7 Jugando al despiste
BLAKE
Nos quedamos en la pista, aguantándonos la mirada sin saber lo que eso iba a significar. Estábamos jugando, tanteándonos sin más pretensiones que pasar un rato divertido, o eso pensábamos.
No tenía nada claro lo que ocurría entre ese chico y yo, pero estaba absolutamente intrigada por su habilidad para esquivar las balas que le iba lanzando.
En cualquier caso, me parecía bien que no quisiera contarme nada, yo tampoco tenía ningún interés en aprenderme sus obras y milagros, suficiente tenía con mi vida como para cargar con la de los demás.
—Pues hablas muy bien inglés, eso tengo que concedértelo —le dije para romper el momento, porque no dejaba de observarme.
Me guardé para mí las maravillas que su erótico acento le estaba haciendo a mi cuerpo. Yo no era una persona vergonzosa, por lo que habría que imaginarse el efecto que estaba causando en mí. Casi parecía desnudarme con la mirada y me pregunté qué veía cuando me estudiaba con tanta intensidad.
—Aprendí de pequeño. También sé español y ruso.
Vaya… Cualquiera lo diría con esa pose de engreído. Parecía mentira lo que escondían las apariencias.
—¿Quién te enseñó? —pregunté con curiosidad.
Un rápido reflejo en su cara me hizo comprender que estaba tocando terreno pantanoso, aunque se le daba muy bien ocultarlo y pronto volvió a su actitud arrogante .
—Mis hermanos mayores. Hubo un tiempo en que no nos hablaban en italiano ni nos contestaban si nosotros lo utilizábamos, por lo que tuvimos que esforzarnos en aprender si queríamos comunicarnos con ellos.
—Suena duro.
—Lo era, pero lo hacían por nuestro bien. —Su pecho se llenó de aire y soltó un suspiro ahogado—. Eran los mejores.
—¿Por qué hablas en pasado? ¿Están…?
—No, no están muertos, pero no están conmigo y tampoco son mis hermanos de sangre.
—Supongo que esa es una de las cosas que no me vas a contar.
—Ellos son un límite infranqueable para mí —aseguró antes de cambiar de tema—. Hace un rato dijiste que no confiabas en nadie.
Asentí y le concedí esa tregua. Intuía que él tampoco iba a insistir demasiado en que especificara mis respuestas, porque no quería ponerse en el compromiso de tener que contarme cosas sobre él y me sentí cómoda. Estaba en mi hábitat, dentro de mi zona de confort.
—Nunca se conoce a nadie al cien por cien.
—¿Ni siquiera a tu familia?
Entorné los ojos. Por supuesto que confiaba en mi familia, eso era algo que jamás negaría, y aunque tenía claro que debía medir mis palabras y no dar demasiada información a un completo desconocido, en cierto modo me enorgulleció que hiciera esa pregunta.
Sonreí. No había nada más importante en mi vida que ellos.