Capítulo 45
Eve
Media hora después, uno de los hombres de Claus golpea dos veces la puerta del despacho antes de asomar la cabeza.
—Ya está aquí.
Claus apenas levanta la vista de la mesa.
—¿Lo registraron?
—Dos veces.
—¿Armado?
—Ya no.
Claus asiente.
—Hazlo pasar.
La puerta vuelve a abrirse unos segundos después.
Denis entra con las manos en los bolsillos, caminando con esa tranquilidad insultante que parece llevar pegada a la piel.
Antes de cruzar la puerta lo registraron de arriba abajo.
Le quitaron una pistola, dos cuchillos, un cargador extra y hasta una pequeña navaja escondida dentro de una de sus botas.
Aun así, entra como si fuera él quien estuviera en territorio amigo.
Su mirada recorre el despacho. Después se detiene en Claus. Una sonrisa burlona aparece en su rostro.
—Vaya, vaya... —Silba por lo bajo.—Veo que eres toda una estrella en Yorkshire, vaquero.
Claus ni siquiera responde. Se limita a observarlo con esa calma que resulta mucho más amenazante que cualquier insulto.
Denis termina girándose hacia mí.
—Elegiste bien a tu novio, princesa.
Antes de que pueda responder, siento la mano de Claus buscar la mía. Entrelaza nuestros dedos. Después levanta nuestras manos lentamente hasta que el anillo queda perfectamente visible entre los tres.
—Esposo. — Su voz sale grave y autoritaria.
Denis arquea una ceja. Claus no aparta la mirada de él.
—Y desde ahora en adelante la llamarás por su nombre. —Hace una breve pausa. —Maeve Radkle.
El silencio dura apenas unos segundos. Denis baja la vista hacia el anillo. Después vuelve a mirarme. Finalmente sonríe.
—Entendido, joder. —Inclina ligeramente la cabeza.—Señora Radkle. Estoy herido porque no fui invitado a la boda, pero felicidades.
Claus suelta mi mano.
—Ahora sí, siéntate.
Denis toma asiento frente al escritorio sin borrar esa sonrisa de suficiencia que parece divertirlo todo el tiempo.
Yo me acomodo junto a Claus. Él permanece de pie unos segundos más antes de rodear el escritorio y ocupar su silla. El ambiente cambia de inmediato. Ya no parece una conversación. Parece una reunión de guerra.
Denis deja de sonreír.
—Tengo malas noticias. —Apoya ambos antebrazos sobre las piernas. —Tu hermano no quiere salir de su cueva. Está siendo imposible reunirme con él en Irlanda.
Frunzo el ceño.
—¿Ni siquiera aceptó escucharte? —pregunto.
—Ni eso. —Resopla.—Todo pasa por intermediarios. Cambian constantemente de ubicación y nadie sabe dónde demonios está realmente Sebastián.
Cruzo los brazos mientras ordeno las ideas en mi cabeza. Entonces lo entiendo. Hay una única forma de hacerlo salir.
Levanto la vista.
—Yo lo haré salir.
Los dos hombres me miran al mismo tiempo. Claus es el primero en hablar.
—Ese no era el plan, Eve.
Niego lentamente.
—Cambio de planes. —No aparto la mirada de Denis.—Voy a reunirme directamente con Sebastián.
El despacho queda completamente en silencio.
—Lo haré salir.
Claus apoya ambas manos sobre el escritorio.
—No. —Su respuesta es inmediata. —Ni hablar.
—No te estoy preguntando. —le digo—Estoy informándote.
Su mandíbula se tensa.
—No pienso dejar que vayas sola.
Denis interviene antes de que la discusión siga creciendo.
—Hay un pequeño problema. —Los dos lo miramos.—Tu hermano ya sabe que sigues viva.
Sonrío apenas.
—Quiero que lo sepa. —Denis frunce ligeramente el ceño. Yo continúo.—Lleva meses creyendo que soy una presa y que le tengo miedo. Quiero que piense que ha ganado.
Quiero que crea que estoy desesperada, que necesito verlo y que estoy cometiendo un error. Porque Sebastián jamás dejaría pasar una oportunidad como esa.
Claus sigue negando con la cabeza.
—Es demasiado arriesgado.
—Precisamente por eso funcionará. —Miro directamente a Denis. —Quiero que me prestes a tus hombres.
Después giro la cabeza hacia Claus.
—Y tú también, vaquero. Necesito a todos.
El ruso responde primero.
—Cuenta con ello. —Cruza una pierna sobre la otra. —Si logramos sacar a Sebastián de donde está escondido...Mis hombres estarán listos.
Vuelvo a mirar a Claus. Él sigue completamente serio.
—Lo haré salir. —Mi voz no tiembla y me dirijo a Denis—Y cuando aparezca...Lo matarás.
Denis sostiene mi mirada sin pestañear.
—Después recuperaré a mi gente. Recuperaré todo lo que me pertenece. Y te pagaré el doble de todo lo que Sebastián te robó.
El ruso sonríe. Esta vez no hay burla, solo negocios. Extiende la mano sobre el escritorio.
—Trato hecho... —Hace una breve pausa.—Princesa.
Un gruñido bajo escapa de la garganta de Claus. Denis gira lentamente la cabeza hacia él. Levanta ambas manos en señal de rendición.
—Perdón. —Una sonrisa divertida vuelve a aparecer en su rostro. —Señora Radkle.
Denis observa a Claus por un segundo más de la cuenta y luego dice algo que se queda en el aire:
—Ahora que te veo, tu cara se me hace conocida, vaquero.
Y ahora soy yo la que tengo que contener una sonrisa.