Realidad: La mafia es tu vida (La mafia más oscura 1) 4 Decentreprises
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ÁLEX

Yo también imponía, estaba claro, pero mi cometido en la organización debía ser intelectual. No me importaba coger un arma cuando era necesario, pero ya tenía bastante llevando las riendas del negocio y de la familia como para encargarme también de esto.

Ahora teníamos ayuda, pero en cuanto mi padre empezara a trabajar, mis hermanos y yo nos quedaríamos solos.

Mi madre nunca había querido formar parte activa de la organización, aunque, sobre el papel, ella dirigía una de nuestras principales compañías.

La quería, pero siempre había pensado que debería estar más involucrada.

Al fin y al cabo, esta era nuestra vida.

Una vida que yo estaba dispuesto a proteger hasta sus últimas consecuencias.

Habíamos hecho muchos sacrificios y perdido a personas demasiado importantes como para conformarnos ahora con migajas. Íbamos a por todas y se lo dejaría claro a cualquiera que osara interponerse en mi camino.

Cogí mi Suzuki GSX y me dirigí hacia el restaurante.

Mi moto era mi bien más preciado. La tenía desde que cumplí los veinte años y no pensaba dejarla en Roma, aunque a mi primo Leo le hubiera encantado que lo hiciera, pero fue un regalo de mi padre cuando conseguí un negocio que nos estaba costando bastante trabajo y era importante para mí.

Además, me encantaba ir en moto. La sensación de libertad era única.

Llegué al restaurante de Liano y vi que estaba lleno. Parecía tener mucho éxito y eso debía ser lo que molestaba a los Marconni. Vi al tipo detrás de la barra y me acerqué a saludarlo.

—Liano, soy Alessandro Cabante. —Le tendí la mano.

—Señor Cabante, bienvenido a mi restaurante. ¿Puedo ofrecerle algo de beber?

El hombre era mucho más mayor que yo, tendría unos sesenta años, y aun así me guardaba respeto.

No creía que hubiera escuchado hablar de mi familia antes de venir a Nueva York, aunque tampoco conocía hasta dónde habían llegado los rumores.

Salimos de Roma de forma imprevista y lo que más nos preocupaba era que alguien nos siguiera, por lo que todavía estábamos estudiando el alcance de lo ocurrido allí.

—No, gracias. Estoy aquí porque Sebastian me ha dicho que hay alguien molestándote.

Me quedé de pie en la barra y él asintió, dispuesto a contarme lo ocurrido.

—Ayer vino un hombre. Me dijo que venía de parte de Gryfood, y todo el mundo sabe que esa es una de las empresas de los Marconni.

Yo ya había puesto a Romano a investigar sobre ello. Al parecer, Gryfood era la empresa intermediaria con la que los Marconni proveían a todos los negocios de la 59 y de paso lavaban dinero.

—¿Sabes quién la dirige ?

Esa información no habíamos conseguido encontrarla. Romano dio con una serie de empresas pantalla detrás de esa y no habíamos podido vincularla a ningún miembro concreto de la familia.

—La dirige la chica. El que vino era uno de sus matones —me dijo Liano con miedo.

La chica. Blake Marconni. Mi hermano me habló también de ella. Hija única, destinada a dirigir el negocio familiar. Tenía solo veintidós años y ya era parte activa del negocio. Había crecido con él. Aunque fuera competencia, debía reconocer que estaba profundamente admirado.

—¿Dónde puedo encontrarla?

Este hombre parecía saber mucho sobre las familias de Nueva York y no me equivocaba, porque contestó:

—Vive en la mansión Marconni con los padres y estudia en la facultad de Derecho. Mi nieto, Vincent, la ha visto por allí cuando ha ido a entregar algún pedido.

Vaya, parecía que el nieto se fijaba en la Marconni. Interesante. Me guardaría esa información por si me fuera útil en un futuro.

—Está bien. Procuraré que no vuelvan por aquí. Nadie se mete en mis asuntos.

—Gracias, señor Cabante. Muchas gracias.

Salí del restaurante y me dirigí de nuevo a casa pensando en los Marconni. Tendría que hacer algo para que no tocaran nuestros negocios. Quizá una visita fuera efectiva.

Por el camino recibí una llamada. Bass y Roma me esperaban en la discoteca que habíamos descubierto hacía unas noches en Tribeca. Empezaba la fiesta.