Raven (Código Negro 3) Capítulo 53
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Capítulo 53

Claus

No.

No.

No puede estar pasando.

La sostengo entre mis brazos mientras intento ignorar el calor que empapa mi camisa. Todo mi mundo cabe dentro de ella. Todo el ruido de la batalla desaparece. Ya no escucho disparos.

Solo la veo a ella. Su respiración es cada vez más débil.

—Mírame, Salvaje.

Le acaricio el rostro con una mano que no deja de temblar.

—Eh... mírame.

Sus párpados luchan por permanecer abiertos. Sus labios se entreabren como si quisiera decir algo. No sale ninguna palabra.

—No me hagas esto. —Apoyo mi frente contra la suya.—Por favor...No me dejes.

—Te….amo, vaquero—arrastra las palabras y mi mundo se desmorona—amé…ser…tu esposa.

Cuando cierra los ojos, mi mundo termina por romperse y me quedo en shock. Ni siquiera le dije que la amaba también. ¿Qué clase de marido soy?

No, no, no. Ella tiene que despertar.

Escucho pasos corriendo hacia nosotros. Theron cae de rodillas a mi lado. Max, Azrael, Noel y Denis llegan apenas unos segundos después. Todos hablan al mismo tiempo.

Nadie consigue ordenar el caos. Theron me aparta una mano del cuerpo de Maeve para revisar la herida. Su expresión cambia inmediatamente. Y eso me asusta mucho más que toda la guerra que acabamos de librar.

—No te muevas. —Su voz deja de sonar tranquila.

Presiona con fuerza sobre mi abdomen y no lo entiendo, la que está herida es ella, no yo. Pero entonces, el dolor llega, la punzada, el disparo y cómo me voy apagando lentamente.

Después levanta la vista hacia los demás.

El silencio dura apenas un instante. Después empiezan a llover las maldiciones. Azrael golpea el suelo con el puño. Max gira la cabeza y da varias órdenes a los hombres de Código Negro. Denis corre hacia uno de los vehículos buscando el botiquín de combate.

Noel ya está llamando a los médicos.

Yo... Yo no puedo hacer nada. No puedo soltarla. Mis brazos siguen rodeándola con desesperación. Como si abrazarla fuera suficiente para impedir que se marchara.

Theron me mira.

—Claus. —No reacciono.—¡Claus!

Theron levanta la vista de golpe.

—¡Claus! —hay desesperación en ese grito.

Hasta que siento algo caliente resbalar por mi costado. Frunzo el ceño y bajo la mirada. Mi camisa también está cubierta de sangre.

No...

No puede ser. Llevo una mano a mi abdomen. Los dedos regresan completamente rojos. La misma bala. La bala atravesó a Maeve... Y después me alcanzó a mí.

Las piernas dejan de responderme. Como un incendio extendiéndose por todo el cuerpo. El aire desaparece de mis pulmones.

Theron maldice entre dientes.

—Joder... orificio de salida.

Señala a Max.

—¡Sujétalo!

Niego con la cabeza.

—No.

No pienso apartarme de ella. Ni muerto. Intento incorporarme. El mundo da vueltas. Todo empieza a perder nitidez.

Levanto la cabeza.

—Necesito que te quedes conmigo. —Niego inmediatamente.

—No.

—Déjame trabajar, joder. No vas a morir.

—No. —Mi voz sale rota.—No la voy a soltar.

Nunca.

Jamás.

Theron me sostiene la mirada durante un segundo. Después asiente. Él comienza a trabajar con una rapidez que solo da la experiencia.

Todo sucede demasiado deprisa. Yo solo sigo mirando el rostro de mi esposa. Recuerdo el día que apareció herida en mi rancho. La primera vez que discutimos. Cuando me llamó vaquero con ese tono burlón. Nuestra boda. Hazel diciendo que era su nueva mamá. El ventanal del apartamento en Londres.

Eres fácil de querer, Salvaje.

Maldita sea.

Todavía tenemos demasiadas cosas pendientes. Aún no hemos vuelto a Raven Valley.

Aún no hemos visto crecer a Hazel.

Aún no le he enseñado todos los lugares que quiero enseñarle.

Aún no...

No.

No puede terminar aquí.

—Por favor... —Le beso la frente.

Theron cambia inmediatamente de prioridad. Inclina a Maeve con cuidado y comienza las maniobras para mantenerla con vida.

—Vamos...

Su voz ya no suena como la del jefe de la mafia inglesa. Suena como la de un hombre desesperado y el médico que es.

—Vamos, Maeve...No le hagas esto. —Sigue trabajando sin detenerse.

Una.

Dos.

Tres.

Vuelve a intentarlo. Alguien grita que la ambulancia está entrando. Otro dice que preparen el helicóptero. Azrael camina de un lado a otro completamente fuera de sí.

Yo solo extiendo la mano y busco la de ella. Nuestros dedos llegan a rozarse.

Es suficiente. La sujeto con toda la fuerza que me queda.

—Te prometí... —Mi voz apenas es un susurro.—Te prometí que mientras yo siguiera respirando... No permitiría que nadie te tocara.

Una risa amarga intenta escapar de mi garganta.

Qué promesa tan inútil.

He fallado.

Le he fallado.

La vista comienza a oscurecerse. Las voces se escuchan cada vez más lejos. Como si todos estuvieran al otro lado de un túnel. Lo último que siento es la mano de Maeve entre la mía.

Y lo último que pienso...Es que, si ella se va... No quiero despertar en un mundo donde ya no exista.

Después...Todo se vuelve completamente negro.