Realidad: La mafia es tu vida (La mafia más oscura 1) 13 Asunto Cabante
23%

13 Asunto Cabante

BLAKE

Mi padre y mi tío me habían dejado a cargo del asunto Cabante.

Me dijeron que confiaban en mí para que lo gestionara de la mejor forma posible y yo les contesté que no habría problema.

Me interesaba que así fuera. Por supuesto, no les conté de qué conocía a Alessandro y esperaba no tener que hacerlo jamás.

En principio, parecía algo fácil. Ver dónde se escondían, ir a buscarlos, plantarles cara y dejarles las cosas claras. Nuestra fama nos precedía, pero si aún no habían oído hablar de la realeza de Nueva York, estaban a punto de hacerlo.

Así que al día siguiente me dirigí a Little Italy a ver a Reinard. Quería que me explicara la información en persona y ponerla en común con lo que hubiera averiguado mi primo.

Lo habría citado en mi casa, normalmente eran mis hombres los que acudían a donde yo estaba, pero necesitaba salir y despejarme. Sobre todo después de no haber pegado ojo en toda la noche.

Mi cabeza no dejaba de dar vueltas, y no solo sospechando de las intenciones de Alessandro, sino también recordando los momentos juntos.

Nuestra conversación. Sus besos, tan distintos a los de John…

La forma en que intentó protegerme y no salió corriendo como hubiera hecho cualquier otro en su lugar.

Otro que no perteneciera a nuestro mundo.

Debí darme cuenta, pero no lo hice. Y estaba casi convencida de que él tampoco sabía quién era yo. Pero ¿cómo habría reaccionado si le hubiera dicho mi nombre? ¿Y cómo lo haría cuando se enterara?

Llegué a casa de Rei en mi Mazda MX5, mi coche favorito.

Hacía muy buen tiempo y lo llevaba con la capota bajada.

Su hijo, Stephano, se encargó de aparcarlo.

Estaba esperándome en el portal cuando llegué.

Era corpulento, como su padre, y sabía que acababa de cumplir los dieciocho años.

Ya había dado muestras de querer trabajar para mí y estaba pensando en qué podría emplearlo.

La gente inexperta no era buena para el negocio.

Además, el chico no tenía interés por seguir estudiando y Reinard no quería obligarlo. Quizá podría enviarlo con Carlo.

La casa de Rei era acogedora y su esposa, Chiara, era un encanto. De vez en cuando también cumplía alguno de mis encargos, cuando necesitaba que los hiciera una mujer y no podía acudir yo. Confiaba en ellos. Eran parte de la familia.

Nos sentamos en la mesa de la cocina. Chiara nos sirvió unos cafés y luego se sentó con nosotros. Cogí mi teléfono y marqué el número de Giordano.

—Gio, estás en altavoz. Contadme a qué nos enfrentamos.

Reinard fue el primero en tomar la palabra.

—Se trata de una familia muy bien posicionada. Llegaron hace dos meses y ya han cogido varios negocios entre la 59 y la 71.

Lo sabía. Uno de ellos estaba en mi calle.

—¿Por qué no los habíamos detectado antes?

—Han sido muy cuidadosos, Blake. Se ve que tienen experiencia. Han dejado negocios muy lucrativos en Italia.

—¿Qué tipo de negocios? —pregunté mirando el dossier que había encima de la mesa.

—Solo he conseguido encontrar los legales.

Del resto no hay ni rastro. Protegen la información como si fuera oro.

Su organización interna es inimitable porque nadie la conoce, salvo los que están dentro, y te aseguro que, una vez que entras, solo sales con los pies por delante —afirmó convencido—.

Tienen una cadena de inmobiliarias extendida por todo el mundo. ¿Te suena Dominare?

—¿Cómo? —No me lo podía creer. Esa empresa era un referente en el sector. Su fama llegaba a Estados Unidos, donde había varias oficinas. «Así que no mintió del todo cuando me dijo que su hermano se dedicaba al sector inmobiliario…»—. ¿Son todas suyas?

—No. Ellos tienen la empresa matriz y el resto las han franquiciado. Y cobran un buen dinero al mes por ellas… He sobornado al dueño de la sede de Portugal, no me ha sido difícil. Cuanto más alejada de Roma, menos control tienen sobre ella.

—Bien hecho. ¿Qué te ha contado?

—Que son fantasmas. No ha oído hablar nunca de los Cabante, pero sí de los Escalante. Ellos son quienes abren las franquicias y los que se encargan de solucionar cualquier fisura.

—No lo entiendo. ¿Qué tienen que ver unos con otros? ¿Cómo están conectados?

—Alessio Cabante es el padrino de Alessio e Isabella Escalante —dijo Giordano a través de la línea—.

Cuando sus padres murieron, su mujer y él los criaron como si fueran sus propios hijos.

Y no solo eso, también tienen un despacho de abogados de primer nivel en Roma.

Me juego lo que quieras a que las licencias se reparten como rosquillas.

Vaya, vaya. ¿Qué los habría traído a Nueva York si ostentaban tanto poder en Italia?

—¿Y qué sabemos de los negocios ilegales?

—Los hay, eso seguro. Pero no he podido encontrar nada claro —dijo Reinard.

—Deben tener a alguien que les haya servido de pantalla —comentó Giordano—. Además, el sobrino, Leonardo Fratello, está en política y muy unido con el alcalde, profesional y personalmente. Su madre va a casarse con él.

—¿Van a emparentarse con el alcalde de Roma? ¿Y qué hacen aquí entonces? —No conseguía entenderlo .

—Ni idea —dijo Rei—, pero Alessio Cabante es juez y ha solicitado plaza en Nueva York.

—¿Podemos pararlo?

Teníamos una red de contactos bien conectados que utilizábamos cuando era necesario. Entre nuestras filas había policías, abogados, médicos, notarios... aunque a mí no me gustaba utilizar nuestras influencias. Como decía mi abuelo, «El que pide un favor, lo debe».

Chasqueó la lengua con los dientes negando.

—Podemos retrasarlo. Podemos hablar con el senador Tinsdale, pero es un juez modelo, lleva ejerciendo casi treinta años. Se la van a dar, tarde o temprano.

Así que habían pasado desapercibidos durante dos meses. Mezclándose con los Neoyorkinos, haciendo negocios y vida ante mis ojos sin que ni yo ni ninguna de las otras familias nos diéramos cuenta. Eso se tenía que acabar.

—Tiene que haber algo que podamos hacer.

Volví a echar un vistazo al dossier:

Alessio Cabante: juez. Casado con Fiona Stanti.

Alessandro Cabante: Hijo mayor. 25 años. Estudios: sin estudios conocidos. Ninguna pareja conocida.

Sebastian Cabante: 23 años. Ninguna pareja conocida. Se le relaciona con Julia Martinelli, pero no encontrada conexión. Imposible verificar. Estudios: sin estudios conocidos.

Romano Cabante: 18 años. Ninguna pareja conocida. Estudios: Telecomunicaciones, primer año de carrera en la que continúa matriculado. Universidad de Roma La Sapienza .

Empresas:

En Nueva York: Decentreprises.

En Roma: Cadena de inmobiliarias Dominare.

Hermana: Mérida Cabante. Viuda de Gennaro Fratello. Pareja de Alfredo Collati, actual alcalde de Roma.

Sobrino: Leonardo Fratello. Miembro del partido político Territoria. Casado con Livia Beligio.

Ahijados: Alessio Escalante, viudo de Giovanna Beligio.

Isabella Escalante, situación sentimental desconocida.

Ambos son abogados. Dueños del despacho Escalante&Asociados, dedicado exclusivamente al derecho penal, situado en Roma. Alessio también es dueño del despacho Martín&Escalante, situado en Málaga.

—¿Nunca han estado en prisión?

Negó con la cabeza.

—Parecen tan discretos como nosotros.

—¿Tienen tatuajes? ¿Algo que les identifique?

—No he podido encontrar ni tatuajes ni antecedentes. Nada fuera de lo común, están blindados.

—Esto no me gusta. No me gusta en absoluto.

—Por lo que he podido descubrir sobre ellos, no se van a conformar con una parte. Van a ir a por todas. Esto va más allá de los Marconni. Hay que convocar una reunión con las cinco familias.

—De acuerdo —afirmé.

Reunirlas no sería difícil. De hecho, la graduación de mañana sería el momento perfecto para ello.