3 A examen
BLAKE
Acabábamos de terminar los exámenes que, según creía, no me habían salido nada mal y estábamos saliendo de la facultad cuando el cielo empezó a teñirse de negro. Ese día parecía no acabar nunca.
Me había pasado toda la noche despierta, intentando concentrarme, pero, cada vez que me distraía, mi mente volaba trayéndome a la cabeza un buen puñado de momentos junto a John. No tenía un solo recuerdo de mi infancia que no lo incluyera.
Pasábamos juntos navidades y cumpleaños.
A veces, incluso compartíamos las vacaciones de verano en Fort Lauderdale, conocida como la Venecia de América.
Sus padres no siempre venían, pero él se apuntaba cada vez que podía.
Allí fue donde nos dimos nuestro primer beso y donde nos acostamos por primera vez, después de haber hecho una hoguera en la playa con nuestros amigos.
Lo quería, por supuesto. Junto con mis primos, era mi mejor amigo, por eso resultaba tan doloroso. Pero lo que más me dolía era que no me había arrepentido de mi decisión ni un solo instante. En cambio, parecía haberme quitado un gran peso de encima. Incluso respiraba mejor.
—¡Vamos a estar impresionantes en la graduación! —me distrajo Zia y yo asentí con una sonrisa. Fio, ella y yo habíamos ido a comprar los vestidos juntas semanas antes y eran increíbles .
—Estoy deseando ver la cara que pone Carrick cuando me vea con ese escote. —Se rio Fiorella.
Las tres éramos atrevidas, pero su vestido era el que menos lugar dejaba a la imaginación.
—Se va a caer de culo. —La siguió Zia y yo asentí.
—Tengo que irme, chicas —anuncié tirándoles un beso con la mano a cada una—. ¡Nos vemos el viernes!
Media hora después, aparqué el coche en el garaje, entré en el salón y saludé a mi madre. La encontré sentada en el sofá, viendo su telenovela italiana favorita: Amore è cieco 1 . Sin duda, aunque mi familia se había adaptado muy bien a Nueva York, no dejaba de echar de menos sus orígenes.
—¿Cómo te ha ido?
—Creo que bien.
—No esperaba menos, cariño. —Sonrió levantándose—. Yo ya he cenado y tus abuelos están con Bianca en la fundación. Ve al comedor, le diré a Rory que te prepare algo.
—Gracias. —Le guiñé un ojo y me encaminé hacia allí.
Papá estaba en su despacho con tío Agostino, seguramente poniéndose al día de los negocios, así que no los molesté.
Durante la cena aproveché para revisar los detalles de algunas transacciones que teníamos pendientes, cuando se unieron mis primos.
Giordano, que tenía un año menos que yo, me dio un beso en la frente y se sentó a mi lado. Cósomo se sentó al otro y empezó a picotear de mi plato. Le di un manotazo.
—¡Oye! —se quejó.
—Búscate tu propia cena.
—Aún no sabes que tienes que pedir las cosas por favor —dijo Giordano, mirándome con esa sonrisa derritehielos que tan bien le funcionaba con las chicas, y entrecerré los ojos sospechando .
—¿Qué queréis?
—Tienes un concepto de nosotros que me preocupa. —Cósomo se hizo el ofendido, retrepándose en su silla.
—Será porque os conozco. —Alcé una ceja y él resopló.
—Que salgas con nosotros esta noche. Hemos terminado los exámenes, eso hay que celebrarlo.
Torcí el gesto. La idea era prometedora, pero tenía muchas cosas que hacer.
—Para ti cualquier excusa es buena para salir de fiesta.
—Bien, me alegra que nos entendamos. —Sonrió divertido.
—Además, llevamos toda la tarde en la fundación —dijo Giordano—. Mamá no dejaba de atosigarnos para que echáramos una mano en la gala anual y necesitamos despejarnos.
Me reí. Tía Bianca tenía un don para increpar a sus hijos hasta conseguir que hicieran lo que ella quisiera sin rechistar. Y hubiera continuado burlándome de ellos, pero recibí la llamada de uno de mis chicos.
—Dime, Carlo.
Carlo era el encargado de ir recogiendo los pagos de los negocios que gestionábamos. Confiaba en él, era inteligente y tenía la presencia necesaria para dar un miedo atroz.
—Blake, el de la 59 nos está dando problemas. No tiene el pago de esta semana y ya lleva dos meses de retraso.
A Vasile, el dueño del restaurante italiano de la 59, lo proveíamos con todo lo necesario para su negocio. Desde maquinaria hasta comida, bebida..., pero habían puesto otro restaurante en la misma avenida y le estaba quitando clientela.
Hacía cuatro meses me había pedido un aplazamiento del pago estipulado y yo le dije que podía pagarnos de semana en semana en lugar de tener que ahorrar todo el dinero del mes. Sin embargo, parecía que eso tampoco bastaba.
Había enviado a Gianno, otro de mis chicos y un negociador nato, al nuevo restaurante para conseguirlos como clientes, pero al parecer a ellos ya los proveía una empresa: Decentreprises .
Puse a mi detective, Reinard, a investigar quién era la nueva competencia. Necesitaba saber quién estaba detrás de esa empresa porque solo yo controlaba la 59. Así había sido desde hacía cuatro años y no iba a cambiar ahora si yo podía evitarlo.
En esa calle teníamos negocios de todo tipo: restaurantes, peluquerías, empresas de inversión, despachos de abogados, psicólogos... y yo suministraba a todos, e incluso hacía otro tipo de operaciones con algunos de ellos en más de una ocasión.
—Envíale una tercera parte de los suministros. Si vende menos, necesitará menos y así también minorará la deuda. Dile que Beto se pasará por allí para estudiar su negocio y ver cómo puede mejorarlo. Que prepare toda la documentación.
Podía tener contentos a un montón de peces gordos y, sin embargo, a veces los pequeños negocios nos daban más problemas que los grandes, pero era controlando a la gente de la calle como controlábamos la ciudad.
Colgué el teléfono cuando me di cuenta de que mis primos me observaban.
—¿Algún problema?
—Adivinad… No quieren pagar.
—La misma canción de siempre —dijo Giordano.
—¿Ves? Necesitamos una noche libre.
—Vale, pero solo un rato.
—El que nos pida el cuerpo.
Puse los ojos en blanco y, cuando terminé de cenar, fui a mi habitación. En menos de una hora estaba vestida y lista para la ocasión.
Bajé para encontrarme con mis primos, cuando mi teléfono volvió a sonar. Esta vez era John.
—¿Ocurre algo?
Negué con la cabeza y corté la llamada.
—Nada que no tenga solución —afirmé antes de montarnos en el coche y volar hacia el Lumière.