Realidad: La mafia es tu vida (La mafia más oscura 1) 5 El Lumiére
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5 El Lumiére

BLAKE

Veinte minutos más tarde llegamos al Lumière, la discoteca que habíamos adquirido hacía unos meses en Tribeca.

Había sido idea de mis primos y a mi familia le pareció una buena forma de diversificar los ingresos.

Era un sitio perfecto para cerrar tratos o mover cualquier mercancía sin levantar sospechas.

Muchas de las familias hacían sus transacciones allí.

En la entrada, como cada noche, había una cola kilométrica, lo que significaba que el negocio nos estaba yendo muy bien. Fuimos directamente hacia la puerta. La gente de la cola protestó hasta que nos reconocieron. Los tres sonreímos.

—Hola, Tony —saludé al portero.

—Buenas noches, Blake. Pasad.

Dentro no cabía un alfiler. A un lateral estaba la barra, donde no quedaba un solo hueco libre; presidiendo la sala había un escenario sobre el que estaba situada la mesa de mezclas del DJ, y las plataformas de los gogós estaban ocupadas por chicas y chicos que bailaban para el disfrute de los demás.

Subimos al piso de arriba, donde teníamos un reservado siempre disponible para nosotros, y pedimos una botella de champán.

—Carlo me ha dicho que hay una empresa comiéndonos el terreno.

—¿Quieres que investigue? —preguntó Giordano, retrepado en el sofá .

—De momento se está encargando Reinard. Si te necesito, te aviso.

—Solo tienes que decirlo.

—Está claro que algo te preocupa y no es eso. ¿Nos lo vas a contar ya? —Cósomo alzó las cejas y me miró perspicaz. Giordano frunció el ceño aguardando mi respuesta.

Sabían que cuando quisiera contar algo, lo haría sin necesidad de que me insistieran…

Me conocían mejor que nadie. Y la verdad era que yo no quería hablar del tema.

Con haberlo vivido me bastaba. Ya era suficientemente doloroso.

Pero eran mis primos. Negarles una respuesta a ellos sería como negármela a mí misma, así que contesté.

—He roto con John.

Se miraron entre ellos un segundo.

—Creo que hablo en nombre de todos cuando digo: ¡ya era hora!

Giordano sonrió, dándole la razón.

—Sabíamos que no estabas enamorada, pero era algo que debías decidir tú.

Espiré todo el aire contenido.

—¿Sabéis qué es lo peor? Que me siento bien, liberada. No quiero que John sufra, pero necesitaba esto y no sabía cuánto hasta que he dado el paso.

Giordano asintió.

—Se veía venir. ¿Cómo se lo ha tomado?

—No muy bien. Y aún tengo que contárselo a mis padres.

—La familia lo entenderá, Blake —dijo apretándome la mano con cariño.

—Parece que tenemos otra cosa que celebrar entonces.

Cósomo levantó su copa y las chocamos. Di un sorbo mirando hacia la pista de baile, donde decenas de cuerpos danzaban eufóricos.

—Me encantaría tener esa despreocupación. —Señalé con la cabeza—. Salir a la pista, cerrar los ojos y dejarme llevar .

—¿Y por qué no lo haces?

Chasqueé la lengua con los dientes.

—Eso sería una imprudencia.

—¡Venga, suéltate el pelo de una vez! ¡Líate con algún chico, por ejemplo!

Nunca había probado los rollos de una noche, no había tenido tiempo ni interés. Además, deseaba estar sola y dedicarme al negocio, crear nuevos proyectos y alianzas, eso me ilusionaba.

—Siempre haces lo correcto, intentas tener controlado hasta el último detalle. ¡Date un respiro!

Hablaban alternativamente, como si quisieran convencerme, mientras yo sonreía.

—Deja que nosotros nos encarguemos de todo. Tú disfruta.

—Exacto, nosotros vigilaremos que todo vaya bien.

—Eso me deja muy tranquila —exageré.

—Olvídate de las responsabilidades por una noche, Blake —me apremió Giordano.

—No puedo bajar tanto la guardia —dije, más para mí que para ellos, cuando un chico llamó mi atención.

La gente se apartaba para dejarle paso, como si hubiera algo que les advirtiera sin palabras de que era así como había que actuar ante él.

Como si fuera el dueño de todo. Era moreno, de pelo corto, y llevaba una camiseta negra y un pantalón vaquero.

No tenía nada de especial, pero el aire con el que se había movido, la forma en la que imponía su presencia sin esforzarse siquiera fue lo que me atrajo de él.

Apoyó un codo en la barra, donde otros dos chicos le hicieron un hueco, y pidió una copa.

—Oye, no es malo dejarse llevar de vez en cuando —comentó mi primo y volví la mirada hacia a él.

—Claro que no, Cósomo lo hace todo el tiempo.

—Si crees que me ofendes, vas listo —se burló él y yo me reí.

Mis primos discutían desde que tenían uso de razón, pero se adoraban con la misma intensidad .

—¿Sabéis qué? —Me levanté—. Tenéis razón.

—Siempre la tenemos.

—No me esperéis despiertos —dije dando el último trago a mi copa y dejándola sobre la mesa con decisión.