Realidad: La mafia es tu vida (La mafia más oscura 1) 21 Se hizo la luz
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21 Se hizo la luz

BLAKE

El agua de la piscina se movía suavemente por el viento y su rizo ondulado era casi hipnótico.

Aunque el cielo estaba nublado, había bajado a hacer unos largos.

Nadar era de las pocas cosas que me relajaban.

La conversación con Álex me había dejado toda la noche en vela y no era la primera vez.

Llevaba unos días que me costaba concentrarme. Demasiados cambios en muy poco tiempo.

«¿Nunca te has liado con alguien una noche y luego has seguido con tu vida?», ¡menudo idiota!

Si en algún momento había dudado de mis sentimientos, esa pregunta lo aclaraba todo. ¿En qué instante había acabado perdiendo mi tiempo con un tío al que le daría igual que tuviera tres cabezas mientras me acostara con él?

«Joder, Blake».

Todo lo que tenía de guapo lo tenía de capullo, pero ¡a la mierda! No debía importarme, tampoco es que me fuera a casar con él.

Había quedado claro que lo único que buscaba Álex de mí era un rollo y no tenía nada de malo cuando las dos personas implicadas querían lo mismo, estaba segura de que él lo había hecho millones de veces, pero yo no tenía intención de ser una muesca más en su revólver ni en el de nadie más .

Acababa de salir de una relación de toda la vida, ¡por el amor de Dios! No necesitaba liarme con el primer chico que se me cruzara por delante. Necesitaba tiempo para mí.

Cósomo estaba sentado en una de las hamacas a mi lado, dando golpecitos con el pie a las pobres hierbas del jardín, y Giordano estaba tumbado, leyendo en su libro electrónico con aire teatral.

—¿Qué lees con tanto interés?

Me miró a través de sus gafas de aviador. No veía sus ojos, pero no dudaba de que tuvieran un aire risueño cuando contestó:

— El arte de la guerra , de Sun Tzu.

Puse los ojos en blanco. Lo había leído una docena de veces ya, todos lo habíamos hecho, así que me giré hacia Cósomo. Los tres solíamos estar en sintonía, por lo que su nerviosismo era el mío propio.

—¿Y a ti qué te pasa?

—Nada y ese es el problema. Necesito quemar un poco de adrenalina, prima.

Como atendiendo a su petición, su teléfono sonó en ese mismo instante. Se levantó y cogió la llamada con el ceño fruncido, aunque rápidamente dibujó una sonrisa.

—¡Blake! —Papá me llamó desde la puerta trasera de la mansión y me hizo un gesto con la mano para que me acercara.

Recogí la toalla y me la puse alrededor del cuerpo antes de ir a su encuentro.

—Dime.

—¿Hablaste con Sylvana?

—Sí, he quedado con ella el jueves.

—Muy bien —aprobó, aunque varias arruguitas se le marcaban en la frente—. Necesito que avises a Gianno. Un cliente está causando mucho revuelo en el hotel y no conseguimos que deje de dar problemas .

—¿Por qué no lo echas? —Mi padre tenía gente de sobra para eso.

—Es alguien importante, me crearía un enemigo que ahora no necesito.

—Vale, le diré que te llame.

—Que vaya directamente a la sede central, mi personal le dará instrucciones.

Asentí y volví a la piscina. Cósomo también estaba de vuelta y recogía sus cosas.

—Ey, Cos, alguien está dando problemas en el hotel, ¿le hacemos una visita?

—No puedo, primita, me han surgido otros planes. Ahí os quedáis. —Nos guiñó un ojo antes de marcharse dando saltitos de alegría.

—¿Qué crees que trama? —le pregunté a Giordano.

—Conociéndolo, nada bueno.

Nos echamos a reír. Estaba segura de que nos enteraríamos pronto.

—¿Y tú quieres venir?

—Paso, yo valoro mucho la tranquilidad.

—Cualquiera lo diría. —Alcé una ceja—. ¿Cómo te va con Martia?

Mi primo y ella tenían un rollo desde hacía casi un año, pero no paraban de dejarlo y volver. No sabía en qué punto estarían ahora.

—Es complicado.

Pues lo que yo decía. Martia era genial, no entendía por qué les estaba costando tanto ponerse la etiqueta de «novios», aunque intuía que la culpa la tenía mi primo.

No era una persona indecisa, salvo en lo que respectaba al amor.

Lamentablemente, el miedo era un arma muy poderosa. Ojalá se aclararan pronto.

Cogí mis cosas y le di un beso en la coronilla.

—Me voy, disfruta de tu tranquilidad.

—¡Pásalo bien! —contestó volviendo al libro.