Realidad: La mafia es tu vida (La mafia más oscura 1) 8 Un paso más
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8 Un paso más

BLAKE

Continuamos hablando, bailando, devorándonos con la mirada y provocándonos de tal forma que ya no veíamos más allá el uno del otro.

Sentía que la atracción entre nosotros era bestial y aun así me alegraba de que no hubiera intentado algo de nuevo.

Me apetecía estar con él, lo deseaba, pero a mi ritmo, no al suyo.

Además, no podía continuar con aquello en mitad de la discoteca, cualquiera podría vernos y mi ruptura con John aún no era de dominio público.

A ojos de cualquier conocido, yo seguía teniendo novio.

—¿Salimos? —propuse y no esperé su respuesta.

Me dirigí hacia la puerta antes que él. Por suerte, Tony estaba ocupado pidiéndoles el carnet a unos chicos y no se despidió de mí. Doblé la esquina, segura de que Ojos azules me estaba siguiendo, cosa que comprobé en cuanto me cogió de la muñeca, me hizo girar y me atrapó contra la pared.

Pensé que iba a besarme. Quería que lo hiciera.

Pero, en cambio, alzó una mano e hizo un gesto que no parecía propio de él.

Recorrió mis labios con la yema del pulgar lentamente, sensual, erótico.

Me daba la impresión de que era más pasional que tierno y eso era lo que yo necesitaba, no quería pensar, solo sentir .

—Llevo horas queriendo besarte —musitó sin dejar de mirarme a los ojos.

—Hazlo —pero no le dio tiempo, porque fui yo quien se lanzó a su boca.

Lo besé con un hambre voraz. Con una pasión desbordante que hacía demasiado tiempo que no sentía. Capturé su labio inferior con los dientes y lo mordí a placer, saboreándolo.

Sus manos bajaron hasta mi culo, con ganas de perderse por debajo de mi vestido. Me alzó a pulso y rodeé sus caderas con las piernas. Su miembro danzaba contra mi centro desesperante, lujurioso, tenaz, perfecto. Y todo mi cuerpo estalló en llamas.

Era la primera vez que me permitía hacer algo así y no sabía si era una locura o lo mejor que había hecho en la vida. La libertad que sentía era absolutamente abrumadora y quería más. Necesitaba más.

—Tengo el coche aquí al lado. —El calor de su respiración me acarició los labios.

—¿Insinúas que nos liemos ahí? —Mis manos alrededor de su cuello tiraban de su pelo sin descanso.

—No quiero desnudarte en público.

Miré a los lados, la cola que aún había para entrar al Lumière no estaba demasiado lejos.

—Si me desnudas será porque yo quiero, y de momento no lo hago.

—¿Estás segura de eso? Porque este beso me ha dicho lo contrario.

Retiró mi pelo hacia atrás y, tal y como había hecho en la discoteca, rozó mi cuello en el proceso. Suspiré.

—Vamos.

Compuso una sonrisa preciosa que hizo que me reafirmara en mi decisión y fuimos hacia un Ferrari rojo. No era un coche cualquiera y una alarma saltó en mi cabeza. Me paré en seco.

—¿A qué te dedicas exactamente?

—Es de mi hermano —explicó al verme reticente .

—¿En qué trabaja tu hermano?

—Creía que no íbamos a darnos nada de información.

—Y yo creía que habías dicho que te fiabas de mí.

—Tenemos una empresa. Una inmobiliaria —especificó.

Dudé un poco. Había algo que no terminaba de cuadrarme y mi instinto rara vez me traicionaba.

Él se acercó a mí, cogió mi cara entre sus manos, me miró a los ojos, casi pidiendo permiso, y me besó.

Esta vez fue más dulce, comedido, casi tímido. Su lengua entró en mi boca despacio y se movió desesperante, esperando a que la mía le correspondiera. Lo hice. Me aferré a su camiseta y le devolví todo lo que me estaba dando. No temblé. No dudé. Me consumían las ganas.

—¿De verdad quieres seguir hablando de mi hermano? —preguntó divertido y sonreí en sus labios—. Me vuelve loco tu sonrisa —susurró antes de volver a besarme.

Sentí un escalofrío de pies a cabeza cuando me apoyó sobre el capó del coche. Todo entre nosotros parecía demasiado íntimo. Ni siquiera con John tenía esa pasión tan desbordante, aunque quizá la ausencia de ella había sido precisamente nuestro problema.

Tiré de su camiseta hacia mí, metí la mano por debajo y empecé a descubrir su cuerpo, duro bajo mi tacto, como respuesta.