Realidad: La mafia es tu vida (La mafia más oscura 1) 12 Lo que está muerto no puede morir
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12 Lo que está muerto no puede morir

Unas horas antes, en Málaga.

ALESSIO ESCALANTE

Mi móvil sonó mientras estaba en el despacho de casa, inmerso en un expediente.

Llevaba un año y medio en Martín Roma se sentaría frente al ordenador y removería cielo y tierra hasta encontrar algo que nos ayudara, y Álex intentaría solucionarlo de alguna manera menos ortodoxa.

—Contenlos. Que no hagan ninguna tontería .

—Pedirle eso a mis hijos es como pedirle al sol que no queme. Cada vez quieren tener más autoridad, sobre todo Alessandro.

—Acordamos que era su momento, padrino. Debes dejar que tome las riendas.

—¿Después de lo que ocurrió en Roma? No, todavía no está preparado. O dime, Alessio, ¿tú hubieras actuado así? ¿Cometiendo semejante imprudencia?

—No. No lo hubiera hecho, pero eso no significa que no me alegre de ello.

—Yo me alegraré el día en que nuestras vidas dejen de correr peligro. Toma medidas, hijo.

Colgué el teléfono y subí a la habitación de Isabella. El hecho de que Arenardi quedara libre era un peligro para todos, pues iba tan detrás de nosotros como los Léoni. Fue mi padre quien lo metió en la cárcel y, desde entonces, nos la tenía jurada.

Bella no podía seguir pasando tanto tiempo en Roma.  Debíamos traspasar el despacho, alejarnos de allí cuanto pudiéramos. Quería tenerla cerca, donde pudiera protegerla.

Abrí la puerta y vi que tenía los ojos cerrados, gracias a la lámpara que siempre dejaba encendida. No soportaba la oscuridad, aunque no dejábamos de movernos en ella. Me senté en el borde de la cama y los abrió de golpe. Su sueño era casi tan ligero como el mío. Había cosas que jamás cambiaban.

—Si es por trabajo, espérate al menos hasta las seis —gruñó de mal humor.

Ni siquiera le extrañaba que estuviera despierto, eso no era raro en mí.

—Ojalá fuera eso.

—¿Pesadillas? —preguntó algo más comprensiva.

Negué con la cabeza.

—Esta vez los demonios son mucho más reales.

Se incorporó en la cama y apoyó la espalda en el cabecero. Llevaba el pelo recogido en una coleta deshecha, lo que le daba un aspecto casi inocente. Lamentablemente, sus rasgos tardaron solo un segundo en endurecerse.

—Dilo de una vez.

—Padrino ha llamado. Arenardi va a salir de la cárcel.

—¿Cómo?

—Le han dado un indulto. Al parecer, es un preso modelo.

—Puto cabronazo, ¡joder! —Se levantó de la cama y se puso a dar vueltas por la habitación—. ¿Podemos recurrirlo?

—Es un callejón sin salida, solo revisarían si se ha seguido el cauce legalmente previsto, y por supuesto que lo han hecho, llevan mucho tiempo esperándolo. No van a anularlo porque no estemos de acuerdo.

—Entonces, podemos matarlo —afirmó con una rabia letal.

—Lo haremos, pero no será ahora. Debemos esperar al momento adecuado y tener un plan bajo la manga.

Por suerte, asintió. Mi hermana y yo éramos abogados por vocación. Ambos poseíamos la combinación perfecta de astucia y crueldad, solo que ella era impulsiva y yo racional. Discutíamos, pero nos complementábamos a la perfección.

—¿Y qué hacemos mientras tanto?

—Quiero que te instales en Málaga, Roma ya no es segura, Bel.

—¿Cuándo lo ha sido? —se mofó—. Pero sabes que lo manejo bien.

—Sé que puedes llevar los negocios, ese no es el problema.

—¿Te preocupan los Léoni? —dijo con una mueca.

Asentí.

—Cada vez tenemos menos libertad de movimientos y, con Arenardi fuera, estrecharán el cerco sobre vosotros.

—No puedo dejar a Julia a su suerte. Bass jamás me lo perdonaría.

—Tiene a Leo, él la protegerá como hasta ahora.

—Las inmobiliarias todavía no son autónomas, necesito más tiempo .

—Seguirás yendo para controlarlas, pero quiero que pases todo el tiempo posible aquí.

Resopló con fastidio.

—¿Cómo se lo han tomado los monstruitos?

—Aún no lo saben.

—Más les vale no hacer ninguna gilipollez.

—Padrino los contendrá.

Puso los ojos en blanco, como si eso fuera imposible. Yo también tenía mis dudas.

—¿Y qué haremos con el despacho? No podemos cerrarlo de un día para otro.

—Lo traspasaremos. Ya no quiero tener lazos allí.

—Perderemos mucho dinero, Aless.

Tenía razón, habíamos trabajado muy duro para llegar a ser uno de los mejores despachos especializados en derecho penal de Roma, pero aquello ya no nos compensaba.

—Mejor perder el dinero que la vida.

—Y Julien…

—¿De verdad te importa ese tío?

—No, pero es que todavía hay muchas cosas que nos atan a Roma.

Sabía que no se estaba refiriendo a él, sino al Léoni, y no podía culparla, por mucho que me molestara.

—Bella, esto no es ninguna broma —le advertí—. ¿No estás cansada de viajar tanto? Casi no tienes vida.

—Estoy cansada de la situación, cansada de toda esta mierda y de echaros de menos, joder —resopló con fastidio—. ¿Cómo quieres que lo hagamos?

Esa era la parte fácil.

—Hablaré con Leo, él te ayudará.

—¿Y lo que tenemos entre manos? ¿Qué pasa con eso?

—Que sigue adelante. No quiero ni un solo error. Solo confío en Leo y en ti.

—Quedaré con Mérida, a ver qué tal lleva la boda .

—Recuerda, no levantemos sospechas.

—Que sííí. Mañana mismo vuelo a Roma y lo dejo zanjado.