Raven (Código Negro 3) Capítulo 38 #2
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Capítulo 38 #2

—Joder... —Me giro hacia él.—¿Puedes dejar de ser un imbécil durante cinco minutos y escuchar lo que intento decir?

—Te escucho. — Levanta ambas manos.

—Voy a casarme con ella. —Hago una pausa. Necesito que entienda que esto va mucho más allá de un sentimiento. —Le daré un apellido imposible de tocar sin empezar una guerra. Le daré respaldo. Protección. Un lugar desde el que pueda volver a reunir a la gente que todavía le es leal.

Empiezo a caminar lentamente por el despacho mientras ordeno cada idea.

—Si consigue recuperar el control de la organización Kavanagh, dejará de ser una mujer huyendo de su hermano para convertirse en una líder con poder real. Ya no tendrá que esconderse detrás de nadie.

Theron sigue escuchando sin interrumpirme.

—Y si ella está al mando... —Lo miro otra vez. —Existe la posibilidad de que tú y ella dejen de ser enemigos. Luego la dejaré ir.

El silencio vuelve a instalarse entre nosotros. Theron camina hasta la ventana. Apoya una mano sobre el marco y observa el jardín durante largo rato.

Abajo, Hazel permanece tumbada sobre una manta con la cabeza apoyada sobre las piernas de Eve. Ella sostiene un libro infantil entre las manos mientras cambia la voz para interpretar a cada personaje. Hazel se ríe tanto que termina rodando sobre la hierba.

Ninguna de las dos sabe que las estamos observándolas. Theron permanece varios segundos sin decir nada. Cuando finalmente habla, su voz ha perdido por completo el tono burlón.

—Sí... —Suspira.—Espero que sepas lo que haces, Claus. Y espero que nadie salga herido.

Asiento lentamente.

—Nadie saldrá herido. —Ya tomé esa decisión hace días.—Después de la boda quiero que te lleves a mi padre y a Hazel contigo. Hazel quiere conocer a su primito.

Theron gira apenas la cabeza y asiente.

—Llévalos contigo. No pienso correr riesgos innecesarios si todo sale mal...

No termino la frase. No hace falta. Él entiende perfectamente lo que significa. Se aleja de la ventana y camina directamente hacia mí. Cuando llega a mi altura, se detiene tan cerca que casi puedo sentir el enfado contenido en su respiración.

Niega muy despacio.

—No estaba hablando de ellos cuando dije que espero que nadie salga lastimado. —Frunzo el ceño. Theron sostiene mi mirada durante varios segundos. —Estaba hablando de ustedes dos.

Siento un nudo formarse en el estómago. No aparto la vista ni Theron tampoco.

—Porque esa chica va a salir herida. —Las palabras caen como un golpe.—Y tú también.

Niego lentamente.

—No tiene por qué.

Theron deja escapar una sonrisa triste. Una muy distinta a las de hace un momento.

—Claro que sí. —Su voz apenas supera un susurro.

—Porque acabas de decirme que vas a pedirle matrimonio por estrategia... —Señala la ventana con la cabeza—mientras la miras como un hombre que ya está enamorado hasta las malditas entrañas.

El silencio se vuelve insoportable. No sé cuánto tiempo pasa.

Cinco segundos.

Quizá diez.

Theron termina dándome una palmada en el hombro antes de dirigirse hacia la puerta.

—Ese no es el problema, Claus.

Se detiene con la mano sobre el picaporte.

—El problema es que todavía no te has dado cuenta de que, cuando llegue el momento de elegir entre tu plan... y ella...

Gira apenas la cabeza para mirarme por encima del hombro.

—Vas a romper el plan sin pensarlo dos veces. Y esa clase de hombres... Nunca salen ilesos de una guerra.

—Te equivocas. —Las palabras salen más secas de lo que pretendía.—No es por amor.

Theron ni siquiera pestañea.

—Eve no me ama.

No pienso explicarle lo que quiero decir.

Maeve no es una mujer que se deje llevar por un par de besos, ni por una noche compartida, ni por promesas bonitas.

Ha sobrevivido demasiado para creer en cuentos de hadas.

Todo lo que haga tendrá un motivo, igual que todo lo que hago yo.

Por eso el matrimonio tiene sentido. Porque los dos entendemos los pactos.

Los acuerdos. La lealtad. El amor... el amor no entra en esa conversación.

Al menos eso intento convencerme. Theron me observa unos segundos antes de dejar escapar una risa cansada.

—Además de mentiroso... —Hace una pausa deliberada.—...eres ciego.

Niego con la cabeza.

—No empieces otra vez.

—No, ahora sí mírala. —Señala la ventana. —Mírala de verdad.

Mi vista viaja hacia el jardín casi por instinto.

Eve sigue tumbada sobre la manta. Hazel tiene la cabeza apoyada sobre sus piernas mientras ella continúa leyendo el cuento, cambiando la voz cada vez que aparece un personaje distinto. Mi hija la escucha completamente absorta. Eve finge discutir hasta que las dos terminan riéndose.

La escena consigue que algo se afloje dentro de mí.

Theron no deja pasar ese detalle.

—¿A cuántas mujeres has dejado acercarse así a Hazel?

No respondo. Porque los dos conocemos la respuesta.

Ninguna.

Durante cinco años levanté un muro alrededor de mi hija.

No permití que nadie entrara en nuestra rutina.

Ni amigas. Ni vecinas. Ni mujeres interesadas en mí.

Hazel conoció gente, claro, pero siempre existió una distancia.

Nunca dejé que nadie ocupara un espacio que no estaba seguro de querer compartir.

Hasta que apareció Eve. Y todo eso dejó de tener sentido.

Theron cruza los brazos.

—Eso pensaba. —Su voz pierde cualquier rastro de burla. —Ni siquiera los hombres de Código Negro saben que tienes una hija.

Asiento muy despacio.

Es cierto.

Durante años me aseguré de que nadie pudiera utilizar a Hazel para llegar hasta mí.

Mi vida dentro de la organización y mi vida en el rancho siempre fueron dos mundos completamente separados.

Tan separados que muchos de los hombres con los que he trabajado codo con codo durante años creen que vivo solo.

Solo Theron conoce toda la verdad. Porque el día que enterré a mi prometida también enterré al hombre que mezclaba los negocios con su familia.

—Solo yo lo sé —continúa—. ¿Y ahora resulta que una mujer a la que conoces desde hace unas semanas desayuna con tu hija, duerme en tu habitación, pasea por tu casa como si siempre hubiera vivido aquí y tú quieres convencerme de que todo esto es un movimiento estratégico?

Aprieto la mandíbula.

—Lo es.

Theron suelta una risa incrédula.

—Claro.

Se acerca hasta quedar frente a mí.

—Entonces dime una cosa. Si mañana descubrieras que casarte con Maeve deja de ser útil para tu plan... —Hace una pausa. —¿La echarías del rancho?

Jamás. Theron sonríe al ver el silencio alargarse.

—¿Ves?.

—No saques conclusiones, no fui yo quien se consiguió una esposa siendo primero su acosador. —Le recuerdo su propia vida.

—Ese soy yo siendo romántico. —Se defiende, no hay remordimiento y eso es otra historia.

Vuelvo la vista hacia el jardín. Hazel acaba de levantarse para correr detrás de una gallina y Eve la persigue riéndose, fingiendo que va a atraparla antes de que llegue al corral.

Por un instante olvido dónde estoy. Solo veo a las dos personas que más me preocupa perder. Y entonces comprendo algo que preferiría no haber entendido nunca. Theron no está intentando convencerme. Solo está diciendo en voz alta una verdad que llevo demasiado tiempo evitando mirar de frente.