Realidad: La mafia es tu vida (La mafia más oscura 1) 2 El cambio
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ÁLEX

No me acostumbraba a Nueva York. Echaba de menos Roma. Mi idioma, mi gente, mi vida. No sabía por qué mis padres habían decidido instalarse aquí. Sí, teníamos que irnos, ya no era seguro, pero podíamos haber elegido cualquier otro destino.

Había muchos países en los que mi padre podría haber ejercido como juez sin obstáculos y con más rapidez.

Incluso pagando una cantidad de dinero que para nosotros no supondría ningún esfuerzo.

Pero él quería hacer las cosas bien, legalmente, porque no sabíamos cuánto tiempo tendríamos que quedarnos y había que acatar su decisión por mucho que me jodiera.

Yo hubiera preferido España. Aless y su hija, Daniela, vivían en Málaga y me hubiera encantado reunirme con ellos.

Los añoraba. Además, allí hubiéramos pasado más desapercibidos y no tendríamos a otras familias acaparando el negocio.

Y el clima era parecido. Echaba de menos subirme a mi moto sin camiseta y pasear por las calles de siempre, como si cada rincón de Roma fuera mi hogar.

Había sido muy difícil establecerse. Tuve que partir piernas, amenazar y hacer que rodaran cabezas, pero por fin había conseguido unos cuantos negocios para mantenernos mientras a mi padre le aprobaban su plaza como juez.

Cuando esto sucediera, podríamos hacer transacciones con más facilidad, tendríamos a todos comiendo de nuestra mano y pidiéndonos permisos, licencias o las mierdas legales que quisieran, como hacíamos en Italia.

En Nueva York no teníamos hombres que nos cubrieran las espaldas, por lo que el siguiente paso había sido intentar comprar a algunos policías, pero no estaban resultando nada fáciles de extorsionar. Al parecer, ya tenían dueño.

Y es que el verdadero problema era que aquí había mucha competencia. Según mi hermano Romano, había cinco familias: Los Ricco, que controlaban Brooklyn; los Marconni, Manhattan; los Gulio, Staten Island; los Inchenza, el Bronx y los Lorenzzo, Queens. ¿Qué cojones nos iba a quedar a nosotros?

Habíamos creado una nueva empresa, las inmobiliarias seguían dándonos dinero bajo la dirección de Isabella, pero todo era un puto desastre sin precedentes.

Aless y Dani fueron los primeros en marcharse, mientras Bella, Julia, Livia, Leo y Mérida se habían quedado en Roma, aguardando las consecuencias de nuestros actos.

Y nosotros habíamos tenido que huir cuando era lo último que querríamos haber hecho.

Pero ya era tarde. La vida cambiaba en un instante y para nosotros no había vuelta atrás. Estábamos sentenciados.