20 Sin sentimientos
ÁLEX
Un buen puñado de hojas secas se arremolinaban en la entrada y crujían a mi paso conforme me acercaba a ella.
Ese sonido, junto con el de nuestras respiraciones, era el único ruido que se escuchaba a nuestro alrededor.
El frío de la noche había convertido nuestros alientos en vaho.
Las mejillas de Blake estaban sonrojadas y, mientras guardaba la pistola, yo la miraba a ella.
—¿Qué haces aquí?
—Antes no pudimos hablar a solas y creo que tenemos una conversación pendiente.
—Ah, ¿sí? Yo creo que nos lo hemos dicho todo.
—Vamos, Blake. Sabes que eso no es cierto. —Era la primera vez que pronunciaba su nombre en voz alta, aunque ya había resonado incontables veces en mi cabeza.
Se cruzó de brazos y me miró desafiante, como nadie solía atreverse a hacerlo, y me costaba reconocer cuánto me inquietaba lo que aquella actitud provocaba en mí.
—Muy bien. ¿De qué quieres hablar?
—De nosotros.
—No hay un nosotros, Álex. Fin de la conversación.
Accionó el mando y, en cuanto la verja se abrió un poco, entró y echó a andar por el jardín. No me lo iba a poner fácil y eso me gustó. La seguí .
—¿De verdad quieres ignorar lo que pasó?
—Fueron un par de besos que no significaron nada. Eres libre de continuar con tu vida —sentenció sin dejar de caminar.
—Seguro que sí, sigue repitiéndolo hasta que te lo creas.
—Eres tú el que ha venido a verme, no al revés —dijo altiva.
Qué razón tenía y qué poco me importaba en aquel momento.
—Y parece que eso te encanta, aunque te empeñes en afirmar lo contrario.
Paró y se giró hacia mí. Tiró de mi cazadora y nos refugiamos bajo unos árboles frondosos, quedándonos muy cerca.
—Hay cámaras y hombres patrullando el perímetro. Lo último que necesito es que se pongan a hacer preguntas —comentó con su rostro a pocos centímetros del mío.
—Dejamos algo a medias y soy un firme defensor de acabar lo que uno empieza.
Apretó los labios para reprimir una sonrisa.
—Si no nos hubieran interrumpido, tampoco habríamos pasado de una noche. No me interesas, Álex, me debo al negocio.
Eso me molestó. Si algo tenía claro era que yo no iba a enamorarme, no pensaba desviarme del futuro que tenía planeado por ninguna mujer. Había visto lo que el amor era capaz de hacer y no entraba en mis planes, pero me jodía en lo más profundo que para ella hubiera significado tan poco.
—¿Recuerdas cuando dije que nunca había encontrado a alguien tan parecido a mí? —Asintió—. Empiezo a ver el lado negativo.
—¿De qué hablas?
Di un paso hacia ella sin dejar de sostenerle la mirada. Ya casi no corría el aire entre ambos, pero parecía que a ninguno de los dos nos importaba ese pequeño detalle.
—Yo también he nacido para dirigir el negocio, pero eso no es incompatible con querer besarte de nuevo, terminar lo que empezamos y que salgas de mi cabeza de una jodida vez .
—¿Qué pasa, Álex? ¿Te has encaprichado? —Me retó con una sonrisilla arrogante que yo estaba deseando devorar—. ¿Quieres lo que no puedes tener?
Tomé su nuca y acerqué nuestros labios hasta que se rozaron. Ella no dudó en intentar librarse de mi agarre, pero la superaba en fuerza.
—¿Quién dice que no puedo?
—Esta tarde no eras tan valiente —me espetó sin saber que lo hice para protegerla.
—¿Hubieras querido que hablara delante de él? —Señalé por donde había desaparecido el coche en el que ella había llegado.
Ambos sabíamos a quién me refería.
—Es mi exnovio. No estamos juntos.
—No es eso lo que te he preguntado, pero gracias por la aclaración.
—Confío en John, nos lo contamos todo.
Algo me decía que eso no era verdad y continué provocándola.
—Entonces, ¿no te hubiera importado que escuchara cómo invadí tu boca con mi lengua? ¿Cómo lamí tu cuello y ese punto tan sensible que tienes en él? —Lo acaricié con un dedo y susurré en su oído—: ¿Cómo saboreé cada parte de ti que me dejaste?
Pude notar que tragaba saliva. Por un momento pensé que se alejaría, pero no lo hizo. Los dos queríamos lo mismo, estaba seguro de ello.
—Estuvo bien, pero no te lo creas tanto. Apuesto a que hay mucho margen de mejora.
Alcé la mano hasta su rostro sin saber si ella iba a pararme.
Me arriesgué. Perfilé sus labios con mis dedos y luego rodeé su cuello y acaricié su mejilla con el pulgar mientras no dejábamos de mirarnos a los ojos, provocándonos sin palabras a acortar los pocos centímetros que nos distanciaban.
Joder, qué bien olía. Quería acercar mi boca a la suya, consumirnos el uno al otro en el beso hasta que solo quedaran cenizas .
—¿Sabías quién era cuando nos liamos? —pregunté mostrando una debilidad impropia de mí.
—No, ¿y tú?
—No.
—¿Y eso qué significa, Álex? ¿Por qué estás aquí? —dijo con un toque de vulnerabilidad que me cortó un latido.
No dejábamos de mirarnos a los ojos y eso lo hacía todo mucho más intenso.
—Porque la atracción entre nosotros sigue existiendo.
—Los negocios y los sentimientos no son buenos amigos —suspiró.
Subí mis manos a sus mejillas y las acaricié con delicadeza.
—¿Quién está hablando de sentimientos? —Mi boca decía una cosa, pero mis gestos todo lo contrario.
—Eres idiota. —Me dio un empujón y me separó de ella con rabia.
—¿Qué pasa? ¿Nunca te has liado con alguien una noche y luego has seguido con tu vida? —pregunté como si no tuviera importancia.
—No, siempre he tenido novio.
—Pero ya no lo tienes.
Alzó una ceja despectiva.
—De ser así, no nos habríamos besado la otra noche.
—Cosas peores se han visto —me burlé, ni siquiera supe por qué. Me sentía completamente expuesto ante ella y por eso me comportaba como un capullo—. A mí, desde luego, no me hubiera importado.
—No tengo duda de que encontrarás a otra que te dé lo que buscas. —Intentó ser firme, pero su voz la traicionaba. Había malestar en ella, un deje de tensión.
—Quizá no quiera a otra. —En ese momento, todo lo que pedía de una mujer lo tenía delante de mí.
—Entre nosotros no va a volver a pasar nada, te lo aseguro.
—¿Por qué ?
—Porque, como dijimos antes, ambos nos debemos al negocio. Eso es lo único en lo que estamos de acuerdo y prefiero que siga siendo así. —Se cruzó de brazos, a la defensiva—. Y te agradecería que esto no saliera de aquí, odio los rumores.
Lo dijo con tal convicción que me fastidió. Estaba claro que no se iba a tirar a mis brazos, pero tampoco esperaba este rechazo. El hecho de no ser solo unos chicos cualesquiera en una discoteca, ¿podía cambiarnos tanto?
Quizá estuviéramos andando con mucho peso por una cuerda demasiado fina y debíamos aprender a descubrir quiénes éramos detrás de nuestros apellidos. Lo que aún no sabía era cómo íbamos a mantener una relación estrictamente profesional cuando yo estaba deseando besarla.
—Tranquila, nadie se va a enterar de nuestro error.
Negó con la cabeza, entornando la mirada. Hubiera dado lo que fuera por saber en qué estaba pensando, pues tenía la certeza de que no tendría nada que ver con sus siguientes palabras.
—Mi padre quiere que os invite a la gala anual de la Fundación Bonetti. Se celebrará en el Hotel De Lucchi de Manhattan.
—¿Tú quieres que vaya?
—¿Importa algo lo que yo quiera?
—A mí sí.
Suspiró y miró hacia la mansión. A lo lejos había unas cuantas luces encendidas.
—En cierto modo, somos socios, Álex. Deberíais ir, será bueno para que las otras familias os conozcan. De momento, no tienen un buen concepto de vosotros.
—Aún no les hemos hecho nada.
—Por si acaso, guárdate esos comentarios cuando te los presente.
—No puedes pedirle a alguien que reprima su naturaleza, pero seré discreto. —Le guiñé un ojo e hizo una mueca.
—Dicho esto, supongo que hemos terminado .
Su mirada viajaba de mis labios a mis ojos, como si su cuerpo quisiera hacer algún movimiento que su mente le estaba prohibiendo. ¡Dios! Cómo me excitaba. Quería abalanzarme sobre ella, empotrarla contra el árbol, besarla, tocarla y hacerle el amor una y otra vez sin descanso hasta saciarnos.
Me acerqué un paso, retiré un mechón de su pelo, rozando sutilmente su cuello con mis dedos, estremeciéndonos a ambos, y aproximé mi boca para hablarle al oído.
—No tienes ni idea, Blake. Esto no ha hecho más que empezar.