo ya intuía: ese chico iba a cambiar mi mundo tal y como lo conocía.

—¿Te gusta lo que ves? —dijo risueño.

Me incorporé, humedeciéndome los labios con la lengua.

—Eres el hombre más sexi que he visto en mi vida.

Una caída de pestañas y una carcajada fueron los únicos gestos necesarios para que el corazón me estallara dentro del pecho.

Me levanté sin ceremonias, hundí los dedos en su pelo y lo atraje hacia mí .

—¿No has tenido suficiente? —preguntó con la voz ronca por el deseo, correspondiéndome al beso.

Mordisqueé su labio inferior antes de contestar.

—No creo que nunca vaya a tener suficiente de ti.

La toalla cayó al suelo, dejándome ver a Roma en todo su esplendor. Era increíble. Alto, fuerte, hermoso, cariñoso. Tenía todo lo que le pedía a un hombre.

Miré hacia abajo. Su erección palpitaba casi tanto como mi corazón. Quería agacharme, cobijarla en mi boca, darle el placer que estaba pidiendo a gritos.

—Cósomo.

—Ajá —contesté con mis ojos aún clavados en su miembro.

—¿Qué haces?

—Leer una revista, ¿a ti qué te parece? —dije arrodillándome ante él.

—No quiero que me devuelvas el favor —contestó tan serio que volví a levantarme—. Lo que en realidad quiero es hacerlo.

Intenté leer en sus ojos y encontré un sentimiento que me abrumó. Quería entregarse a mí con todo.

—¿Estás seguro?

—Sí, me siento cómodo contigo y quiero intentarlo.

Deposité un beso en sus labios por todo lo que aquellas palabras significaban.

—Prepararé algo especial.

—No hace falta, lo quiero ahora.

Mi cuerpo vibró de anticipación, pero me obligué a acallarlo. No se merecía un polvo rápido. No cuando él seguía siendo virgen.

—Ey, Roma. —Acuné sus mejillas entre mis manos—.

Estoy deseando follarte hasta que ambos caigamos agotados, y lo haremos muchas veces, de formas distintas, pero te mereces que tu primera vez sea especial, con alguien que te haga disfrutar y que se preocupe de tus necesidades.

Y también quiero ser esa persona contigo.

Quiero ser salvaje, dulce, pasional y comedido. Contigo me apetece todo.

—Hagámoslo. Estoy harto de esperar. —Tomó mi cintura y se pegó aún más a mí.

Nuestras erecciones se encontraron y se reconocieron. Ambos queríamos lo mismo, aunque solo yo parecía entender que no era el momento.

—Lo haremos pronto, pero no será hoy. —Besé sus labios y después su cuello, para volver a mirarlo a los ojos—. No quiero follar borrachos y que luego no te acuerdes. Cuando finalmente esté dentro de ti, recordarás cada puto roce de mi cuerpo contra el tuyo.

Tragó saliva y esbozó una sonrisa que prometía problemas.

Me giró con un rápido movimiento, quedando a mi espalda. Sus manos acariciaban mis muslos y sus labios rozaban mi oreja, cuando su aliento me estremeció.

—¿Y si te follo yo a ti?

Sonreí y me apoyé contra su pecho.

—¿Eso es lo que quieres?

Coló un dedo por mi parte trasera mientras con la otra mano comenzaba a masturbar mi más que dispuesta erección.

—Lo estoy deseando —dijo muy bajito, poniéndome la piel de gallina.

—Hazlo —le pedí.

No era mi primera vez y estaba tan excitado que deseaba que continuara, pero me sorprendió al volver a girarme para quedar cara a cara.

—¿Acaso tú no te mereces que sea especial?

Su pulgar acarició mi labio inferior.

—Confío en ti —susurré.

—No deberías —dijo sobre mis labios—. Voy a ir al infierno.

En ese momento lo creí. Esos ojos, de un azul tan intenso que encendía mi cuerpo. Su sonrisa, capaz de desarmar a un puto ejército. El pelo mojado, que goteaba agua por todo su cuerpo… Er a el diablo en persona y a mí me ponía a cien en todos los sentidos.

—Muéstrame el camino —musité abalanzándome a su boca.